La fàbrica Vella de Sallent (12-2011)
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La coneguda com a Fàbrica Vella de Sallent es una de les fàbriques tèxtils
cotoneres del riu Llobregat més antiga, construïda al primer terç del segle
XIX....
Patrimonio Industrial de Asturias - Base de Datos
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Recién publicada por el Principado de Asturias: "....El presente trabajo,
elaborado por la Dirección General de Patrimonio de la Viceconsejería de
Cultura ...
Enllaços Educació
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E-magister Data: dv, 25/08/2006 Web especialitzada en cursos presencials i
a distància, tant gratuïts com de pagament. S’imparteixen des de matèries
com la...
Biblioteca Elías Amador
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La Biblioteca de Colecciones Especiales "Elías Amador", ubicada dentro del
Museo Pedro Coronel -en el centro histórico de la ciudad de Zacatecas,
declarado...
“An imposing folio”, F. J. Norton
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Por motivos profesionales llevo un tiempo alejado de esta ventana
bibliófila. La lectura de la reciente entrada de El Bibliófilo Incorrecto
dando noticia -...
La central hidroeléctrica de Seira ha sido seleccionada por TICCIH-España (The international committee for the conservation of the industrial heritage) para la exposition "100 elementos del patrimonio Industrial de España" que se inauguró el pasado día 22 en Madrid. La exposición, que permanecerá en la Real fábrica de tapices hasta el próximo 27 de abril, se desplazará por diferentes ciudades de España. La central de Seira, con el número 12, comparte en Aragón con las siguientes seleccionadas el privilegio de participar en esta exposición; Fundición Averly, La fábrica de La Zaragozana, La electro-metalúrgica del Ebro (Sástago), La fábrica de harinas Polo, La fábrica de cementos Portland (Morata de Jalón), La fábrica de material eléctrico GIESA y el paisaje minero de Val de Ariño (Teruel).
Federico Jiménez Fernández en 1907, Colección Familia Jiménez.
El Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid abrió sus puertas en 1835 “imbuído del más puro espíritu romántico-liberal”. En 1903 una importante selección de los intelectuales de la época aparecían como socios, entre los que se encontraba el político Segismundo Moret, presidente del mismo y del Gobierno de España en el periodo 1905-1906. En la lista de socios, que podemos consultar en la web del Ateneo, aparece un apartado de "socios de Mérito" y allí, entre multitud de personajes conocidos, encontramos pintores de renombre como Sorolla y Madrazo. Pero es el socio número 3.480, "Jiménez (D. Federico), Pintor, Atocha, 64", la persona de nuestro interés.
Don Federico Jiménez Fernández nació en Madrid el año 1841 y se formó en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de San Fernando. Viajó a Paris, como otros pintores de la época, a conocer la vanguardia de aquellas fechas y ampliar su formación. Su trayectoria pictórica está principalmente dedicada a los bodegones y en especial a la pintura de animales domésticos y aves de corral. “Compró en el mercado unas gallinas y los pescados que necesitaba, los utilizó como modelos y después los llevó a la cocina para comer el día de Año Nuevo”, cuenta su nieta Pilar ante una de sus obras.
Sus cuadros de naturaleza fueron reconocidos en la época y ya en 1862 "el Estado pagó 2.000 reales" por una de sus pinturas. En 1865 la revista de arte "El Museo Universal" nos cuenta otro éxito al conseguir la medalla de tercera clase en la categoría "pintura de género". Participó en varias Exposiciones Nacionales de Bellas Artes obteniendo medallas y condecoraciones. Las exposiciones Internacionales de Bayona y Viena le supusieron nuevos premios. "En Paris obtuvo una medalla de oro" –relata orgullosa su nieta Pilar-.
Su visión de los bodegones le llevo a pintar una particular versión del "Juicio de Paris". En esta "divertida parodia" vemos a Paris y las tres bellas diosas sustituidas por un gallo y tres gallinas. (Esta obra del Museo del Prado -la podemos ver su diccionario on-line de pintores- está en depósito en el Museo Municipal de Játiva).
También tuvo interesantes incursiones en otros estilos y en el Ateneo de Madrid, en la galería de retratos, tenemos el de Don Agustín Arguelles “el divino”, ministro de Isabel II, obra que se le atribuye y ha sido recientemente restaurado. Allí, en la “Cacharrería”, podemos ver un cuadro en gran formato, de 1886, “Pájaros en la rama de un árbol” y, en otra sala, “Pavo real en una tapia” de 1880.
José Jiménez Fernández retratado por su hermano Federico, Colección familia Jiménez.
José Jiménez Fernández, Paisajista.
Federico no era el único artista de la familia, su hermano pequeño José también era pintor. Coincidieron en su formación en la Escuela de San Fernando pero José se decidió por la pintura de paisajes. Allí, un pintor hispano-belga, Carlos de Haes, estaba cambiando con sus cuadros la visión del paisajismo español y de sus discípulos, entre ellos José. De su escuela salieron importantes paisajistas como Dario de Regoyos y Aureliano de Berruete.
José es un alumno aventajado de Carlos de Haes y los tres años junto al maestro lo han convertido en un fiel seguidor de su técnica y un reputado pintor. Tras la Exposición Nacional de 1864, recibe una mención honorífica especial y un cuadro suyo pasa a formar parte de la colección del Museo del Prado. Un día sale a tomar los bocetos que, siguiendo la técnica de su maestro, deben coger en la naturaleza, parte rumbo a la sierra –cuenta 27 años- pero una pulmonía trunca su brillante futuro. Federico se casó y tuvo con Josefa -su mujer- dos hijos; Josefina y, el 4 de Octubre de 1872, Federico. Vivían en la madrileña calle de Malasaña en el distrito de la Universidad. La pintura le permitió una vida acomodada y "alternaba la pintura de cuadros con encargos para decorar palacetes" -recuerda Pilar-.
