jueves, 12 de agosto de 2021

La central hidroeléctrica de Seira cumple 100 años.

    
 Acabo de darme cuenta que no había colgado en el blog el artículo que se publicó el año 2019 en el número 112 de la revista Guayente. El año 2018 se celebró por todo lo alto el centenario de su puesta en marcha y después de este, la amable invitación de Lola Aventín para escribir un artículo sobre Seira fue el motivo perfecto para intentar explicar y acercar la apasionante historia de la central y de su impacto en la zona a todos sus lectores de la revista.


    La central hidroeléctrica de Seira cumple 100 años.

 

    Cien años, ¡quien los cumpliera! Aunque lo verdaderamente importante no es la edad, como se suele decir con las personas, sino el magnífico estado en el que se encuentra -su salud-, pues la central de Seira sigue trabajando, haciendo kilovatios, cien años después de su puesta en marcha. Piensen si su último coche hubiera aguantado semejante trote…

    ¿Pero la central de Seira es la más antigua de los Pirineos? preguntan muchas personas al ver y disfrutar del espectáculo que supone, para los sentidos, recorrer sus instalaciones. Les cuento.  Cuando entró en servicio la central de Seira en 1918, había muchas centrales hidroeléctricas en funcionamiento. Sin ir más lejos en Benasque. Cuando todavía no llegaban los carros a la villa, el año 1897, ya disfrutaba de los "beneficios del alumbrado eléctrico" gracias a "dos bonitas máquinas dinamos de cuatro polos, adquiridas de la acreditada casa Schuckert y Compañía". ¿Entonces es la central de Benasque la más antigua de los Pirineos? No. Es complicado decidir cual es la más antigua pues deberíamos plantearnos si contamos, por ejemplo, con nuestros vecinos del norte.  Como pueden imaginar es una cuestión de los límites y las características de las mismas que elegimos para ordenarlas. Aunque ¿es necesario para darle el valor que se merece?...

Anuncio de prensa buscando obreros, año 1917. Colección privada.

    Al margen de estos matices, a comienzos de siglo, los dueños de algunos molinos harineros  modernizan sus instalaciones para producir electricidad y, aunque estas centrales no tienen una gran potencia, permiten a estos afortunados pueblos utilizar el fluido eléctrico para alumbrar a sus vecinos antes que muchas capitales de provincia.  

    Aragón es pionero en España en el transporte a largas distancias. En el año 1894 se realizan los primeros transportes desde la central de Casablanca a Zaragoza y en 1904 se incrementan distancias y potencias con las centrales de Marracos -con una línea de 30.000 voltios y 46 kilómetros- y, ese mismo año, alargando la línea hasta Carcavilla -90 kilómetros-, para transportar la energía producida en el río Gallego hasta Zaragoza. Eran las centrales más grandes de la época en Aragón y contaban con la tecnología más puntera para poder realizar la elevación y el transporte de la energía.

Interior del túnel artificial antes de su hormigonado. En primer plano a la izquierda, Ramón Félix Surigué. Junto a él -y sobre él- sus tres hijos, 9 de diciembre de 1917. Colección privada.


    En 1914, cuando el valle del Ésera estaba en plena vorágine por las obras del Salto del Run, como se denominaba la central hidroeléctrica de Seira al principio, se puso en marcha la central hidroeléctrica de Capdella, en Lérida, y en aquellos momentos fue la primera gran central del Pirineo español sin duda. En 1916 pierden su efímero título al ponerse en funcionamiento la central de Talarn en el Noguera Pallaresa. En 1918 Seira se convierte en la central hidroeléctrica más grande del Pirineo aragonés y también de Aragón. Este título, también es efímero pues la puesta en servicio de la central de Lafortunada, en 1923, movida por las aguas del río Cinca, cinco años después, les quita a todas los galardones. En aquellos años de continua evolución, los avances se suceden y los "records" quedan en poco tiempo olvidados y sobrepasados.

Aunque, sin lugar a dudas, lo más relevante es la importancia que tiene la instalación de esta central en el valle del Ésera, en la Ribagorza, en Huesca y hasta en España. Las obras de la central dan trabajo a muchas personas que se aventuran a venir de todos los rincones de España. No olvidemos que hasta diciembre de 1911 no se abre el acceso a vehículos de ruedas hasta Benasque.

Virolas de la tubería esperando su colocación, 1 de enero de 1918. Colección privada.


Todo es innovador para aquellos trabajadores. Algunos especialistas vienen de las obras de otras centrales atraídos por los altos sueldos o bien directamente reclutados por agentes que las empresas tienen para ello. En cualquier caso, hasta para los más especializados, las instalaciones son superlativas; turbinas de 10.600 caballos, las instalaciones eléctricas con transformadores trifásicos de 9.000 kVA -la mayor potencia instalada en aquellas fechas- y tensiones de 130 kV, sin parangón en España, también totalmente novedosas; todo un reto para sus constructores.

En 1912 cuando el ingeniero zaragozano Francisco Bastos Ansart  estudia las diferentes opciones para su explotación pues no se plantea batir ninguna marca, ni ganar ningún título, tan solo pretende obtener energía eléctrica barata. El carbón, fuente primera para la producción de la energía eléctrica en las grandes ciudades, esta subiendo su precio y los “experimentos” de transporte a larga distancia se publicitan en revistas técnicas como la solución a todos los problemas. 

Es en ese momento es cuando los ingenieros se plantean la posibilidad de traer la energía desde el Pirineo a las grandes ciudades. Y a la par se inicia una alocada carrera por obtener las concesiones hidroeléctricas a cargo de políticos, nobles y algunos industriales -los menos-. Pero esa es otra historia.

Una cimbra instalada para servir de soporte para la bóveda de un túnel, 16 de junio de 1917. Colección privada.

Volviendo al proyecto de Bastos, al mirar sus cálculos somos conscientes del reto que se plantea, pues la distancia entre Seira y Barcelona es muy grande, la mayor en aquellos momentos en España para una línea eléctrica, y el proyecto determina una tensión de 70 kV, todo un reto, aunque el tiempo y la evolución de la técnica, acabará por cambiarlo todo.

Bastos, ingeniero militar en excedencia, es una pieza clave, pero no por sus aportaciones, sino por su ubicuidad. Está en el momento adecuado, con una concesión muy atractiva, delante de las personas que tienen el dinero y se le abren todas las puertas. Una vez cerrado el trato, con un 12 por ciento de acciones de la empresa que se crea -La Sociedad General de Fuerzas Hidroeléctricas-  deja de tener el control del proyecto, pero hace un buen número de contratos con su empresa a cargo de los constructores de la central. Manuel Bertrand, industrial textil, es el accionista de referencia con el 38 por ciento junto a la Sociedad Catalana para el alumbrado por Gas que tiene igual proporción. Bertrand esta interesado en traer la electricidad a Barcelona pasando por Manresa donde tiene sus fábricas.

