miércoles, 19 de agosto de 2015

Notas sobre la historia de la central de Seira (14): La Société Civile Française des Charbonnages de l'Esera




 
En el año 1584, reinando Felipe II, comienzan a aparecer las primeras ordenanzas que regirán la explotación minera en España. Tras algún tímido intento de modernización, en 1825, Fernando VII encarga a la Junta de Fomento el desarrollo de una nueva ley para “promover por todos los medios posibles la felicidad de [sus] vasallos”…

Las minas en estos momentos son de la corona -a la que representa el Rey- y su explotación es señorío real, por lo que su adjudicación es potestad del monarca –las regalías-. Son muchas las leyes que se promulgan en el siglo XIX para  modernizar el pais y abandonar estas prácticas feudales y en el año 1868, el Ministro de Fomento, Manuel Ruiz Zorrilla, presenta una nueva ley de minas para, según sus propias palabras, abolir “las absurdas y monstruosas ordenanzas de Felipe II”.

Esta novedosa legislación faculta que “todo español o extranjero [pueda] hacer libremente, en terrenos de dominio público” excavaciones para la búsqueda de minerales. Estas, de un tamaño máximo de diez metros, también se denominan  calicatas.  Si se realizan en terrenos cultivados o privados, requieren el permiso de los propietarios. 

 En uno de estos campos ribagorzanos –no conocemos si público o privado-, el  mes de diciembre de 1892, “unos caballeros que, por su continente y habitos, nos [parecen] extranjeros”, visitan estos rincones del Alto Aragón, armados de unas curiosas herramientas, y van picando aquí y allá.
Los dos franceses que realizan estas calicatas son Ingenieros de Minas y uno de ellos, Monsieur Magnon, es el técnico de la expedición. También participa en la misma el español Teodoro de Sierra –exdiputado según los periódicos- y propietario de la concesión. Como promotor de la visita, por la parte financiera, les acompaña el empresario francés Jules Daisson.

Esta prospección, a tenor de los informes que obtiene Monsieur Magnon, tiene un resultado inmejorable pues, según sus conclusiones, se pueden extraer dos mil toneladas diarias de carbón “sin necesidad de pozos ni galerías, simplemente a cielo descubierto”. Teodoro de Sierra, como representante de la sociedad, solicita las nuevas ampliaciones a sus concesiones que sugiere el informe y el 1 de febrero de 1893 se constituye en Burdeos la Société Civil Française des Charbonnages de l’Esera, figurando en la misma como Administrador delegado de la Sociedad en Madrid.  La sede de la nueva  Sociedad está en Paris y su Consejo de  Administración está compuesto por importantes políticos y militares de ambos paises.

En la primavera de este mismo año, lejos de allí, los ribagorzanos no están por la labor de dichos experimentos mineros, pues la impenitente sequía está acabando con sus cultivos y se suceden las “rogativas por los pueblos de esta católica comarca para implorar del Todopoderoso, por intercesión de sus patronos, el beneficio del agua para los agostados sembrados”. Afortunadamente el agua llega y las romerías se suceden para agradecer al “Altísimo tan señalado favor”. Según los cosecheros se espera una buena cosecha de vino que permitirá pasar esta sequia con menos penas…

Pero no todo son malas noticias pues a finales mes de abril, “están terminadas casi del todo las obras del hermosísimo puente de hierro…de Morillo de Liena...”, de la carretera de Benasque que  lentamente está mejorando los accesos al valle. 

Al margen de estos avances –verdaderamente transcendentes para el devenir de la iniciativa de la sociedad carbonifera-, siguen las discursiones en los medios de comunicación españoles sobre la rigurosidad del informe de Monsieur Magnon y la existencia de tal cantidad de carbón, como él defiende, o la falta de rigor que le achaca Román Oriol –Director de la Revista Minera-. Un nuevo movimiento de la carbonífera promueve la oferta de obligaciones por doce millones de francos y desata nuevas críticas a los dirigentes de la sociedad.


  
Jules Daisson.
Gallica / Bibliothèque Nationale de France

No se conocen explotaciones que avalen la necesidad de ampliación, ni tampoco se ha extraido una sola tonelada de carbón, “ni han dado un solo jornal en la zona”, comenta airado un vecino en un artículo de la Revista Minera. Esta noticia transciende las fronteras, llega a Francia y se publica en un periódico especializado, desatando la polémica sobre el tema. M. Daisson contesta a los opositores, hay diferencias entre los socios y, al final, acaban en los tribunales.