Su hijo, Federico Francisco Isidro Alejandro Giménez y del Yerro, según el registro civil, se matriculó en la Escuela de Ingenieros de Caminos y gracias a los ingresos de su padre pudo acabar la carrera.
La familia Jiménez parte rumbo a Palencia. Todos juntos recorrerán cada uno de los destinos del joven ingeniero. El pintor ya cuenta sesenta años, los pinceles y el caballete son un entretenimiento para él.
En León, en alguno de sus largos paseos, su hijo Federico conoce a Carmen. Ella está huérfana y aunque nació en El Carpio -en la lejana Córdoba- un tío suyo la acoge. Se casan en la Catedral de León –un día a las siete de la mañana- y tienen tres hijos; José, María del Carmen y María de los Dolores. Para ayudar en las labores de la casa contratan a Venancia, una joven que les acompañará durante toda su vida.
Comenzaba el siglo, y en 1906, tras largos años de despropósitos, se terminó la obra del Canal de Aragón y Cataluña. En 1912 estaba a punto de llenarse el pantano de la Peña y, a su vez, era el comienzo de la aventura hidroeléctrica en Seira. Catalana de Gas y Electricidad, concesionaria del salto, se puso en contacto con su hijo y el 13 de agosto de 1912, tal como consta en su expediente personal, solicita el pase a supernumerario para "dedicarse a sus asuntos particulares".
“La Catalana”, como familiarmente se conocía a Catalana de Gas, construyó en el río Ésera la central Hidroeléctrica de Seira. “Don Federico”, tal como lo recuerdan en Seira, fue el ingeniero-jefe coordinando una obra que se desarrolló desde 1912 hasta su inauguración el 6 de agosto de 1918.
La familia Jiménez vuelve a trasladarse y Josefina, cuya salud es aparentemente más débil “aunque los enterró a todos” –comenta Pilar-, obliga a demorar el cambio de domicilio. Primero residen en Barbastro, para trasladarse en 1913 a Graus y, tras una breve estancia, fijar durante varios años su residencia en Seira. Allí, en las fotos de familia, lo podemos ver, con su abigarrada figura, luciendo el espeso bigote, en la comunión de su nieta. No se conocen cuadros de aquella época, seguía pintando por placer.
Las obras de Seira se acaban y tras una breve estancia en Monzón, donde nació Pilar -su nieta más joven-, la familia Jiménez fijó su residencia en el número 61 del Coso oscense. El nuevo puesto de su hijo en la recién formada Confederación Sindical Hidrográfica le obliga a recorrer las obras de los pantanos de Belsué y Cienfuens. Allí en la casa del director de las obras, en el gallinero, tenía vía libre para utilizar todas aquellas modelos y sólo con un carboncillo, en las paredes, pintaba bocetos del natural. “Venían los obreros del pantano a que les pintara en cartones y papeles algún dibujo”, recuerda Pilar.
Según su nieta pintó una particular versión de la campana de Huesca, sustituyendo los nobles por animales, pero no he podido encontrar ninguna información sobre su existencia.
En Huesca, con su gorro, su bata y su pipa escondida en el bolsillo –no le dejaban fumar-, por los largos pasillos de aquella vivienda, pasó los últimos años de su vida. Tras una mala caída falleció a los 90 años de edad el 31 de marzo de 1931.
En la Hemeroteca del Diario del Altoaragón, recientemente puesta en servicio, podemos consultar el Diario de Huesca de aquel lejano uno de abril de 1931, y allí nos informan que D. Federico ha iniciado su último viaje. Su esquela nos recuerda que era Comendador de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, distintivo que desde 1771 premia los servicios prestados a la patria. En ese mismo periódico un artículo nos habla de su vida –el autor de la misma lo conoció en Seira- y glosa su personalidad como artista: “no experimentaba más goce que el de la Naturaleza y el de sus producciones pictóricas, acertadas y notables, y por ellas vivía apartado de toda relación social”.
BIBLIOGRAFIA:
Carlos Reyero, El valor del precio. Tasación y compraventa en el Madrid Isabelino (1850-1868), Universidad Autónoma de Madrid.
Triadó, Joan-Ramón y Triadó, Xavier, El paisaje de Giotto a Antonio López, Arte Carroggio, Barcelona 2007.
Este artículo se publicó en el Diario del AltoAragón el domingo 9 de diciembre de 2011.
Me gustaría dedicarle este artículo a la nieta de Don Federico, Pilarín, que conserva su ilusión por la viday su fino, e inteligente, sentido del humor.
"…se disponen a su recolección [de la cosecha de cereales] las mujeres y los niños, por cuanto los hombres todos salen a la tierra baja a ganar con su frente sudorosa el pan para sus esposas e hijos".
La situación económica de la época, por las continuas sequías y la perdida de cosechas, era muy mala. La economía del Altoaragón se sustentaba en el autoconsumo. Todo eran pequeños agricultores y ganaderos que malvivían con sus pequeña producción. Algunas concesiones de minas –todas ellas con nombres femeninos- se leían en los periódicos, pero casi nunca dejaron de ser más que eso y…una clara expresión del caciquismo del momento. La situación se complicaba en las zonas de montaña, allí se autoabastecían de todo y, según las palabras de un viajero de la época: Seira tenía “…riqueza en ganados, 200 en vacuno, 240 cabrío, 1210 lanar y 115 de cerda; un molino harinero capaz de 300 Kg. diarios; 13 hornos capaces para 500 Kg. diarios; una fuente ; producción, trigo, patata y judía, déficit en trigo y exceso en patata”.
Todas las zonas afectadas por alguna “gran obra” estaban a punto de realizar una transformación absoluta de sus costumbres y trabajos. Se iba a producir el abandono del patrimonio propio, por parte de los hombres, para trasladarse a trabajar a las obras y la explotación de las tierras y ganados se llevaría a cabo por las mujeres y los niños.