En cualquier caso lo más importante es llevar a cabo las obras, sacarlas del papel, y, en ellas, el verdadero artífice es el ingeniero jefe del Servicio Hidroeléctrico de Catalana de Gas y Electricidad, el ingeniero de caminos gaditano Diego Mayoral Estrimiana. En 1899 supo ver la importancia de la electricidad y completa sus estudios en Zurich, en su Politécnico. Representa a España en el Congreso de Electricidad de 1900 en Paris, junto al gran José Echegaray, entre otros hitos de su carrera, y es el verdadero promotor de las obras. En el campo de “batalla” tiene dos grandes apoyos: el primero, el también ingeniero de caminos Federico Jiménez del Yerro, como director y, el segundo, no menos importante, Ramón Félix Surigué, que es el jefe de la obra.

A Mayoral le toca lidiar con todas las dificultades. La obras de Seira se inician el año 1912 -cuando comienza la de Capdella, no lo olvidemos- y en 1914, ya mandan energía a Barcelona sus competidores. En Seira no ven el final de los trabajos; las afecciones de toda índole que la gran guerra provoca en el aprovisionamiento de los suministros, no permiten concretar la posible puesta en marcha de la central.

Draga eléctrica en la presa de Villanova, 17 de marzo de 1915. Colección privada.


¿Pero la línea es la más larga o no? Cuando se proyectó, la idea era hacerla doble -dos circuitos- y a 70 kV, pero los  retrasos en la obra impiden ponerla en servicio en 1914 como se pensaba y esta demora provoca que, en 1917, los promotores se planteen llevar, a cualquier precio, la electricidad hasta Barcelona. Para cumplir esta premisa se arrienda la Eléctrica del Cinca y su salto de Arias, en el río Cinca, y se construye una línea que une este salto con la línea de Seira-Barcelona en la localidad de Las Ventas de Santa Lucía, donde luego se construirá la subestación de Perarrúa. Así se lleva en un primer momento la energía hasta la central térmica de San Adrián para su respaldo y distribución.

En 1918, cuando se pone en funcionamiento la central de Seira, se  utiliza un valor de tensión cercano a los 62 kV en la línea, más bajo del proyectado, y no es hasta el 21 de diciembre de 1922 cuando se eleva al valor actual de 110 kV. Se realizan pruebas con la tensión del proyecto -130 kV- pero nunca funciona de manera permanente esta tensión, por lo que nunca consigue el record que se cita en los libros.

La central, vista desde oeste, antes de colocar las tejas, 2 de mayo de 1916. Colección privada.

    La historia de la central, como dejan entrever estas líneas, no merece pasar a la historia por este cúmulo de problemas que provoca, en gran medida, la gran guerra, aunque estos nos dejan ver el esfuerzo titánico que realizan los ingenieros que luchan por llevar a buen término la obra. Su primer gran logro es conseguir que la central se ponga en marcha. Los dueños de las centrales de Capdella y Talarn -sus competidores- les hacen una competencia desleal y ponen todo tipo de trabas para que la central tenga los máximos retrasos.

La presa de Villanova en construcción. En primer plano, a la derecha, un cajón listo para su hinca. Villanova, 23 de noviembre de 1917. Colección privada.


    Todo esta ingente tarea emplea a miles de trabajadores, distribuidos a lo largo de los más de 10 kilómetros que separan los extremos más distantes de la obra. Nueve kilómetros de túneles, que requieren el trabajo de mineros y el uso de toneladas de dinamita. La construcción de un gran azud en Villanova, utilizando el peligroso sistema de hinca de cajones por aire comprimido. El número de trabajadores oscila por la demanda de la obra, teniendo su máximo en noviembre de 1917 cuando se alcanza la cifra de 2.303 obreros. Una historia que, tras muchos altibajos, tiene un final feliz cuando el 6 de agosto de 1918 a las 12:16 horas se acopla la central a la línea de alta tensión y comienza a generar energía eléctrica. 

    No acaba la trayectoria de las obras en esa fecha, pues tras la puesta en servicio de la central de Seira, luego viene la construcción de la central de Puente Argoné y, más tarde, la de Campo -Gradiello- que se alarga hasta finales de 1929.

    Resumir con acierto todo lo acontecido en estos años es una tarea difícil, pero espero que estas líneas  les despierten el interés por conocer más a fondo la historia de la central de Seira que, sin lugar a dudas, forma parte del acervo ribagorzano.







    El pasado día 7 de noviembre [de 2018], en los actos institucionales de la celebración del centenario de Seira, la central estaba luminosa, sus latones brillaban y la sala de transformadores, recién pintada, evocaba en los asistentes una manifiesta emoción y satisfacción por su estado. Probablemente, como en los primeros años de su existencia, todo parecía recién instalado y en cualquier momento podía salir por una puerta Federico Jiménez o Diego Mayoral.

    Pero estas sensaciones no me pueden hacer olvidar que siempre he pensado que la central de Seira ha sido un "patito feo"-y lo sigo pensando-; pues no tuvo la repercusión en los medios de información que debió tener, no consiguió el record de la línea más larga a más alta tensión y no la inauguraron autoridades importantes, como el rey, que visitó otras centrales. Pero, pasados los años, aquellas centrales “más afortunadas” tuvieron intervenciones poco conservadoras y trabajos realizados sin el esmero requerido que les han impedido llegar hasta nuestros días con la prestancia y estado de Seira. Por ello, debemos dar las gracias a todos aquellos que hicieron posible la conservación de esta joya tecnológica e histórica como legado a las generaciones venideras. Con el paso de los años, el patito feo se ha convertido en un cisne. 

    Me gustaría terminar estas pinceladas sobre la historia de la central con un recuerdo a los verdaderos artífices de su construcción: los ingenieros y, especialmente, a todos los obreros, sin distinción, que con su trabajo, hicieron posible la obra que hoy todos disfrutamos. Especial mención para los que dejaron su vida en esa lucha por buscar un futuro mejor. 

 

    Este artículo se publicó el año 2019 en el número 112 de la revista Guayente que edita la Asociación Guayente en el Valle de Benasque. Agradezco nuevamente desde aquí la amabilidad de Lola Aventín por su invitación a colaborar en la misma.