Transcurren varios años sin noticias y es en 1898 cuando, sin mucho revuelo, la sociedad cambia el nombre y se convierte en una sociedad anónima. Jules Daisson conserva el control de la misma y las concesiones. 

Algunos lectores, a estas alturas, se estarán preguntando: Todo esto parece interesante, pero, ¿qué tiene que ver con Seira y su central?. Pues bastante más de lo que podría parecer a primera vista…
M. Daisson, el promotor de todo este embrollo, cree inminente la contienda de su país con Alemania y plantea como tesis lógica que invada a su vecina Bélgica, nada más comenzar las hostilidades, para abastecerse de carbón. Por el otro bando Francia estaría desabastecida de carbón y debería  garantizar, en caso de llegar a esta situación, el suministro del combustible para las dos divisiones, o cuerpos del ejército francés, la 18 y 19, que tienen su localización cerca de los Pirineos. 

Pero, se preguntarán, ¿como piensa transportar el carbón desde las minas a nuestro país vecino?. Pues muy sencillo, con un ferrocarril eléctrico que suba desde Monzón, como un ramal de la vía de Zaragoza-Barcelona y discurra por el valle del río Ésera hasta Benasque siguiendo las directrices de un descartado proyecto ferroviario.



Moliño Dalmau, José, Memoria sobre el Ferrocarril Internacional..., 
Barcelona,1884 / Fundación Hospital de Benasque 

En 1888, José Moliñó Dalmau, ya había desgranado las opciones posibles para conectar los dos paises a través de los Pirineos. En contra de toda lógica y siguiendo las más rancias y caciquiles órdenes, se elige la opción más larga y dificil –el trayecto por Canfranc-. Aparcada queda la opción del Ésera, que es la que plantea Daisson y la que conecta de manera más rápida el Mediterraneo con Francia. En cualquier caso,  el ser el mejor trazado no lo exime de una importante inversión, y de esta manera justifica la sociedad carbonifera la necesitad de esos doce millones de pesetas que ha pedido en forma de obligaciones para poder instalarlo.  

Pero esta no es la única cuestión pendiente para M. Daisson pues necesita unas concesiones hidráulicas que le permitan “alimentar” mediante centrales eléctricas el ferrocarril que sueña. Tras los problemas de su empresa, estos años no ha estado inactivo y  ha vuelto a constituir una nueva sociedad. Ahora se denomina “Charbonnages & Forces Motrices de l’Aragon” o en su versión castellanizada como “Sociedad de estudios de la minas de carbón y Fuerzas Motrices de Aragón (sic)”. Ha refrescado sus contactos con las “fuerzas locales” -con Manuel Camo al frente- y desde el periódico de éste –El Diario de Huesca- elogian los “inteligentes estudios” y “su incansable actividad” para promover “el bienestar [de] esa comarca altoaragonesa”.

Probablemente estas volubles alabanzas las haya escrito el oscense Luciano Labastida, fiel escudero de M. Daisson, que le ha servido para alisar cuantos impedimentos ha encontrado en sus gestiones. La sociedad, con su interesada colaboración, ha solicitado nuevas concesiones  mineras y ya tiene, entre otras, 1.481 hectáreas en Bisaurri. También le han  adjudicado  varios  aprovechamientos hidroeléctricos. Uno de ellos está en el lado francés –de unos 3000 caballos- y el otro, de 6.300 caballos –en los estiajes más bajos-, está ubicado en el río Ésera, y toma sus aguas en la partida denominada Puente Argoné. La casa de máquinas de este salto se ubicará en Argoné, junto al barranco Avechachas. 

Aquí es donde entra en confrontación con los intereses de los promotores de la instalación de la central de Seira. El primigenio proyecto de la misma, realizado por el ingeniero zaragozano Francisco Bastos Ansart, requiere la instalación de varios saltos consecutivos para permitir una explotación rentable. El alto coste de la línea de alta tensión hasta Barcelona obliga a disponer de una potencia mínima a transportar -no menor de 60.000 caballos de vapor- para obtener unos razonables beneficios. Bastos ya adquirió una concesión para dicho proyecto –“El Salto de El Run”- y ha solicitado otra denominada “Puente Argoné” para realizar el proyecto, pero entre ellas, tiene una concesión –la de M. Daisson- que no es suya. 