Huesca y la cercana Lérida gracias a la construcción de carreteras, ferrocarriles, pantanos, canales y centrales hidroeléctricas iban a aglutinar a miles de obreros venidos de todas partes de España. Los trabajadores, en grupos, se desplazaban en busca de trabajo y de unas mejores condiciones laborales. Un periódico de la época nos lo explica: " En pocos días han pasado por esta ciudad unos 200 murcianos en dirección a Capdella en busca de trabajo; daban lástima por su estado precario, tanto, que el Ayuntamiento… tuvo que socorrerles...".
Los obreros de la Catalana.
No se conoce, con exactitud, el número de obreros que pudieron trabajar en la obra de Seira, no he encontrado documentación, pero a las personas que les he preguntado siempre hablan de 2.000, aunque a mí me parecen pocos. Las cantidades son muy difíciles de conocer porque fluctuaban mucho y, lógicamente, dependían de los trabajos a realizar. En 1913 al comienzo de las obras -para hacerse una idea-, pagaban 800.000 pesetas en jornales al mes. En el verano de 1917, un corresponsal nos cuenta: “Actualmente trabajan unos 1.500 obreros, pero este número se elevará a 3.000 ó 4.000 cuando hayan terminado las faenas de recolección, que ahora están en su apogeo”.. En la Central de Capdella en Lérida, coetánea de Seira, para hacer la carretera reunieron a 3.000 personas que, en tres meses, abrieron el acceso a las obras.
Hemeroteca del Diario del Altoaragón.
El Canal de Aragón y Cataluña fue la primera gran obra del Altoaragón y allí se reunieron miles de obreros. En 1904 se iniciaron las obras del Pantano de la Peña, cerca de Ayerbe, y allí, al terminar los trabajos del canal, fueron desplazándose multitud en busca de trabajo. Mientras duraron las obras del pantano, en 1912, se iniciaron los trabajos en de Seira (S.G.F.H / Catalana de Gas ) , Capdella (Energía Eléctrica de Cataluña), Serós (Riegos y Fuerzas del Ebro) y el ferrocarril Zuera-Canfranc que complicó la estabilidad de los obreros en los tajos. Los comentarios, que corrían de boca en boca o leyendo los anuncios de la prensa, eran el reclamo para atraer a inmensos grupos que abandonaban una obra, en busca de mejores condiciones de trabajo y, por supuesto, mejor sueldo. En algunos casos tuvo que prohibir el acceso la guardia civil para evitar altercados, pues al llegar allí se encontraban con todo cubierto, y las obras no podían darles trabajo. Para evitar estos problemas, las obras empezaron a poner primas por tiempo, y enganchar a los trabajadores en los meses de verano que, los locales, empleaban para ayudar en las labores del campo. En el Pantano de la Peña, modelo de eficiencia y ejemplo de organización, tuvieron que traer canteros de Lugo.
Carpinteros de Seira. Fototeca. DPH.
En el Diario de Huesca aparece en junio de 1913 el primer anuncio, de Catalana de Gas y Electricidad, buscando “peones, carpinteros y canteros”. Como todavía no estaban terminadas las oficinas de Seira, los dirigen “a la oficina de obras de Graus” que temporalmente fue el lugar donde se organizaba todo. En esos momentos se construyen las oficinas, el chalet de Don Federico –que reside en Graus-, y los talleres e instalaciones anexas.
En Santaliestra, el carpintero le enseña a su hijo, el joven José María Aventín, las artes de su gremio, y este se sube a Seira para trabajar en las obras. En la foto podemos ver a todos los carpinteros, entre los que se encuentra José María, en una caseta de las obras junto a sus herramientas -que debían traer para trabajar- mostrándolas orgullosos. Más tarde decide aprender el oficio de ebanista en Huesca y allí se convertirá en un prestigioso profesional para, más tarde, dedicarse a la escultura.(*)
Los mineros se comenzaron a utilizar en 1916 para los casi nueve kilómetros de túnel que se debía excavar mediante compresores y dinamita. Casi todos los accidentes que se produjeron en la obra, y en otras coetáneas, fueron debidos al uso de la misma. En los periódicos de la época se buscan “mineros y peones” y más tarde “barreneros y peones”. Pasado esta parte de los trabajos, en 1917, se buscan albañiles. Siempre, en todas las demandas, se buscan peones.
En otras obras llegaron obreros suizos, alemanes, e italianos, por la naturaleza de los accionistas probablemente, pero en Seira, siguiendo los accidentes y reseñas, la mayoría de los trabajadores eran españoles. Otros acababan en Seira por diversas circunstancias: “Ha enviado el Gobierno otra expedición de golfos, recogidos en las calles de Madrid, con la pretensión de que trabajen en las obras de Riegos del Altoaragón… muchos de ellos, ancianos e imposibilitados. Algunos de los golfos regresaron a Madrid el mismo día, y los útiles para el trabajo, en vista de los escasos jornales que se pagan en las obras de riegos, han marchado a El Run, donde les pagan más elevados jornales en las obras de la Compañía Catalana de Gas y Electricidad”.
En Seira, en 1917, aplicaron unas primas para intentar incentivar la permanencia de los obreros. Les pagaban el billete de “jornalero” desde la estación de origen a Barbastro, y el billete de autos de Barbastro a Seira y la vuelta si trabajaban 13 jornales la quincena durante tres meses. Si cumplían esas condiciones las 3,50 pesetas del jornal de un peón, se podían convertir en 4,66 pesetas.
La huelga.
En 1913 en Capdella hay una huelga, los obreros están cansados de dormir en lugares inmundos, comer mal y cobrar poco. La empresa llama a la Guardia Civil y 2.200 obreros van a la huelga. El gobernador hace de intermediario y llegan a un acuerdo. Los obreros no suponían riesgo por su conflictividad porque estaban desorganizados pero al comienzo de las obras se había aumentado la dotación del cuartel de la zona. Como todo se contaba por los obreros que circulaban entre las obras, en mayo de 1914 se declaran 300 obreros en huelga en Seira. Al anuncio se concentran las fuerzas de la guardia civil que permanecerán en la zona hasta que se soluciona el conflicto el día 21 de mayo.