Notas sobre la historia de la central de Seira (26): Las máquinas verticales


    En Lafortunada, nuestros vecinos del oeste, están instalando grupos verticales, esto es una novedad -en Seira son horizontales- y permite que los edificios sean más pequeños y la turbina esté ubicada en una posición más baja, por lo que el salto gana un poco de altura y, por tanto, aumenta su potencia, que es lo que al final interesa, más caballos y así poder hacer más kilovatios. Estos cambios los ha propiciado la rápida evolución que está teniendo la tecnología de construcción de centrales hidroeléctricas y también que la competencia entre los diferentes constructores es muy grande y los hace mejorar para ofrecer nuevos equipos. El número de instalaciones proyectadas o en construcción crece de manera imparable. General Electric, el constructor de los alternadores de Hidroeléctrica Ibérica, ha instalado unos cojinetes de empuje, tipo Michell, para solucionar los requerimientos de suspensión de las máquinas verticales. Entrando en los entresijos de la construcción de este tipo de cojinetes, que es sorprendentemente ingeniosa, decir que la parte más singular son unas piezas metálicas, los patines -cuya forma recuerda a los quesitos- y tienen la forma de un sector circular, recubiertos de un metal antifricción. Estos patines están apoyados en toda su superficie sobre muelles, lo que les permite tener un cierto movimiento. Sobre estos se apoya una gran pieza, denominada gorrón o campana -por su forma- que es la encargada de soportar todo el peso del rotor, de la turbina y la presión del agua sobre la rueda y descansarlo sobre los patines. El gorrón tiene un acabado de espejo y su parte inferior es la que apoya sobre los patines. En la imagen podemos ver que el gorrón tiene separado el espejo para facilitar su mecanizado. Este sistema ha simplificado el mantenimiento y la fiabilidad de las centrales aunque ha tenido bastantes modificaciones desde que se iniciaron este tipo de montajes.


            Partes de un cojinete de empuje o axial 


    Una de las primeras centrales en utilizar máquinas verticales, a finales del siglo XIX, fue la que montó en el río Niagara, en la rivera americana del rio, la Niagara falls Company. Esta central fue un punto de inflexión en la lucha que mantenía Tomás Alva Edison, defensor del uso de la corriente continua en la generación y la distribución eléctrica, y George Westinghouse, que defendía la utilización de la corriente alterna. La decisión de utilizar uno u otro sistema era vital para definir el inmenso negocio que comenzaba a florecer: la electricidad. Estos dos colosos eran las cabezas visibles de dos grandes empresas; la Edison General Electric Company en el caso de Edison y la Westinghouse Electric Company en el caso de Westinghouse. Curiosamente en esta lucha el papel principal lo tenía un empleado de Edison, que en 1888 se pasó a la competencia harto de intentar convencerle de que la corriente continua no tenía futuro en la distribución eléctrica. Estamos hablando del ingeniero Nicola Tesla. Serbio de origen, es el artífice del uso de la corriente alterna, gran teórico del electromagnetismo e inventor del motor de corriente alterna. Gracias a él la central de Niagara Falls utilizó la corriente alterna para producir energía en sus alternadores y así poder elevar su tensión mediante transformadores, tener menores pérdidas y luego volver a transformarla, a la tensión de los hogares, para poder distribuirla en la cercana población de Búfalo. 


George Westinghouse

    Tomas Alva Edison 


    A primera vista sorprende la ingeniosa -y compleja a la vez- forma de utilizar el caudal de las cataratas. El río Niagara había sido objeto desde tiempos inmemorables de explotación en sus “Niagara mills” -molinos del Niagara- que aprovechaban de una manera bastante ineficiente este salto, pero servían de fuente de energía a fundiciones e industrias. Una comisión internacional estudió el aprovechamiento previamente y se plantearon numerosas alternativas. La Niagara Falls Company, con un importante elenco de ingenieros, construyó la central número 1, y marcó los inicios de la explotación industrial de la energía hidroeléctrica en ese continente. La compañía suiza Escher Wyss fue una de las candidatas para la construcción de las turbinas, pero al final fueron unos compatriotas suyos de Ginebra, Faesch & Piccard, los que  consiguieron el contrato, aunque las turbinas se fabricaron en Estados Unidos por la I.P. Morris Co, en sus talleres de Filadelfia. Estas turbinas, diez en total, desarrollaban una potencia de 5.000 caballos cada una. Una de las claves de todo el montaje era el método de sustentación de todo el peso del conjunto. Resulta interesante reseñar que los problemas a los que se enfrentan los constructores de turbinas verticales no son solo referentes al peso que los elementos mecánicos tienen: turbina, eje y rótor, sino a la presión que ejerce el agua sobre la turbina, incrementando el peso del conjunto de una manera nada desdeñable. 


  Imagen de los Niagara Mills a comienzos del siglo XX. 


    El salto proyectado en el Niagara era un reto en todos sus componentes, pues era el primer gran salto que utilizaba la corriente alterna y la demostración de las posibilidades de la misma.  Alrededor de cuarenta y dos metros de salto, que caían por una tubería totalmente vertical desde la casa de máquinas hasta las entrañas de la tierra, donde la turbina tipo Fourneyron extraía la energía del fluido. El eje, un tubo de acero de cerca de un metro de diámetro, de igual longitud al salto, transportaba la energía que movía el rotor. Un verdadero reto mantener un eje de esa longitud, ¡en diez máquinas!, con sus cojinetes y sus lubricaciones. Este eje tenía tres cojinetes intermedios donde se reducía el diámetro del mismo. Las tuberías no eran un tema menor pues tenían que transportar los 12 metros cúbicos de caudal que consumían las turbinas para producir esa potencia. Al final del eje un rotor culminaba el montaje y tenía la peculiaridad de estar ubicado por la parte externa del estator -al revés de los demás fabricantes, en los que está ubicada en el interior y no se ve su movimiento-.



Turbina de 5.000 caballos Faesch & Piccard. A su lado, para hacernos una idea del tamaño, se aprecia la silueta de un hombre. Sobre ella sale el eje y a su izquierda la tubería gira para colocarse vertical y mediante un tubo, que no aparece en la imagen, llegar hasta la toma.


Corte de la central. En la parte superior el alternador y se aprecian los tres cojinetes intermedios.



    Tesla diseñó los alternadores y los construyó Westinghouse en sus talleres de Pittsburg. Giraban a 250 revoluciones por minuto y su frecuencia era de 25 hercios. Esta frecuencia es especialmente baja, pues en el resto de los países europeos se adoptaron los 50 Hz y en Estados Unidos los 60 Hz. Pero esta no era su única peculiaridad, puzes tenían dos salidas independientes monofásicas -como las líneas que nos suministran en nuestras casas, pero dos y desfasadas 90 grados- y mediante un sistema de transformadores las convertía a tres fases, trifásica, con el desfase de 120 grados que existe en la actualidad, para sus distribución. 
Una instalación hidroeléctrica que supuso un gran avance tecnológico y un logro de la ingeniería del momento. 


                                                            Interior de la central nº 1 de la Niagara Falls. Se puede apreciar el movimiento del inductor o rotor (por error en la publicación impresa se nombró como la dinamo). 


    Este artículo se publicó en el número 27 de la revista "Els Tres Llugarons", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el verano de 2021.

jueves, 31 de diciembre de 2020

Notas sobre la historia de la central de Seira (25): Y dicen que hay nuevos vecinos al oeste...