La concesión de Bastos ha acabado, como ya conocemos, en Catalana de Gas y Electricidad. Las dificultades que ha generado la Primera Guerra Mundial han complicado todo, pero el proyecto sigue adelante. La Sociedad “de las fuerzas motrices de Aragón” no ha tenido la misma vitalidad y su concesión es un mero trámite administrativo. Aún así la Sociedad solicita una ampliación de la misma por ocho años. Le conceden dicha prórroga y así  pueden seguir hasta el año 1918 especulando con la misma.

Los proyectos de Daisson han quedado, como parecía en un principio, en un mero intento especulativo. Ni se ha sacado carbón de las minas, ni se ha construido el romántico ferrocarril eléctrico que debía atravesar el valle del Ésera. Pero mejor que sea Luciano Labastida el que nos explique de primera mano su relación con M. Daisson y el devenir de su sueño:

“un subdito francés…concesionario de las minas de Bisaurri, vino a Huesca con eficaces recomendaciones para don Manuel Camo, de elevadas personalidades de la política y de la banca. Pretendía la formación en el extranjero de una Sociedad constructora de un ferrocarril que permitiese la explotación de la cuenca carbonífera del valle de Castejón. El Señor Camo, aquel hombre extraordinario en cuyo corazón tenían cabida todos los impulsos hacia el bienestar de su tierra; que, experto conocedor de su provincia, se daba exacta cuenta de sus conveniencias y necesidades, le abrió los brazos con su habitual cortesía, prometiendo prestarle cuanta ayuda hubiera menester en aquella gigantesca empresa…Desgraciadamente dejaron pronto de existir el señor Camo [1911] y monsieur Daisson, y el asunto quedó estacionado en el ministerio de Fomento…”



Manuel Camo

Luciano Labastida llega a ocupar el puesto de alcalde de Huesca y  muere el año 1926. La concesión hidroeléctrica de Fuerzas motrices de Aragón pasa a los herederos de los promotores y, años después, en 1918, es adquirida por Catalana de Gas y Electricidad. El año 1946, pasada la Guerra Civil Española, se crea Hidroeléctrica de Cataluña, coge el testigo de la catalana y emprende el proyecto de construcción de Argoné. Dos años más tarde se pone en funcionamiento el primer grupo de la central. Todavía pasará un tiempo hasta la puesta en marcha del segundo grupo. Y tras esta, por circunstancias de explotación, se desmantelará el Salto de Puente Argoné quedando la Central de Argoné como único testigo de los sueños de Monsieur Daisson.



Por José Antonio Cubero Guardiola
Este artículo se publicó en el número 15 de la revista "Els tres llugaróns", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el verano de 2015

miércoles, 21 de enero de 2015

Notas sobre la historia de la central de Seira (13). “La conducta general del elemento obrero”.





“La ley inexorable de la necesidad obliga al hombre a arrancar a la naturaleza, con incesante esfuerzo, casi todo lo que ha menester para subsistir.”

El trabajo es parte indispensable de cualquier actividad humana, primero, al desarrollarlo para la propia subsistencia y, más tarde, cuando le surge la necesidad al obrero, por su propia idea o inducida por elementos externos, de ampliar su patrimonio o necesidades, con el dinero obtenido al trabajar por cuenta ajena. 

Cuando el obrero inicia su relación laboral con el patrono se les supone a uno y a otro “la buena fe”. Desde el medievo, en las ordenaciones que regían las ciudades, pasando por los fueros, hasta las leyes modernas, todas estas relaciones estaban regladas. La existencia de reglas no suponía que las condiciones de trabajo fueran dignas ni razonables. Los cambios en la sociedad y las formas de trabajo, que trajo la revolución industrial en el siglo XIX, fueron el comienzo de la  humanización las mismas. 