Los obreros de Capdella habían mejorado mucho sus condiciones de trabajo, gracias a la huelga, pero de Seira no conocemos los motivos (**) de la misma ni el resultado de sus esfuerzos. El documento que hicieron en Capdella, tras la huelga, nos muestra los avances obtenidos, y permite conocer las condiciones de trabajo de la época. "Cambiar la paja de los dormitorios, separar el espacio de la cocina al destinado a los dormitorios y poner, en estos últimos, ventanas" era una de las nueve cláusulas que habían obtenido.
En la época, en las obras públicas, se utilizaba la jornada “de sol a sol”, “en diciembre, desde las siete horas de la mañana, hasta las cuatro horas treinta minutos de la tarde, con treinta y cinco minutos para almorzar y una hora para comer; en junio desde las cuatro horas cuarenta y cinco minutos de la mañana, hasta las siete horas quince minutos de la tarde, con cuarenta minutos para almorzar, dos horas para comer y treinta minutos para merendar”.
Continuará. José Antonio Cubero Guardiola
Bibliografía y notas:
(*) Lasaosa Susín, Ramón, Dos escultores ribagorzanos del siglo XX: Felipe Coscolla y José María Aventín, Graus, 2002, Lux Ripacurtiae VI, p 69-79.
Boneta i Carrera, Martí, La Vall Fosca: Els Llacs de la llum. Desenvolupament sòcio-econòmic a començaments del segle XX, Garsineu edicions, Tremp, 2003, 187p.
Las referencias a corresponsales y cifras están sacadas de diferentes hemerotecas, periódicos y publicaciones periódicas.
Este artículo se publicó en el número 6 de la revista " Els tres llugaróns ", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el invierno de 2011.
(**) 20110106 Después de su publicación encontré la nota "perdida"; "Se han declarado en paro más de 300 obreros de los que trabajan en las obras de la Compañía de Gas y Electricidad del Run. Solicitan aumento de jornal. En previsión de acontecimientos se ha ordenado la concentración de fuerzas de la benemérita."
La familia Escher, a la que pertenecía Hans Caspar Escher, era una de las más importantes de Zurich. Durante más de quinientos años, miembros de dicha familia de patricios, habían sido comerciantes, industriales y diplomáticos.
A Hans Caspar Escher, ingeniero e industrial, siguiendo la tradición familiar, se le ocurrió fundar un taller donde perfeccionar los telares de su fábrica textil.
Pero la historia de la fundación de esta empresa, a comienzos del siglo XIX, no fue realmente tan sencilla y Hans Caspar Escher, cambió los planes que su padre había hecho para él, y estudió Arquitectura, que era lo que realmente le gustaba. La ocupación francesa de Suiza y su actividad militar le abrieron los ojos a su verdadera vocación: crear su propia empresa textil.
En 1803 construyó su anhelado telar en la bodega familiar y 1805, junto a su padre y varios socios más, fundó, con la asesoría jurídica del banquero Salomon Wyss -que puso el segundo nombre a la compañía-, una empresa para poder mejorar los defectos que había encontrado en sus telares. Esta sociedad, en pocos años, tendría renombre mundial y fue el germen de la industrialización de aquella parte del país.
La trayectoria, a partir de esa fecha, vinculada primero a la industria textil y más tarde a la construcción de máquinas de todo tipo, revolucionó con las ideas y el espíritu de Hans Casper la construcción mecánica. Una historia apasionante que va unida indisolublemente a la evolución de las turbinas hidráulicas.
Taller de Escher Wyss en 1875 La construcción de máquinas hidráulicas comenzó con la utilización de éstas en las fábricas de papel para aprovechar allí mismo su fuerza. A comienzo del siglo XX, con el transporte de la energía a larga distancia, en sus talleres de Zurich, construyeron las turbinas de la "Canadian Niagara Power Company" de 10.000 caballos cada una - las más grandes de la época -.
Escher Wyss y la Central de Seira
Escher Wyss & Co, en adelante EW, suministró las tuberías metálicas, las tres turbinas principales -con sus reguladores e instalaciones auxiliares- y las dos turbinas Pelton auxiliares, de la central de Seira.
Catalana de Gas y Electricidad, en previsión de la ingente cantidad de material que debía recibir, construyó un apartadero en la estación de Barbastro para poder recepcionar todos los materiales y suministros que vinieron por ferrocarril.
Todos los materiales que suministró EW recorrieron el trayecto de Zurich, donde estaba su fábrica, por ferrocarril hasta Barbastro y luego en carros hasta Seira. Allí se juntaban turbinas y tuberías con otros elementos menos tecnológicos como el grano necesario para alimentar las caballerías. Todos ellos subían por los polvorientos caminos de la Ribagorza en un lento peregrinar de caballerías.
La concesión del salto del Run con sus 138 metros de salto neto y un caudal de 7 m3/s, por sus valores, sugerían turbinas Francis. Mediante una doble rueda de 1.400 mm. de diámetro y 200 mm. de ancho se obtenían 10.600 caballos de potencia. La rueda estaba fundida en bronce y la cámara espiral -el caracol- junto a los codos de aspiración están hechos en fundición. Actualmente el acero inoxidable, más resistente a la cavitación, ha “jubilado” a los viejos rodetes. Un ejemplar original lo podemos ver en la puerta del museo de la electricidad de Seira.
El 3 de febrero de 1915, según el pedido 1560 [1550 según algunos documentos], se encargaron tres turbinas que llevan el número 5476, 5477 y 5478.
Como anécdota, el encargado de colocar las letras en el molde de la fundición se equivocó en el orden de las mismas, en la número 5476, y se lee "ESCHRE WYSS".