Los progresos de la “houille blanche” -la hulla blanca- son imparables. Cada año se ponen en servicio centrales más potentes. Las líneas eléctricas incrementan su tensión de funcionamiento a pasos agigantados y aumentan las distancias que separan los centros de producción y de consumo. La tecnología está evolucionando muy rápidamente y los americanos de General Electric han desarrollado unos cojinetes, para grupos más pesados, que permiten instalarlos verticalmente, como en la central de Niagara Falls. Esta innovación permite reducir el espacio que ocupan las centrales, colocando la turbina en su parte más baja y aumentando el rendimiento de las máquinas y también su salto útil. El aparellaje eléctrico no ha sido ajeno a estos avances; los transformadores y todo su equipamiento ya pueden instalarse en el exterior, sin edificios que los cubran, reduciendo el tamaño de las centrales, mejorando la refrigeración de los mismos y reduciendo costes.

En el Cinca se está trabajando para hacer realidad un proyecto para el aprovechamiento hidroeléctrico integral de la parte alta del río. Este utiliza las cuencas del Cinca, el no menos importante afluente, el Cinqueta, y todos los barrancos tributarios recogiendo sus aguas hasta los canales principales. También se pretende recrecer algunos lagos para acumular las aguas del deshielo invernal y aprovecharlas en el estiaje veraniego. Este conjunto de centrales escalonadas se complementaría, para garantizar la energía en periodos de sequía, con una central reversible. En España es una instalación totalmente novedosa y aprovecharía el lago de Urdiceto como embalse superior y junto a la central se construiría un embalse como acumulador inferior. 

Todas estas obras están utilizando gran número de obreros y materiales y para abastecerlas han instalado en Barbastro, en un apartadero de la estación de tren, su propio almacén y grúa. En Lafortunada estará la central más potente que se alimentará de los dos ríos. Allí estará ubicado el centro de trabajo, las viviendas para los trabajadores, talleres y el almacén para todo el sistema. Es una empresa ambiciosa y pretende construir una fábrica de cemento para no tener que depender de los proveedores y evitar los problemas, como ocurrió en Seira, que provoca la falta de una materia básica como es el cemento.

Juan Urrutia Zulueta 

Eusko-Ikaskuntza 

Fondo Bernardo Estornes


El alma de este gran proyecto es Juan Urrutia Zulueta. No podríamos entender el desarrollo hidroeléctrico de España en estos momentos sin su trabajo. Nacido en 1866, en Amurrio, su destino no estaba muy claro al fallecer su padre prematuramente, un modesto herrero, y quedar huérfano. Es criado y educado por una familia de buena posición que le permite estudiar la carrera de Ingeniería de Minas en Madrid. Al catedrático José María de Madariaga, introductor de los estudios de la electrotecnia en la escuela, le debemos la orientación de Urrutia a dedicarse al ramo eléctrico. En 1901, tras varios años como director de la Compañía Eléctrica de San Sebastián, constituye en Bilbao la empresa Hidroeléctrica Ibérica con el propósito de transportar energía eléctrica hacia su tierra. Sus primeros proyectos se centran en los ríos próximos y en 1904 ya cuenta con una central de 4.000 caballos en el río Leizarán y otra de igual potencia en el Ebro. En 1906 suma 8.000 caballos más en este río.

La creciente demanda de energía eléctrica propicia la compra de concesiones hidroeléctricas cercanas, aunque su mirada está puesta en el Pirineo. El río Cinca es el más cercano a las Vascongadas y le permitiría obtener grandes desniveles y caudales. Hace tiempo que sus aguas se utilizan, en su tramo inferior, para la generación eléctrica. A finales del siglo pasado, Mariano Lacambra instaló una pequeña central eléctrica para dar el servicio de alumbrado eléctrico a la ciudad de Monzón. Para el mismo propósito, en Barbastro, unos kilómetros aguas arriba, en 1903, Pablo Sánchez reformó el antiguo molino de Estada para la generación de energía eléctrica. La rápida evolución de la demanda le lleva, dos años después, a solicitar una ampliación de la concesión de 3.000 litros por segundo hasta los 10.000 litros para poder ampliar la potencia de la central.

No todas las concesiones solicitadas en este río llegan a dar servicio a poblaciones o empresas y algunas son meras especulaciones de empresarios y políticos. En 1908, por ejemplo, ya existe una concesión, propiedad de Jacinto Viñas Muxi, un empresario “indiano”, que tiene que solicitar una ampliación de plazos para que no le caduque la misma y “continuar” unas inexistentes obras. 

Diario de Huesca 7/11/1919
Hemeroteca del Diario del AltoAragón

Pero, afortunadamente, no todos los concesionarios tienen las mismas intenciones y algunos de ellos realizan estudios y proyectos de sus concesiones, como el ingeniero Juan Ledesma que, el año 1910, presenta un proyecto de aprovechamiento en el río Barrosa, afluente del Cinca.

Las nuevas instalaciones se suceden; donde no se instala una nueva central, es una nueva línea para alimentar el alumbrado público de un pueblo. Ricardo de Navascués, ingeniero militar, primigenio concesionario de los saltos del Ésera, solicita autorización para establecer una línea eléctrica para dar servicio en Torrente de Cinca. 

Los negocios y las fábricas comienzan a utilizar la electricidad para mover sus equipos y eso supone el incremento continuo de la demanda. La concesión de Pablo Sánchez en el molino de Estada se ha quedado sin posibilidad de ampliación y este ha decidido construir un nuevo salto, que se denominará Arias. El año 1911 se inaugura con un grupo de 1.500 kW.

La “Catalana” no es ajena a estos movimientos y ha solicitado nuevas concesiones aguas abajo y arriba de estos aprovechamientos. La brigada de estudios explora posibles ubicaciones para una central junto a la cerrada de Torreciudad y ha instalado una estación de aforos para recoger datos de los caudales. 

El Diario de Huesca se hace eco, el año 1912, de una visita de influyentes personajes en el río Cinca: 

“Hoy hemos tenido la satisfacción de saludar a don José Mansana, gerente de la "Sociedad general de las Fuerzas Hidro-eléctricas del Esera", que acompañado de los ingenieros señores Bastos, Araoz y Fuentes, y del acaudalado comerciante de Graus don Vicente Lascorz llegaron a esta villa [Boltaña] el 26 del actual [enero], hospedándose en casa del diputado provincial, nuestro querido amigo don Enrique Gistau. “

La visita parece que no tuvo demasiado éxito y, el año 1913, Ubaldo Fuentes continúa en solitario su proyecto y presenta una solicitud para un aprovechamiento en Bielsa. Acompaña documentación y planos de la instalación. Conoce bien la zona; su puesto de ingeniero director de la Thomson-Houston Ibérica le llevó en 1907 a realizar un viaje de estudios por el Pirineo para localizar concesiones para sus clientes. 