Ya lo anticipa el geógrafo anarquista Élisée Reclus en sus escritos: “No habrá tranquilidad en el mundo, ni equilibrio instable en la sociedad, mientras los hombres, condenados en número infinito a la miseria, no tengan todos, después de la diaria tarea, un momento de descanso para regenerar el vigor y mantenerse así con la dignidad de seres libres y pensantes.”

En cualquier caso las leyes, a comienzo del siglo XX, no garantizan nada pues son demasiado permisivas y dejan en manos del contratador el control de la relación laboral. La palabra policía, en una acepción ahora en desuso, describe a la perfección como debe ser esta: “cortesía, buena crianza y urbanidad en el trato y costumbres”. Los manuales de policía industrial editados a comienzos del siglo XX recopilan las condiciones que se deben cumplir en la regulación de las condiciones laborales, el control de huelgas y accidentes y todo lo relacionado con los establecimientos industriales para “impedir los posibles abusos de los individuos en esa orbita de la labor humana”.

Aún suponiendo un férreo cumplimiento de las leyes, no cabe ninguna duda que los responsables de las obras públicas intentan pagar lo mínimo posible y las obras de La Catalana no son una excepción. Las importantes fluctuaciones en los flujos obreros, por la demanda de trabajadores, provoca que las empresas tengan que adaptar, muy a su pesar, los sueldos y las condiciones laborales a las existentes en otras obras coetáneas para evitar el trasvase de personal entre ellas.


Las reivindiciones, aún así, están a la orden del día y  las obras de Seira son un buen ejemplo de ello. El 14 de mayo de 1914 se convoca una huelga que secundan 300 obreros –según los periódicos- y 150 –según la empresa-. Piden “la destitución de todo el personal de encargados y jefes inmediatos y la disminución de horas de trabajo”. En previsión de conflictos se concentran 50 guardia civiles en la zona por orden del Gobernador Civil –y recomendación de la empresa-. Se inicia un tira y afloja y los huelguistas hacen parar a los 580 trabajadores que no secundan la huelga y realizan varios actos de sabotaje para presionar a la empresa. La intervención de la Guardia Civil impide que estos causen daños importantes en instalaciones y materiales. El día 18 se reanudan los trabajos sin que las pretensiones de los obreros sean atendidas. “Los promotores de la huelga son despedidos”. 

No conocemos los motivos que llevan a esta huelga y si las razones tienen justificación, pero nos sorprende que no haya ninguna contraprestación ni modificación de las condiciones laborales. Un antecedente de esta huelga, la de Capdella de junio de 1913, sirvió para mejorar sensiblemente las condiciones de trabajo –que eran absolutamente lamentables- y tuvo una duración similar, aunque, eso sí, tuvo un seguimiento muy importante y entre los promotores había personas de varias nacionalidades. Quizás el origen rural de muchos de los trabajadores de La Catalana y su poca experiencia laboral sea una de las razones del poco éxito de la misma. En cualquier caso es en las grandes ciudades donde está el caldo de cultivo de huelgas y movilizaciones y sus resultados llegan, gracias a los periódicos y la itinerancia de muchos trabajadores, a todos los lugares promoviendo las reivindicaciones como la relatada. 

Una de las informaciones que nos permitirían conocer la idiosincrasia y los orígenes de las personas que participaron en esta obra sería el registro de personal pero infortunadamente no disponemos de esta información y la única fuente son los datos que podemos obtener en los periódicos o publicaciones por accidentes e informaciones. Gracias a estos pequeños retazos podemos intentar recomponer las relaciones que existen entre los obreros y los patronos y los  problemas de convivencia entre ellos y la sociedad local, dejando a un lado la información sobre los accidentes laborales que no es el objeto de este artículo.
Un buen ejemplo de las situaciones laborales que se viven en aquellas fechas lo conocemos gracias al relato del accidente de un joven, del que se desconoce el nombre, que fallece en el montaje de la línea de alta tensión –a  la altura de Puente de Montaña-. En dicho accidente “la víctima no pudo ser identificada por llevar muy pocos días en las obras, representa unos veinticinco años y por un documento que le fue encontrado supónese es natural de Villas de Don Diego (Zamora)”.