Las dos turbinas Pelton de 600 caballos que suministró también EW se utilizaban para producir, mediante dinamos, la corriente continua necesaria para la excitación de los alternadores y la continua, necesaria para los servicios auxiliares de la central –no tenían baterías-. Mediante dos alternadores se suministraba fluido eléctrico para la central, sus edificios y, en sus inicios, para los habitantes del valle.
BIBLIOGRAFIA:
Dr. B. Fehr, y otros, ESCHER WYSS 1805-1955. 150 ans d’evolution, Zurich, 1955, 286 p. [remplace le tome 27/28 du Bulletin Escher Wyss]
NOTAS:
La imagen de Hans Caspar Escher y del taller de Escher Wyss está sacada de la wikipedia. Las imágenes restantes (4) están sacadas de un catálogo de la marca del año 1922.
Las imágenes en blanco y negro, mostrando detalles de las turbinas y sus accionamientos, fueron tomadas durante la modernización de los años 90.
El pasado día 3 de mayo cumplió 90 años María Pilar Jiménez – la hija pequeña de D. Federico -. Sigue consu buen humor y, según ella, no ha notado diferencias apreciables por ese año más. Desde aquí aprovecho la oportunidadpara desearle un feliz cumpleaños.
Las carreteras del valle del Esera.
“ El paisaje, que ya venía adquiriendo progresivamente una recia hermosura, transfórmase de súbito y alcanza una grandiosidad bárbara, al estrecharse la ruta entre erguidos peñascales de una altivez gigantesca, que se levantan en rocas casi verticales, algunas de las cuales se elevan a más de cien metros de altura” (J. García Mercadal, Del llano a las cumbres, 1923).
Muchas, y muy poéticas, descripciones se han escrito sobre la belleza del magnífico Congosto del Ventamillo, perotambién, todas, coincidían en la problemáticapara el tráfico de personas ymercancías.
Los problemas que acarreaba - por fin - parecía que se solucionarían cuando, en 1898, el día 23 de marzo a la una de la tarde, salió a subasta la obra para construir una carretera por su interior – a768.969,19 pesetas subía “el presupuesto de contrata”.
Corría el mes de mayo, del mismo año, cuando“marchaban al terreno del emplazamiento de las obras del paso del congosto del Ventamillo,… los ingenieros Sres. Sans, Soler y Moreno con el representante del contratista Sr. Gallifa, para dar desde luego comienzo a los trabajos y proseguirlos sin interrupción. “
Todos los medios de comunicación eran conscientes de la importancia del evento y podemos leer en uno de ellos: “Las comarcas de Campo y Benasque ven así satisfechas legítimas aspiraciones hace muchos años acariciadas y estériles hasta ahora.”.
Las obras estuvieron llenas de “habladurías insidiosas, …de que se pretendía demorar la ejecución de las obras “.M. Gallifa, el contratista de las mismas,tenía grandes dificultades en los trabajos “por la falta de braceros” “aun pagándoles un real más de jornal”.Y pedía por carta, al Alcalde de Benasque, “rogándole ayuda y colaboración moral, para aumentar cien peones, que el no pudo encontrar”.
61.482,07 metros cúbicos de roca dura a 2,30 pesetas el metro cúbico – la roca floja a 1,50 y la tierra a 0,70 – era necesario desmontar en el Congosto de Ventamillo, según el presupuesto de la obra, para poder atravesarlo.
El congosto de Argoné, y el de Ventamillo eran, y son, el verdadero problema de las comunicaciones del valle. Los relatos de los diferentes viajeros que a lo largo del tiempo han recorrido esta tierra permite hacernos una idea delos problemas que generaba.
En 1908, los empleados del Canal de Aragón y Cataluña queestudiaban el posible aumento de caudales, y se dirigían al nacimiento del Esera, debieron dejar el automóvil del Canal en Argoné y seguir el camino en caballerías.
En ese mismo año, también los Correos tenían que coger caballerías desde Campo pues “no existe carretera ni camino para que por ellos transiten carruajes, aunque sean de dos ruedas, desde Argoné“.
El Congosto, según la jefatura de carreteras, no se abrió al público hasta el 31 de enero de 1912.
El mismo viajero que nos describía las bellezas, también nos narra las diferentes instalaciones de las obras de catalana que se encontraba.
Durante las obras de la Central se instalaron “puentes colgantes tendidos por el río para facilitar el acceso de los obreros a los sitios de trabajo”. Asimismo, también en el Congosto, “La previsión de la “Catalana de Gas” alumbró este túnel, de trecho en trecho, con lámparas eléctricas”, como se observa en la postal de la nevada deenero de 1914.
Los medios de transporte de tracción “animal”.
CGE contrataba a cualquiera que pudiera venir con sus medios de transporte, los obreros escaseaban, los medios de transporte para las piedras de las obras,también. Amontonadas, en la cercana cantera, esperaban pacientes su transporte a los muros que subían rápidamente por la multitud de obreros que afanosamente se disponían a colocarlas.
Todos los tajos aparecen cubiertos con vías, para arrastrar, mediante animales o tiradas por los propios obreros, vagonetas cargadas de materiales.La mayoría de estas vías – sistema Decauville –, tenían en común su fácil desmontaje y transporte. Una vez terminada una obra se vendían y es habitual ver anuncios en la prensa de la época. En Seira, también es habitual ver los antiguos railes de la obra hincados para vallas, soportes y demás utilidades.
Los medios de transporte de tracción mecánica.
Pilar, recordando su infancia y los relatos de su padre, me contaba; “Hasta la construcción del Chalet [ de Don Federico ], residió en Barbastro primero y luego en Graus, donde Catalana tenía unas oficinas”.
Para los desplazamientos de la jefatura y movimientos de piezas y materiales se adquirieron varios vehículos. En algunas fotografías de la obra podemos ver algunos de ellos y como les llamaba la atención a los niños de la época que posaban orgullosos a su lado.