En 1917 siguen los estudios para el proyecto del Cinca y Urrutia ha obtenido, entre otras, la concesión de Ubaldo Fuentes, que pasa a engrosar el proyecto de Hidroeléctrica Ibérica. Urrutia, que desempeñó la labor de diputado durante dos legislaturas por la provincia de Huesca, en la demarcación de Benabarre, reparte su tiempo entre hacer realidad sus sueños y en su vehemente defensa de la hidroelectricidad. Esta le lleva a publicar sus ideas el año 1917 en un libro titulado “La energía hidroeléctrica de España y sus aplicaciones”. En él expone sus opiniones sobre la gestión de las concesiones y la importancia de la electricidad para el desarrollo de España y resume algunas de las modificaciones que, a su opinión, el Estado debería hacer en las nuevas leyes para que “desaparezca el formidable estorbo de los acaparadores de concesiones de saltos de agua que no tienen medios económicos de realizarlas” y asimismo, “se ordenen dichas concesiones en forma tal, que el aprovechamiento de la riqueza de nuestros ríos sea la más perfecta y más rápida posible, teniendo en cuenta que todo retraso equivale a una gran pérdida que no cabe subsanar más tarde”.


Su libro se edita de nuevo el año 1918 “por la favorable acogida” del mismo y actualiza su contenido y añade nuevas premisas como la necesidad de crear “una red general de distribución, la más adecuada para repartir la energía…con objeto de conseguir las compensaciones por irregularidades de caudal…y las garantías posibles contra accidentes por agentes atmosféricos”. 

Esta idea de una “red eléctrica nacional” no era nueva y ya la planteó, el físico jesuita Agustín Pérez del Pulgar, en 1915, en la revista Ibérica, con su visionaria inteligencia, para intentar subsanar la disparidad de tensiones y los problemas que planteaba que cada compañía tuviera su red independiente tanto para los abonados como para la gestión de la energía. Pero, cuando faltan dos meses para terminar este año 1920, el “legislador” no ha promovido ley alguna para arreglar este problema.

Afortunadamente en la cuenca del río Cinca los trabajos continúan sin descanso. Se inician en Pineta, donde un azud totalmente integrado en el paisaje desviará las aguas del Cinca a un canal cubierto. Este, siguiendo la trayectoria del valle, serpenteará hasta la cámara de agua situada a poca distancia del pueblo de Tella. Desde allí, sus aguas descenderán por dos tuberías los 475 metros de desnivel del salto, para “dividirse”, casi al final de su destino, en tres -en la trifurcación- y así alimentar directamente, cada una, su propia turbina Pelton. Sus alternadores verticales, - siguiendo la modernidad- sumarán más de cuarenta mil kilovatios y, probablemente, supongan un nuevo récord cuando se pongan en servicio. 

De momento, nuestros vecinos del oeste siguen trabajando y las obras siguen su curso.

Este artículo se publicó en el número 26 de la revista "Els Tres Llugarons", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el invierno de 2020

sábado, 7 de noviembre de 2020

Notas sobre la historia de la central de Seira (24): 1920, un año entretenido en la política española.





El pasado año 1919 un nuevo decreto establecía la jornada laboral en ocho horas, con un total de 48 horas semanales. Dicho texto reconocía 

“que existiendo industrias cuya organización integral ha de hallarse coordinada con las de sus semejantes en el extranjero, si no han de verse colocadas en condición de inferioridad y ruina y de muerte deben constituirse aquellos organismos adecuados para el estudio de los casos de excepción”. 

Han pasado los meses y ni en la ley ni en su reglamento de aplicación se han establecido normas para los casos donde no sea posible su implantación. Los calores inusuales del mes de julio en esta Corte, casi cuarenta grados, y la inestabilidad política de este gobierno que no obtiene mayorías y debe requerir de gobiernos de concentración no acaban de aclarar este logro social. Pero la presión social que están provocando las continuas huelgas parece que están logrando sus objetivos y este mes de agosto de 1920 la Gaceta de Madrid ha publicado la esperada normativa de aplicación para los casos más complejos de este nuevo horario. Es un gran logro para los trabajadores y un pequeño oasis entre las malas noticias que vienen de África, de esta guerra que está sangrando a España de sus jóvenes, como ya hiciera la de Cuba a finales del pasado siglo. No auguran nada bueno las noticias que nos llegan de allí.

Las elecciones del año pasado tendrán que repetirse, pues seguimos sin poder formar gobierno. Por la demarcación de Boltaña, a la que pertenece Seira, el diputado electo es Francisco Bastos Ansart. Este es un ingeniero aragonés residente en Barcelona y uno de los antiguos propietarios de la concesión hidroeléctrica de Puente Argoné y del Salto del Run. Socio fundador de la Sociedad Guell, Bastos y Bertran hermanos tiene como importante cliente a la Catalana de Gas y Electricidad. También dedica su tiempo a la política y sus detractores durante estas elecciones llenaron hojas y hojas en los periódicos, caldeando el ambiente político pues Bastos pertenece a la “Lliga regionalista”; el partido liderado por Francisco Cambó. El abogado Manuel Batalla Bescós, presidente de la Diputación Provincial de Huesca en estos momentos, se presenta por el partido liberal. El Diario de Huesca, de marcado sesgo liberal, apoya dicha candidatura y analiza las posibilidades de sus candidatos a la luz de las últimas elecciones en las que han salido triunfantes de la urnasal ganar nueve de las diez que habían de elegirse.

En una cabecera titulada Significación de nuestra política, el diario de Camo recuerda:

“Las bases de nuestro credo basado en el fomento y protección de la riqueza, de aprovechar todos los elementos del país y no olvidando, ni mucho menos, la difusión y propagación de la cultura, pues no desconocemos que el hombre trabaja, produce y se comporta según la cantidad de saber que su inteligencia atesora”. 

A renglón seguido valora de problema candente y críticas circunstancias la candidatura de Bastos con el nombre de regionalismo porque no es el sano y plausible regionalismo aragonés. Se antoja intensa la labor de la nominada por el periódico “candidatura anticatalanista” para atajar la labor de la candidatura “regionalista”. 

El distrito de Boltaña siempre ha desatado pasiones y atrás quedan ya las miserias de la lucha en anteriores comicios. Antes de Bastos, Luis Fatás fue el diputado de la demarcación desde las elecciones del 1910. Este médico de Sariñena, era un cunero -candidato que no pertenece a la demarcación- y liberal por más señas. Aún permanece en la memoria de los habitantes de la demarcación los enfrentamientos con el candidato Celso Joaniquet. Este no despertaba pasiones mas que de sus detractores, que llegaron a editar un periódico -El Desinfector- dedicado en su totalidad a glosar las “excelencias” del candidato. Esta publicación como cabecera y declaración de intenciones, proclamaba:

El Desinfector no se compra, ni se vende, ni hace CHANTAGE (sic), ni adula a nadie, ni recibe subvenciones de ningún bicho viviente. 