Esta lamentable situación nos ilustra sobre las condiciones de contratación,  provocadas, en gran manera, por la falta de documentos que permitan la identificación de las personas de manera efectiva. Esta situación faculta a cualquier persona a ponerse el nombre, apellidos y origen que él decida, ocultando su identidad real. Esta circunstancia y la cercanía del camino de Francia, permite el “refugio temporal de emigrantes y aventureros, y también probablemente de prófugos y malhechores con nombres supuestos.”
No es extraño, por tanto, leer en las noticias de los periódicos de la época discusiones que acaban a tiros y con alguno de los participantes rumbo a Francia.


Todos estos problemas tienen su origen en la costumbre de la época de llevar armas de fuego. El primer incidente con las mismas, relacionado con personal de las obras, ocurre en 1913, cuando Ramón, de 30 años, natural de Liri, fallece de manera accidental al examinar con “un compañero suyo una pistola brow[n]ing [que] se le disparó, entrando el proyectil por la tetilla izquierda y ocasionándole la muerte instantánea". Las indagaciones, según la noticia, apuntan a un suceso fortuito, o un suicidio, pero unos días después se detiene al capataz Laureano como autor de dicho asesinato.

Un accidente similar le ocurre a Manuel, un joven carretero natural de Salillas, “que presta sus servicios en la Catalana de Gas”, junto al Mesón de “Anselmo” cerca de Campo, al colocarse “la faja [tuvo la desgracia] que se le cayera la pistola brow[n]ing que llevaba. Al dispararse el arma el proyectil le produjo una herida calificada de pronostico reservado en la pantorrilla izquierda”. 

No son estos los únicos incidentes con las armas de fuego pues en el año 1918 a José, un “obrero de la Catalana”, de veintiún años, “se le disparó el revólver que llevaba en el bolsillo, resultando herido en el costado.”

A tenor de estas noticias no resulta sorprendente que en una discusión en una tienda de Castejón de Sos uno de los participantes de la misma “sacó una pistola con la que les apuntó” y en el forcejeo por desarmarlo se disparara la misma causando lesiones a uno de ellos. En el juicio “El fiscal calificó los hechos como constitutivos de un delito de lesiones graves por imprudencia temeraria”, y dejando la tenencia de armas sin licencia simplemente como “una falta incidental”.

Una fuente de interés que nos aportan estos artículos es la procedencia de los trabajadores y su actividad. La información más extensa la encontramos en los relatos del accidente del viernes 26 de mayo de 1916, el más grave en todas las obras de La Catalana. Este fatídico día la rotura de una viga de un andamio provoca la caída de todas las personas que están encima. El número de accidentadas y fallecidas se eleva en total a 17. La mayoría de ellos proceden de la provincia de Huesca a excepción de uno, que es de Zaragoza. Cinco son ribagorzanos (dos de Camporrells, uno de Calvera, uno de  Benabarre y uno de Caserras), sietes son sobrarbenses (tres de Palo, uno de Toledo [de Lanata], uno  de Rañiu, uno de Murillo de Monclús y uno de Arcusa), y el resto proceden de poblaciones del resto de la provincia encontrando uno de Albelda, uno de Tamarite y uno de Bespén.


En otros accidentes encontramos datos sobre procedencias más lejanas, como Guadalajara y Castellón. También está documentada, de manera oral en conversaciones con Pilar Jiménez, la presencia de trabajadores de Murcia, que bien pueden haber sido los activistas que han provocado la huelga de 1914, pues son bastante problemáticos, según los comentarios que recuerdaa de su padre, D. Federico Jiménez. En cualquier caso si tenemos en cuenta el número de estos trabajadores de otras provincias suponen una minoría en relación con los que provienen de las cercanas comarcas.

Otro aspecto de la “conducta  obrera” que aparece de manera  señalada entre las noticias de las obras son los robos. Para alojar a los trabajadores la Compañía había habilitado unos barracones, pero algunos trabajadores se alojan en casas particulares en pueblos cercanos a las obras. Pero no todos los hospedados son honrados y José Campo Pallaruelo, un vecino de El Run, que tiene cinco obreros en su casa, denuncia “que le han robado veinticinco pesetas que tenía en un baúl en su casa y un cinto o correa”. Ese mismo día uno de los hospedados, de nombre Castor, de Quintanar de la Sierra (Burgos), es detenido por la Guardia Civil con dicho cinto y diez pesetas.