Un periódico, en la sección de anuncios, muestra un anuncio de un distribuidor de vehículos que,haciendo gala de sus ventas,cita: “ Han sido entregados por el Automóvil Salón, durante los últimos días, los siguientes automóviles: Un 22-36 HP. Berliet a Catalana de Gas y Electricidad, Un 26-38 HP. Minerva ( sin válvulas ) a Catalana de Gas”. En el mismo anuncio podemos leer que Francisco Bastos – exconcesionario del Salto del Run - compraba para él un Minerva de 18-26 HP.
Bastos y Cía, empresa que todavía existe en la actualidad, se constituyó el 22 de enero de 1913 como “Sociedad Güell, Bastos y Bertran hermanos” con un capital de 250.000 pesetas. Dicha sociedad es, posiblemente, la más breve del Registro Mercantil de Barcelona, pues duró 24 días.
Según nos cuenta una breve historia de la firma en su 150 aniversario; “…el Señor Barón de Güell no ha pensado jamás en practicar ni ha practicado acto alguno de gerente”. Imagino que erróneamente los otros tres socios lo pondrían en los títulos – por aquello de que invirtió en la sociedad el doble de dinero que ellos -, pero al Barón no le pareció bien.
Bastos, Bertran Hnos. y Cía, como pasó a denominarse después del cambio de nombre, se dedicaba a la venta de maquinaria industrial, especialmente la relacionada con el mundo textil. Francisco Bastos Ansart era uno de los socios de dicha empresa, entre otras de sus muchas actividades. Dicha firma de Barcelona sorprendió a la población local con los materiales que suministraba, según nos cuenta otro periódico local:
“Estos últimos días ha llamado la atención del público un magnífico tren, compuesto de un tractor á vapor y cinco vagones, que la S.A. CGE ha adquirido, para su servicio hidro-eléctrico, de la Casa BASTOS, BERTRAN Hnos. y Cª, sucesores de John M. Sumner &Cº, de esta. Como á primera prueba se hizo la ascensión del tren cargado al Tibidabo, con resultado completamente satisfactorio, á pesar del estado fangoso del camino por las últimas lluvias”
Notas necrológicas:
Comenzábamos el artículo con una noticia agradable y lo terminamos con una triste; la pérdida de “dos Eduardos”. En Gerona, en casa de su hijo Javier, falleció el pasado día 12 de marzo Eduardo Aguilar, jefe de la Zona de Seira durante más de 25 años, gran persona, altruista y muy dedicado a su trabajo. El día 20 de abril falleció Eduardo Roda, compañero de trabajo, otra gran persona también, y mente inquieta e imaginativa en todos los trabajos.
Continuará.
José Antonio Cubero Guardiola
Este artículo se publicó en el número 5 de la revista " Els tres llugaróns ", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el verano de 2010.
Fotografía gentileza de María Pilar Jiménez. De izq. a der.; Venancia, cocinero, criada, chófer, niñera y pinche, de excursión por Seira. ( años 20 )
Introducción al texto:
Hace mucho tiempo que le pido a María Pilar que me escriba algo sobre Doña Prima, con sus recuerdos y sus historias. Me las estuvo contando cuando me marchaba, la primera vez que nos vimos, y me supo mal que no quedaran escritas. Cada vez que hablo con ella se lo vuelvo a pedir, y esta última visita lo tenía escrito. Gracias Pilar.
A María Pilar le encanta escribir y en sus veranos en La Granja y en su casa de Madrid ha ido escribiendo historias, recuerdos y también cuentos para sus nietos. Muchos de ellos hablan de Seira, de sus veranos entre 1920 y la guerra civil cuando veraneaban allí y de los magníficos recuerdos que guarda de entonces. De ellos he elegido, con su permiso, tres que poco a poco iré poniendo en el blog.
Los textos entre [ ] son leves variaciones y omisiones de José Antonio, con la inestimable ayuda de Charo y la licencia de Pilar, para contemporizar el texto. Los textos entre paréntesis son de Pilar.
Venancia.
Venancia G., [ nació en un pequeño pueblo perdido en la ] provincia de León. Entró en casa de mis padres a los catorce años como niñera de mi hermano Pepe, recién nacido en León en el año 1906, y se fue a vivir ( malvivir ) con una sobrina suya que le sacó todos sus ahorros, en 1952, así que estuvo con la familia de la que formaba parte como una más ¡46 años¡.
Venancia no se casó, ni creo que tuviese nunca novio, pues aunque era una bellísima persona, era muy bajita y realmente fea, así que dedicó toda su vida a cuidar de nosotros. Cuando yo nací, mi hermano Pepe tenía catorce años, Carmen once y Lolita nueve, así que Venancia puso en su niña - como ella decía - todo su cariño y todo su afán, así que en los recuerdos de mí infancia, en todos ellos, está la figura de Venancia. La veo con su mantoncillo negro y la cesta de la compra al brazo. Sentada al lado de mí cama en las gripes de todos los inviernos, contándome cuentos que ella misma se inventaba o recordando cosas de cuando era ella niña en su pueblo [ ], que era muy chiquito y estaba perdido en las montañas de León. Cuando ella llegó a casa no sabía leer ni escribir pues en vez de ir a la escuela cuidaba y ordeñaba a las vacas de sus vecinos, pues en casa eran tan pobres que no tenían mas que dos cabras y un borrico en el que su padre traía la leña para calentarse en los largos inviernos cuando la nieve los dejaba incomunicados. A sus catorce años no había probado la leche ni muchas otras cosas así que lo que se hacía para desayunar era o unas sopas de ajo o unas patatas guisadas, todo ello con abundante pimentón muy picante.
Como yo de pequeña no iba casi nunca al colegio, que era de monjas y estaba al lado de casa, por las mañanas me llevaba Venancia al mercado con ella y los domingos, que en el Olimpia ponían alguna película que yo no podía ver, después de comer Venancia y yo, cuando hacía buen tiempo, nos íbamos a a pasar la tarde al convento de la Miguelas que estaba por la carretera de Barbastro. Una vez allí, mientras ella jugaba a las cartas con la hermana portera, yo me entretenía en la huerta, que era enorme, con un perro que tenían muy grande - blanco - que se llevaba estupendamente conmigo. A la vuelta a casa, ya anochecido, si el tiempo había refrescado, Venancia me cogía en brazos y me arropaba con su mantón.