El Desinfector, Boltaña, 18 de abril de 1916

Los periódicos oscenses El Porvenir y El Diario de Huesca le dedican sendos artículos y este último termina con unas líneas contundentes:

Lo único triste es que los hombres honrados, y a causa de la ignorancia de la mayoría, tengan que descender a combatir a esos elementos, perdiendo el tiempo que necesitan para empresas más altas. Pero la realidad es la realidad, y ella impone, ya que la opinión no sabe distinguir este penoso trabajo de desinfección. ¡Y lo malo es que en cada pueblo esta haciendo falta un DESINFECTOR!.

El Desinfector, Boltaña, 10 de Junio de 1915

La campaña parece que surte efecto -aunque probablemente no hubiera sido necesaria- y el 9 de abril de 1916 se celebran las elecciones nacionales y por la demarcación de Boltaña sale elegido Luis Fatás, confirmando el dominio del partido liberal en la provincia. Celso Joaniquet candidato demócrata-independiente es objeto de mofa y escarnio tras su fracaso en El Desinfector. Como promotor de esta cabecera se encuentra, entre otros, un profesor de la localidad, seguidor de la doctrina costista, que harto de engaños y falacias de los candidatos, intenta desenmascar a Joaniquet. Pero siempre desde su particular imparcialidad, pues en sus artículos no toma partido por ningún candidato, pero tiene muy claro quien no debe representar a los habitantes de la tierra donde vive y a la que ama. Un lucha que ya comenzara Costa con su libro Oligarquía y Caciquismo, donde racionalizaba el lamentable efecto que tenía sobre el gobierno de un país la influencia de personas que, sin ningún tipo de ética ni de moral, anteponían sus intereses personales a los generales, abusando de la posición que la política, la industria y los medios de comunicación les otorgaban. Caciques y oligarcas, execrables ejemplos que marcaron -y marcan- la política en este país, impidiendo el desarrollo industrial, profesional, personal y humano de sus habitantes y tan solo engordando sus cuentas bancarias, patrimonio y su supuesta dignidad. Pero mejor que las palabras del ilustre, y nunca suficientemente reconocido estadista montisonense, Joaquín Costa nos ilumine sobre su visión de estas personas y su relación con nuestra escasamente valorada Patria:

Para ellos no había expirado ni estaba expirando, como para nosotros, la Patria, porque la Patria, en su pensamiento, más o menos consciente, se reduce a un pedestal, a una vaca lechera y a un tema de retórica para exornar -adornar- discursos.

Celso Joaniquet Pons en 1912.

Afortunadamente el pensamiento general de la población y de los industriales no se reducía meramente a una especulación económica. También el desarrollo, el crecimiento y, por supuesto, el beneficio industrial, era uno de sus pensamientos e ideales. Una herencia, fruto de su trabajo, para los que vengan después. Una historia empresarial de la que estar orgullosos, que permita generar trabajo y riqueza para la Patria. En esta línea, el año 1920, un grupo de importantes empresarios barceloneses hartos de pagar los abusivos precios de la electricidad de las tarifas de la compañía Riegos y Fuerzas del Ebro -casi un monopolio en la distribución eléctrica- se están planteando constituir una cooperativa eléctrica en Barcelona. En esta nueva iniciativa los participantes aportan para formar el capital social las concesiones eléctricas y participaciones de empresas de su propiedad y se está barajando una importante cartera industrial. Por otro lado Catalana de Gas y Electricidad no pasa por sus mejores momentos por el fuerte endeudamiento que han provocado los problemas y retrasos de la obra de la central de Seira, entre otras cuestiones. En pocos meses se conocerá el desenlace de esta iniciativa.

Para los que quieran conocer más sobre las ideas de Joaquín Costa un texto recomendable es el Ideario recopilado por el periodista aragonés José García Mercadal y se puede localizar fácilmente en la Biblioteca Virtual de Aragón en este enlace:


Para las obras de Costa es posible encontrarlas en formato digital en la Fundación Giménez Abad en este enlace:


Este artículo se publicó en el número 25 de la revista "Els Tres Llugarons", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el verano de 2020

Notas sobre la historia de la central de Seira (23): Puente Argoné, una central singular.





La central de Puente Argoné tenía una peculiaridad constructiva, desconocida para muchos, pues su tubería de presión estaba fabricada en madera. En España no era habitual el uso de la madera en las conducciones de agua y menos para tuberías sometidas a presión, pero al otro lado del charco, en Estados Unidos, donde existen unos inmensos bosques de madera de calidad, su uso era muy frecuente, tanto para el transporte de agua como en la construcción de puentes, canales, viviendas y tuberías para centrales.

La compañía americana Continental Pipe Manufacturing, constructora de dicha tubería, era una empresa especializada en la construcción de esta clase de conductos. Tenía su sede en Seattle, en el estado de Washington. En sus bosques y en el cercano Oregón hay árboles de una variedad éndemica que es el Douglas Fir, denominación americana del Washington Fir o Pino de Oregón. Continental Pipe utilizaba esta madera para construir sus tuberías. Estos árboles pueden llegar a los 380 pies (115 metros) y diámetros de 15 pies (4,5 metros), aunque la empresa utilizaba habitualmente árboles de 200 pies (61 metros) y 5 pies (1,5 metros) de diámetro para construir sus tuberías.

Las conducciones de Continental Pipe, según el fabricante, tenían una alta eficiencia y una rugosidad muy pequeña, que disminuía el rozamiento en relación con otros tipos de tuberías. También eran resistentes al fuego -mientras las tuberías estaban llenas de agua- y también al hielo pues la madera servía de aislante del fluido que circulaba en su interior. Fabricaban diámetros desde las dos pulgadas (cinco centímetros) hasta las 240 pulgadas (6 metros). Para Puente Argoné fabricaron una tubería de 1.200 mm de diámetro.



La central tenía otra peculiaridad, que se ha comentado habitualmente entre los trabajadores más veteranos de Seira, y es el alternador de 9000 kVA de potencia aparente; inicialmente estaba destinado a ser el número 3 de la central de Seira. Como este alternador carecía de excitación se colocó una dinamo de 35 kW movida por una correa desde el eje por el lado opuesto al acoplamiento.



Imagen de los árboles utilizados para la construcción de tuberías por la Continental Pipe (Imagen del catálogo de la empresa número 18 del año 1923)

Un primer proyecto del fabricante de la turbina Piccard, Pictet y Cía de Ginebra, contemplaba la instalación de dos turbinas en el mismo eje para obtener la potencia de 10.000 HP. La principal tenía un gasto de 8600 litros de agua por segundo y producía 4.250 caballos con un rodete doble tipo Massaboden, con la salida de agua por ambos lados de la turbina. La turbina secundaria era del mismo tipo pero de rodete simple y aprovechaban una turbina diseñada para un salto más grande pero que con los 45 m de Puente Argoné producía 3.300 caballos de fuerza con un gasto de 6.800 litros de agua por segundo. Este tándem alcanzaba una potencia aproximada a los 10.600 caballos de las turbinas de Seira, que eran los necesarios para un correcto rendimiento de dicho alternador. Pero al final optaron por instalar solamente la turbina principal, lo que confirmaba la temporalidad de la instalación del generador, pues esta era demasiado pequeña para obtener un rendimiento adecuado del mismo y este, además, debía instalarse en su ubicación definitiva. 