No llaman la atención estos hechos si pensamos en la forma que tienen en Madrid para librarse de las personas molestas y buscarles trabajo, que es, tal como nos cuenta un periódico de la época, enviar “una expedición de golfos, recogidos en las calles, con la pretensión de que trabajen en las obras de Riegos del Altoaragón. Esta nueva expedición es de 36, y muchos de ellos ancianos  e imposibilitados. Algunos de los golfos regresaron a Madrid el mismo día, y los útiles para el trabajo, en vista de los escasos jornales que se pagan en las obras de riegos, han marchado a El Run, donde les pagan más elevados jornales en las obras de la Compañía Catalana de Gas. El pueblo censura la falta de criterio que supone el envío de gentes inútiles para el trabajo”.


No es el objeto de este artículo el criminalizar la actuación de los obreros de la época sino señalar las actitudes reprobables que tiene lugar en las mismas. Para terminar, el suceso más llamativo de los “accidentes” que tienen lugar en las obras nos describe los daños que sufre Juan, un obrero de Lérida, de veinticinco años, que  “estando este trabajador en sus funciones junto a una máquina de aquellas obras, colocó el brazo entre los dientes del engranaje, para señalar a un compañero suyo el sitio donde estaba una carta [sic] con 1.200 pesetas, que se le había caído. Este fue alcanzado por la máquina con tanta desgracia, que resultó con extenso magullamiento en la parte superior del brazo derecho. Fue trasladado al Hospital. Las pesquisas realizadas para encontrar la cartera que se extravió, resultaron inútiles. Como presunto autor de la sustracción ha sido detenido un “compañero” del herido”.


Como contrapunto de este artículo y explicación, decir que el título de este artículo se ha tomado de un apartado del estudio “Servicios de carácter social en las obras públicas” que realizó el ingeniero de caminos y director de las obras del Pantano de la Peña, Severino Bello Poëyusan. En este excepcional trabajo se describe la conducta de los trabajadores que participan en las mismas, entre otros interesantes asuntos. En los once años que duran las obras que dirige “sólo” cuatro hechos punibles tienen lugar y únicamente en uno de ellos tienen que participar las autoridades. La mayoría de los problemas se solucionan internamente con el despido de los implicados. Una característica que describe el ambiente “verdaderamente ejemplar” de dichas obras, es que una de las soluciones para los conflictos consiste en “descuentos voluntarios” a favor de la cooperativa obrera o el recargo con servicios temporales extraordinarios para castigar las infracciones. Otra circunstancia que nos habla del  carácter especial de la dirección de estas obras es la amonestación que se hace a dos mulateros “por golpear a las bestias y vociferar”.

Por José Antonio Cubero Guardiola




Este artículo se publicó en el número 14 de la revista "Els tres llugaróns", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el invierno de 2014

viernes, 24 de octubre de 2014

Notas sobre la historia de la central de Seira (12). Pilar Jiménez González, una gran mujer.


Martes, 1 de enero de 1918. Comienza el año y nadie, ni en sus mejores sueños, puede imaginar el sinnúmero de eventos -unos buenos y otros no tanto- que va a deparar este año que ahora comienza. La Gran Guerra continúa y los infernales combates siguen dejando un largo reguero de cadáveres. Un día avanzan unos y el siguiente los contrarios recuperan el terreno perdido. El presidente de los Estados Unidos  presenta “catorce puntos para la paz” y su colaboración probablemente, por lo que cuentan los periódicos, será decisiva.


Las obras de la Central de Seira están en su parte más delicada, los ingenieros de Escher Wyss y de Oerlikon ya han llegado, y tienen la tarea de poner en funcionamiento las turbinas y los alternadores. El polvo de las obras de fábrica todavía flota en el aire y grandes cajas con sus rótulos en alemán comienzan a llenar la sala de un multicolor puzzle. El verano no está resultando especialmente festivo para los trabajadores y los turnos se suceden. La sala de máquinas es un continuo tránsito de personas y materiales. En julio han comenzado las pruebas y en agosto -por fin- se sincroniza la máquina número 1 de la central de Seira. El martes uno de agosto, a las 12 y dieciséis minutos, comienza a producir energía la central y mediante la línea eléctrica, recién terminada, parte rumbo a Barcelona.