Durante los tres años terribles de la Guerra Civil, que pasamos en Madrid, donde la comida no es que escaseaba sino que casi no existía. Venancia me tomó bajo su protección, pues yo a pesar de tener ya dieciséis años, seguía siendo para ella Pilarín, su niña. Ahora, recordando, al pasar de los años, me doy cuenta de que más de una vez mi ración de pan diaria - 30 gramos - aumentaba de peso y daba para unas sopas de ajo que yo egoístamente me comía sin intentar averiguar de donde habían salido ! tenía tanta hambre ¡.
Cuando yo dejé de ser una niña ( para ella ), Venancia se convirtió en la cocinera y como en Seira la había enseñado a cocinar un francés que habían traído para la casa de empleados - que era como un buen hotel -, sabía no solo cocina española sino también francesa así que en casa se comía siempre muy bien.
Al correr de los años, además de cocinera, Venancia pasó a ser como una ama de llaves que tenía toda clase de atribuciones. Mamá la daba carta blanca para la compra y para la comida. Ella también era la que traía a casa las criadas de turno cuando la que había se iba casada. Lo malo era que en cuanto mamá [le] decía que estaba contenta con la chica ella le tomaba unos celos terribles, por eso mamá se callaba y no decía ni pio.
Cuando trajo a casa a una sobrina suya a todos nos dio muy mala espina y tuvimos razón al desconfiar de ella pues cuando a los dos años de estar en casa se llevó a su tía a vivir con ella, vendió las pocas tierras que esta tenía en el pueblo, le gastó el dinero de la cartilla y [le] hizo la vida imposible hasta que murió al poco tiempo.
Fue una persona muy importante en nuestras vidas y a mí me dejó unos recuerdos tan tiernos y bonitos que aún ahora que, ya estoy vieja y cansada, me hacen llorar al pensar en ellos.
Querida Venancia, ¿ estarás en el cielo con tu cesta de la compra al brazo y tu mantoncito negro ? Creo y espero que así sea.
María Pilar Jiménez González, La Granja, 20 de Octubre de 2000.
Vicente, un anónimo trabajador de las obras de la central, no se hubiera podido imaginar que sus notas manuscritas a su novia Adelaida, en una postal, explicando la ubicación de todos los puntos de su interés, llegarían a servir para descubrir el uso de algunos edificios.
Aquel invierno de 1914, “nevando copiosamente” según las propias palabras de Vicente, nos muestra en sus notas, las actividades que iba realizando: “la iglesia que pintamos”, “el mesón donde pasamos algunos ratos”, o “el café donde vamos los domingos”. Es una sencilla y descriptiva enumeración de actividades humanas: donde vivo, donde duermo, donde como y donde trabajo.
Tengo que agradecer a Feliu Izard, amigo, coleccionista y gran conocedor de las postales de Catalana, la amabilidad de prestarme estas postales para poder compartirlas en este relato. Él también es, como yo, un enamorado de las obras hidráulicas.
Hay multitud de edificios que se levantaron durante las obras, y luego fueron derruidos o desmontados. El invernadero, por ejemplo, pasó a ser el laboratorio que durante años estuvo en el interior de la Subestación. De alguno de ellos conocemos su utilidad, pero de muchos otros no. Esta imagen nos permite darle a algunos lugares nombre y utilidad.
Es muy difícil, hoy, encontrar alguna persona que, por su edad, pueda ayudarnos a reconocer o darnos pistas sobre algunas incógnitas que nos surgen sobre semejante obra; los nombres de las personas que aparecen en las postales, las utilidades de ciertos aparatos. Es una ardua labor que, muy de vez en cuando, se ve recompensada con hallazgos como éste y el que os voy a contar a continuación.
María Pilar Jiménez
Hay personas que, por su carácter, su personalidad, e incluso por su inteligencia, irradian una energía que, unida a su fino sentido del humor, convierte los grandes problemas personales y físicos en algo intranscendente y banal; estoy hablando de María Pilar Jiménez. La hija de D. Federico, a sus 89 años, tiene una cabeza perfectamente lúcida y una memoria que muchos quisiéramos tener.
Las dificultades para encontrar a la familia de D. Federico Jiménez del Hierro, tras años de búsqueda, tuvieron un final inesperado y agradable al encontrar a su hija María Pilar. Rafael, hijo de María del Carmen y nieto de D. Federico, me puso en contacto con ella. Hubiera querido marchar, con lo puesto, rumbo a La Granja, donde estaba pasando el verano, para poder conocerla. Al final no pude ir por cuestiones de trabajo y, por teléfono, hablé con ella. Me pareció algo difícilmente explicable pero maravilloso.
Rafael me comentó que ella nació en Monzón y me quedé de piedra. ¿En Monzón? Ella con sus padres estuvo viviendo allí, en la casa que viviera Joaquín Costa, al terminar las obras de Seira. Sin pensarlo cogí la cámara y me dirigí a la iglesia para intentar conseguir su partida de nacimiento y allí, mirando en el año 1920, encontré sus orígenes: "una niña, nacida, según dijeron, a las cuatro cuarenta y cinco del día tres de los corrientes, a quien puse los nombres de María del Pilar y de la Cruz, hija legítima de D. Federico Jiménez del Hierro".
Un lluvioso día de septiembre tuve la oportunidad de conocerla en su casa de Madrid y, allí, bajo los tristes ojos de su perrita que he olvidado como se llama, estuve compartiendo con ella momentos de una vida intensa y plagada de recuerdos.