Esta turbina estaba gobernada por un regulador a presión de aceite, para mantener estables sus revoluciones. Una correa transmitía a un péndulo mecánico, pieza fundamental del mismo, las revoluciones a las que giraba la turbina para poder regular la velocidad y en caso de sobrevelocidad, cerrar el distribuidor. Un orificio compensador (coloquialmente denominado válvula de descarga) evitaba las posibles sobrepresiones por cierres rápidos del distribuidor y para proteger, la turbina y la tubería, en caso de un disparo intempestivo o de una avería del regulador de turbina. 

Imagen de una tubería de madera similar a la de Puente Argoné en Ogden Canyon, Weber County, UT. Library of Congress (www.loc.gov)

El año 1923 ya aparece en la documentación una modificación realizada para optimizar la instalación, pues se sustituyó el alternador por uno nuevo de la marca General Electric. Este, de 7.000 kVA de potencia aparente, giraba a 500 revoluciones por minuto y, por tanto, para la frecuencia de este país que es 50 Hz (hercios), tenía 12 polos -ó 6 pares-. Su tensión de funcionamiento era de 6 kV (6.000 voltios) entre fases (tensión compuesta) y los cables de los devanados, nada más salir de las bornas del mismo, se conectaban a unas voluminosas inductancias para protegerlo de sobretensiones. A continuación una serie de transformadores de tensión e intensidad permitían visualizar los parámetros de funcionamiento, contar los kilovatios producidos y alimentar las protecciones eléctricas de la central (estas se encargan de abrir el interruptor y avisar al operador para que pare la central en caso de un malfuncionamiento de la misma). Un transformador de “servicios auxiliares” de 50 kVA alimentaba el alumbrado, la fuerza de la central y la grúa del exterior que estaba preparada para levantar 20 toneladas. 

El año 1924, según un plano de la época, se añadió un interruptor BBC (Brown Boveri & Cie) con un equipo sincronizador para poder acoplar a la red y también se instalaron un juego doble de barras. Como se tenía que dar suministro eléctrico a las obras de la central auxiliar de Campo, se construyó una línea trifásica a 6000 voltios desde la central y para protegerla se colocó un nuevo interruptor marca Oerlikon. 

Imagen de una tubería de madera similar a la de Puente Argoné en Ogden Canyon, Weber County, UT. Library of Congress (www.loc.gov)

En la salida de la línea principal, para evacuar la energía producida, se instaló una protección “basta”, con dos juegos de descargadores, unos denominados de “chorro de agua” (en los que la salida de los descargadores se pasaba por un chorro de agua y, según los fabricantes, aumentaba su efectividad) y otros electrolíticos, pues en aquellos momentos la efectividad general de aquellos aparellajes no era muy alta. Entre ambos, otras bobinas de self completaban la protección contra las tormentas, frenando las sobretensiones. 

Una línea de más de cuatro kilómetros, y grueso calibre, conectaba Puente Argoné con la central de Seira. A su llegada unos descargadores “de cuernos” (denominados así por su parecido con un cuerno) más otros descargadores de “chorro de agua” y entre ambos las bobinas de self para proteger de los mismos meteoros el otro extremo de la línea y evitar que las sobretensiones entraran en la instalación de la central, donde se conectaba a sus barras como un grupo más.

La línea de 6 kV a Seira era demasiado larga para la potencia de la central, pues tenía muchas pérdidas. Sobre el año 1931, para solucionar este problema, se instaló un transformador en el exterior de la central para elevar la tensión de salida de la misma a 110.000 voltios y así poder conectarla a la línea de Seira-Argoné. En algunas imágenes podemos ver el nuevo poste que sirvió para cruzar el rio y conectarse a la línea. También se aprecia un seccionador pero el transformador de la marca BBC (Brown Boveri & Cie) de 10.000 kVA, no aparece en ninguna de las imágenes y debió instalarse, probablemente, junto a este. 



En 1948 se puso en servicio el grupo 1 de la central de Argoné. Para llevar el agua hasta su cámara se extiendió el canal de Puente Argoné. En 1954 entró en funcionamiento el segundo grupo. En algunas de las antiguas bandejas de cables encontramos madera de la tubería de Puente Argoné. Esta todavía conserva las marcas de los zarcillos de la tubería, de sus tensores y un fuerte olor a cresota. Son muchas las construcciones de la colonia en las que se reutilizaron las barras de metal de los zarcillos, aunque, probablemente, sean más perceptibles los railes, utilizados para barandillas, de las vías Decauville utilizadas durante las obras. 

La central de Puente Argoné dejó de utilizarse con la entrada en servicio del segundo grupo de Argoné, pues el gasto de agua de esta central impedía una explotación conjunta de dichas centrales.

Han pasado bastantes años ya desde su desmantelamiento, pero todavía podemos ver, junto al puente que le dio nombre, los restos de aquella instalación. Una oxidada escalera da acceso a la salida de turbinas y allí el cemento, como en todas las obras realizadas en aquellas fechas, está en un estado impecable. El vertedero, serpenteante, con sus paredes escalonadas, fue el centro de las imágenes más icónicas de la central. Todavía conserva sus paredes en buen estado y sigue, tan solo oculto por algún árbol, visible desde la carretera, si nos fijamos un poco. 

Inmutables al paso del tiempo, permanecen en las soleras y en las “camas” de las tuberías las marcas de los zarcillos de la tubería y algún resto de la madera de pino de Oregón que queda todavía visible para satisfacción de los más osados visitantes de esta pequeña muestra de nuestro olvidado patrimonio industrial.

Este artículo se publicó en el número 24 de la revista "Els Tres Llugarons", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el invierno de 2019

Notas sobre la historia de la central de Seira (22): 1919, Puente Argoné.



El otoño de 1918 ha sido duro. La segunda oleada de la mal llamada “gripe española” ha golpeado fuertemente a los habitantes del Altoaragón. El invierno de 1919 o -quizás la intensidad de la tercera oleada de gripe- ha provocado un bajón del número de trabajadores en las obras. En la memoria de todos está la puesta en marcha de la central de Seira el año 1918 y su importancia, pero se ha cerrado una etapa. Todo ha cambiado a partir de este momento, el punto de mira es ahora Puente Argoné, la subestación de Perarrua y la central de Gradiello. Tan importante ha sido el cambio, que las fotografías que documentan las obras han comenzado una nueva colección. En esta la construcción en Seira pasa a un segundo plano y nos muestra los problemas que surgen en las instalaciones y averías que surgen en la explotación. Por poner un ejemplo, la turbina Escher Wyss número 5477 -la turbina 2 coloquialmente- ha tenido un problema en su cámara espiral y el agua sale, de manera muy preocupante, por una grieta en la fundición. 