Tras este importante hito comienza la obra de la central de Puente Argoné, aguas abajo de Seira, para poder seguir aprovechando las aguas del río Ésera en un nuevo salto. Las obras de éste se alargarán todo el año 1919.

La familia Jiménez-González en la comunión de su hijo José. Pilar recordaba: Se hicieron para la comida “doce docenas de huevos hilados”(sic).  En la fila superior (de izq. a der.): Federico Jiménez del Yerro, ?, Federico Jiménez Fernández, Carmen González Fernández, ?, ?, ?, ?,  Josefina Jiménez del Yerro, Josefa del Yerro [y Yerro ?], ?, ?, Venancia. En la fila inferior: ?, José Jiménez González, ?, Lolita Jiménez González, Carmen Jiménez González, ?. Seira ca. 1915.  Colección familia Jiménez-Mateos.

Federico Jiménez del Yerro, ingeniero de Caminos que dirige la obra, hace tiempo que ha realizado los trámites para volver al servicio del Estado. Las obras han tenido demasiados altibajos y ahora su trabajo aquí no tiene demasiado futuro. Con Carmen –su esposa- ha hablado para bajar a Monzón e intentar conseguir un puesto en las oficinas del Canal. Federico cierra sus ojos y sueña con el día que pueda volver a su Madrid natal -al Ministerio-, aunque lo ve lejano.  Sus hijos José, Lolita y Carmen, ya corren alegres por los jardines de su casa.  Su padre, también se llama Federico, con la pipa en ristre, no para de pintar. Josefina, la hermana del ingeniero, sigue con sus achaques.

A comienzos de 1920, ya está la familia Jiménez-González en Monzón. Todavía no ha terminado Federico sus papeles para el reingreso, pero ya están establecidos en la ciudad. Han alquilado una vivienda en la misma casa donde naciera el ilustre polígrafo Joaquín Costa. A pocos metros de esta, en la iglesia de Santa María, el cura párroco Cosme Pueo, bautiza a su cuarto hijo. Le han puesto por nombre María del Pilar y de la Cruz y recibe las primeras aguas de su vida  el día ocho de mayo. Pilar nace –según le dicen al párroco- el día tres, a las cuatro y cuarenta y cinco de la madrugada. Sus hermanos, José  -que ya cuenta catorce años- y Carmen –de once-, hacen de padrinos. Lolita, la más pequeña -con nueve- corretea juguetona alrededor de los asistentes.

No dura mucho la estancia de la familia en Monzón y en 1921 Federico es destinado a Huesca. Allí debe desempeñar el cargo de Ingeniero Director del Pantano de Santa María de Belsué, que está a pocos kilómetros de la capital. Una vez tomada posesión del cargo, la familia Jiménez se instala en el edificio de Obras Públicas, en el céntrico Coso oscense. Es un gran piso distribuido en numerosas alcobas y en su largo pasillo Pilar da sus primeros pasos de la mano de Venancia.

La familia Jiménez-González y la familia Félix-Torres en Seira sobre el año 1922.  De pie: Ramón Félix Surigué, Federico Jiménez del Yerro, sentados, de izq. a der.: Florentina Torres Fumás, Carmen González Fernández, José Jiménez González, en el suelo, Carmen Jiménez González, Pilar Jiménez González, Lolita Jiménez Fernández, María Félix Torres?, Ramón Félix Torres ?. Colección familia Jiménez-Mateos.

La infancia de Pilar está siendo complicada, siempre está enferma. Pero mejor que nos lo cuente ella:


Como yo de pequeña no iba casi nunca al colegio, que era de monjas y estaba al lado de casa, por las mañanas me llevaba Venancia al mercado con ella y los domingos, que en el Olimpia ponían alguna película que yo no podía ver, después de comer Venancia y yo, cuando hacía buen tiempo, nos íbamos a pasar la tarde al convento de la Miguelas que estaba por la carretera de Barbastro


Una vez allí, mientras ella jugaba a las cartas con la hermana portera, yo me entretenía en la huerta, que era enorme, con un perro que tenían muy grande -blanco- que se llevaba estupendamente conmigo. A la vuelta a casa, ya anochecido, si el tiempo había refrescado, Venancia me cogía en brazos y me arropaba con su mantón.