[ 20100121, La hija de María Pilar, Pilar, me dijo el nombre de la perrita: Nuska ]
Sus vacaciones - de seis meses - en Seira, donde su padre tenía el derecho de "conservación". Luego en Huesca, en el Pantano de Belsué, donde su padre era el Ingeniero Jefe, paseando en barca con sus hermanas por aquellas tranquilas aguas. "Me críe como una cabra", me decía divertida, hablando de sus estancias en aquella solitaria casa. Cuando nos despedimos, tras haber hablado con ella más de dos horas, escribí: “Salgo a la calle y la lluvia cae fina sobre mi cabeza, pero no me mojo, estoy en un sueño. He retrocedido noventa años en la historia, es increíble. Gracias Pilar”.
[ Mientras estaba editando este artículo hablé por teléfono con Pilar y me dijo; “ se ha muerto mi perrita”. Aquella mirada perdida escondía la tristeza de quien intuye el final y, tras más de 11 años haciéndole compañía, sabe que va a abandonarla. ][*]
Pilar, con su memoria, recordaba el nombre de la esposa de Diego Mayoral; Carmen. Las dos esposas, de los dos ingenieros, se llamaban igual y dieron el nombre y la advocación de la iglesia. Con sus hijas jugaba Pilar en aquellos interminables veranos en Seira, hospedados en su casa, en “el chalet de Don Federico”, lo que es, actualmente, el Albergue Ventamillo.
Inauguración de la nueva iglesia en Seira
Para cubrir las necesidades religiosas, Catalana de Gas y Electricidad edificó la iglesia, bajo la advocación de la Virgen del Carmen, y el 16 de julio de 1915 se desplazó el “Ilmo. Obispo de Barbastro Dr. Badia” para inaugurarla oficialmente con ocasión de las fiestas. Seira lo recibió con toda la Colonia y el Centro engalanado con flores, orlas y carteles. Una procesión con la virgen, desde el chalet de Don Federico - presidida por el Obispo - por las calles, terminando en la nueva iglesia. Allí celebró misa el Canónigo y Secretario del Obispado, Juan Castellá, siendo padrino Diego Mayoral, Ingeniero Jefe de CGE y madrinas, la esposa de éste, Carmen y la esposa de D. Federico Jiménez, Carmen González de Jiménez. De esta inauguración se hizo eco la revista religiosa “La Hormiga de oro”, que en sus páginas nos relata, adornada de algunas imágenes, este importante evento.
Para poner el toque musical estuvo la Banda de Música de Tamarite y " se disparó un castillo de fuegos artificiales". El Ribagorzano de Graus, habla de las "brillantes fiestas religiosas y profanas que han producido la alegría y animación de aquellos pintorescos contornos" y enumera los actos celebrados en ellas: "conciertos, corridas de sacos, cucañas, rondallas, fuegos artificiales y otros espectáculos variados y amenos".
El Círculo Instructivo y Recreativo
Para entretener los ánimos de los obreros y de todo el personal, se hizo - en tiempo récord - un edificio para el ocio; el actual Centro Recreativo de Seira. Según las imágenes, las 32 personas, que se pueden contar en la fotografía, hicieron el milagro de construir el edificio en… ¡nueve días!, incluido el tejado que es, sencillamente, perfecto. La cantidad de obreros en las obras, alrededor de dos mil, según algunas fuentes, y el suministro de materiales - básico para llevar un ritmo continuado -; piedras, madera, y cal, entre otros, permitía un avance espectacular de las obras. En algunas fotografías, sobre todo en las obras del canal, se pueden contar más de cincuenta personas trabajando al mismo tiempo, sin tener en cuenta los animales, vagonetas y elementos auxiliares. Se instaló una máquina de cine y desde la central, mediante cables, se traía la corriente continua que alimentaba la lámpara de arco voltaico. “Por cinco céntimos te daban una gaseosa de aquellas de bolita, que se metía una bolita para adentro, y ponían películas de Charlot”, recordaba Pilar de aquellas tardes de su infancia en el Círculo.
El edificio del Círculo Instructivo y Recreativo, CIR, albergaba en su sótano el horno de pan. Las escasas infraestructuras de la zona se quedaron pequeñas ante semejante avalancha de obreros. Años después de terminar las obras, en aquel lugar, Jesús Guillén puso la “fábrica” de gaseosas y sifones que llevaba su nombre.
La Serrería, el taller de ferralla, la fábrica de ladrillos y la de tejas
Para manipular toda la madera, empleada en andamios, vigas y túneles, se instaló una serrería. En la fotografía del taller de ferralla, cercano a la misma, además de los medios de trabajo para manipularla, podemos ver la vestimenta típica con el calzón de la época y abarcas, que algunas personas de las obras utilizaban.
No se disponía de fábricas de ladrillos ni de tejas en muchos kilómetros y en la misma explanada se instaló, bajo un sencillo tejado, una máquina para fabricarlos. Las tejas también se fabricaron en Seira, en algún lugar desconocido. En la imagen podemos ver a dos operarios en el proceso de prensado, y a su lado, en la derecha, las terminadas.
Imagen gentileza de María Pilar Jiménez / Javier Mateos Agradecimientos
Desde aquí quiero aprovechar para agradecer la ayuda y colaboración que me han proporcionado muchas personas, que por espacio no puedo enumerar. A todas ellas, gracias.
Para todos aquellos que no puedan seguir los artículos se ha creado un blog donde aparecen todos ellos acompañados de más información sobre el tema: seirapowerplant.blogspot.com
Si en alguna de las imágenes publicadas en cualquiera de los artículos, reconocieran a alguien o supieran de alguna historia relacionada con estas épocas y personas, agradecería su colaboración. Pueden ponerse en contacto con la revista o conmigo directamente, a través de mi correo electrónico: josan.1966@terra.es Gracias.
Continuará
José Antonio Cubero Guardiola"
Este artículo se publicó en el número 4 de la revista " Els tres llugaróns ", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en diciembre de 2009.
[*] 20100119 Este fragmento no lo puse en el artículo pero hoy hablando con Pilar, se lo he leído y me ha dicho que lo pusiera.