Otras imágenes de la nueva colección nos muestran el buen ritmo de las obras de la central de Puente Argoné a mediados de febrero de 1919. En el edificio principal el muro del lado de la montaña ya está terminado. Los fundamentos de la turbina son unos agujeros indefinidos, pero el túnel de salida de aguas ya está acabado. Sobre sus muros se han instalado unos aéreos andamios sobre los que se está construyendo la pared del lado del río. En la salida de turbinas se ha instalado una bomba para agotar el agua de las filtraciones. Un gran número de obreros en lo más alto del andamio ha terminado los cabeceros de las 10 ventanas que tendrá el edificio. Esta construcción, en general, no tiene la solidez de la central de Seira. Parece que se construya pensando en la inmediatez y la economía, como si no fuera a perdurar en el tiempo. Confirmando esta percepción en el título de una imagen aparece descrita como la “central provisional en construcción”. 


El pasado día dos de septiembre, el Gobernador Civil confirmó oficialmente, el cambio de titularidad de la de la concesión de Jules Daisson, aguas abajo del salto de Puente Argoné. CGE había adquirido dicha concesión pero hasta que no estuviera oficialmente reconocida no podía contarla como suya, ahora la empresa ya piensa en conjunto y la central de Puente Argoné es el aprovechamiento temporal para aprovechar la concesión que ya tenía hasta que se pueda plantear y desarrollar el salto completo de Argoné que incluirá el nuevo tramo de concesión. Esta, que llevaba bastantes años en manos de diferentes titulares franceses, interrumpía el conjunto de concesiones de CGE aguas arriba y abajo, y su adquisición supone un importante avance para la viabilidad económica de todos los saltos.

Pero estos trámites y decisiones parecen no alterar la gran actividad que hay en las obras del canal. En algunos tramos ya se está recubriendo el mismo con el acabado final. Un poco más adelante los encofrados avanzan inexorablemente y ya podemos adivinar su forma definitiva en forma de trapecio invertido.

En el Barranco de San Nicolau se amontonan las vías Decauville y hay un importante transito de vagonetas. En el lado de Seira un gran número de hombres armados de picos y palas, construyen terrazas para ir ganando terreno a la montaña. En el otro, el comienzo de una galería en lo alto marca el destino de los obreros que se afanan en remover y cargar la tierra de la excavación. 

En el canal hay gran actividad de carros tirados por mulas y caballerías que apoyan el trasiego de las vagonetas que, cargadas de áridos, abastecen los tajos. Junto a un acceso al canal se amontonan, en gran número, las piedras que servirán para la estructura del canal.

A comienzos de marzo el puente que da nombre a la central ha quedado totalmente reconstruido y está irreconocible. Se han quitado dos pequeños arcos que restaban fuerza en el lado derecho y se han ensanchado la huella del puente en ambas orillas. Ambos estribos estaban muy descompuestos y en el lado izquierdo la vegetación campaba a sus anchas ocultando el mal estado general de la construcción. 

En Seira, el muro del azud para derivar las aguas del río ya se eleva varios metros sobre el río y una ciclópea escalera da acceso a lo más alto del mismo. A pocos metros, canal abajo, una brigada ha terminado la bóveda del primer túnel y posa sonriente orgullosos de su magnífico trabajo. En la central los muros ya están terminados y se están colocando grandes “tijeras” de madera para soportar el tejado. Los gremios se solapan y por un lado los carpinteros colocan las maderas para instalar las tejas y por el otro, los albañiles, están lavando la pared. Un mosaico de placas multicolores comienza por un extremo a cubrir el tejado.

En San Nicolau se está construyendo, con grandes andamios y vigas de acero, un puente entre ambos lados del barranco, para poder transportar los materiales, aguas abajo, pues el otro lado es inaccesible por la orografía del terreno. 



Unos kilómetros más abajo, en las Ventas de Santa Lucía, se ha ubicado una subestación donde se conectará la línea de alta tensión que viene de Seira. Las obras están muy avanzadas y el edificio ya tiene todos sus muros levantados. Es una construcción muy robusta y los muros son mucho más gruesos que en Puente Argoné. Las paredes exteriores están realizadas en piedra, como en Seira, pero toda la estructura se ha hecho con hormigón armado. Las tijeras son de acero roblonado y recuerdan a las instaladas en la ETP de Seira por su solidez. Para colocarlas se ha construido una torre de madera y a esta se suben los operarios sin ningún tipo de medida de seguridad, armados de un serrucho, sus zapatillas de esparto, la boina y mucho desparpajo. 

Se han dejado en el muro unos orificios para pasar los conductores de la línea de alta tensión. Su construcción es idéntica a los construidos en Seira. Esta subestación albergará en su interior los transformadores que permitirán conectar la línea del Cinca a 66.000 Voltios con la línea de Seira que temporalmente funciona a esa tensión hasta que pueda elevarse a la definitiva de 110.000 Voltios, para transportarla a Barcelona. También en su interior estará, protegido de las inclemencias meteorológicas, el aparellaje de protección de dichos transformadores y de las líneas de transporte. El edificio se levanta imponente en medio de los campos cultivados y las pequeñas casetas de los alrededores aun resaltan más su tamaño. Desde su gran tejado se domina el Valle del Ésera y la soledad de la línea de alta tensión camino de Seira.



En Puente Argoné se preparan los fundamentos para instalar la turbina de la Casa Piccard, Picket y Cie de Ginebra. El salto de 45 metros de desnivel y 8,5 m3/s de caudal, producirá 4.250 caballos de vapor. Para transportar el agua desde la cámara de agua -o depósito regulador- se ha elegido una tubería de la casa americana Continental Pipe Manufacturing, que tiene la peculiaridad de ser de madera. Está formada por piezas ensambladas y rodeadas por unos anillos metálicos que le permiten soportar la presión del agua. Parece ser que se instalará el alternador número 3 de Seira mientras no sea necesario su servicio y así no será necesario adquirir uno, dada la temporalidad de la instalación. Para evacuar la producción de la central se ha pensado instalar una línea a 6.000 V que permitirá enviar la energía hasta la central de Seira y allí elevarla hasta los 66.000 V de la línea y así poder juntar esta potencia con la generada por la central. 

Entre tanto, una brigada ha comenzado a realizar los sondeos en el río para la ubicación del cerramiento de Gradiello. Han hincado unos fuertes caballetes sobre el lecho y sobre estos unas vigas de hierro sirven de base para el equipo de perforación. 

Este artículo se publicó en el número 23 de la revista "Els Tres Llugarons", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el verano de 2019


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