De vez en cuando aprovechan algún viaje de Federico para pasar el día en la tranquilidad del Pantano de Belsué. Su hijo José, que ya pinta bigote, lleva a sus hermanas con una barca por el pantano. A Pilar no le dejan montar con ellos y observa curiosa a su abuelo que no para de pintar en las paredes de los gallineros. Las gallinas y otros animales del corral posan sorprendidos. Unos trabajadores de la obra le traen cartones para que pinte en ellos dibujos. Rápidamente, ante su perplejidad, aparecen reconocibles figuras en ellos.

Me crié como una cabra, veía pasar las matas rodando por el aire junto [a] la casa del pantano –piensa Pilar-.

En verano, Federico tiene el derecho de conservación de la central, y suben a pasar varios meses al chalet de Seira. Pilar tiene la mejor habitación, sobre el comedor, con una gran cristalera frente a la carretera. Allí pasará, hasta cumplir los trece años, los veranos más felices de su vida. Doña Prima -la maestra de Seira- y su marido, pasan interminables veladas con la familia Jiménez en sus estancias veraniegas. 

José, Lolita, Carmen y Pilar Jiménez González.
         Colección familia Jiménez-Mateos
.

Aquellas tertulias hasta que se hacía de noche eran encantadoras aunque yo casi siempre me dormía en brazos de mamá.

De nuevo en la capital, en sus crudos inviernos, Pilar se ponía enferma.  


Siempre invariablemente tenía una gripe con una larga convalecencia, así que sin radio ni tele lo único que tenía para entretenerme era leer y leer. Un año –tendría yo siete u ocho- estando con la gripe y mas aburrida que una mona,  recibí una caja muy grande y al ver lo que contenía me puse loca de contenta ¡cuentos y más cuentos! y una carta de ¡Doña Prima!. Ese año pase la gripe más feliz de mi vida.

Cuenta diez años Pilar cuando una mala caída lleva al hospital a su abuelo Federico. No resiste mucho tiempo y fallece a los 90 años. El pasillo donde tanto paseara con su bata y la pipa escondida en el bolsillo, pierde un habitante.

María Pilar Jiménez González en 1929. Ubicación desconocida. Colección familia Jiménez-Mateos.

Pilar es una niña y su inocencia contrasta con la alegría juvenil de Lolita y Carmen, que ya pasan de los veinte años y salen a pasear por Huesca junto a su hermano José y sus amigos. Pilarín Riazuelo –que tiene la edad de una de sus hermanas- algunos años viene a pasar las fiestas de San Lorenzo a su casa.

Carmen, su madre, de vez en cuando, les encarga que lleven a pasear a Pilar. Esta mira sorprendida como pasean cogidas de la mano de dos jóvenes. La vida discurre apaciblemente cuando un buen día su padre les comunica que ha conseguido una plaza en Madrid. Esta muy contento aunque sus hijos no lo están tanto. Lolita, Carmen y José, que ya han planteado su vida, deciden quedarse en Huesca. El resto de la familia parte rumbo a Madrid. Se instalan en la céntrica calle Fuencarral, a un paseo del Ministerio donde trabaja Federico. Pilar, que ya tiene dieciséis años, es ahora la que pasea cogida de la mano de un joven. Desde la ventana la mira Venancia  -con su saya negra- que sonríe contenta. Es la niña de sus ojos, la vio nacer, y como a sus hermanos, la ha criado y la ha querido como a una hija.
Un fatídico día de julio de 1936 la radio interrumpe sus programas para informar que se ha producido un golpe de estado contra el gobierno de la república. Este ha tenido un éxito irregular y Huesca ha quedado en la zona donde ha triunfado el alzamiento aunque Madrid ha sido fiel a la republica. Esa noche se oyen disparos lejanos. Las calles están desiertas y todos están en sus casas esperando noticias. A Federico le han recomendado que no vaya en un tiempo al Ministerio y que se cambie el sombrero por una boina. Las noticias son confusas y el joven que paseaba con Pilar –Emilio- está en paradero desconocido. La familia Jiménez intenta ponerse en contacto con sus hijos en Huesca, pero los teléfonos no funcionan.

Venancia, como todos los días, baja al mercado, pero algunos productos básicos ya escasean. Al volver mira asustada como pasan un camión con jóvenes armados. A Pilar, que no sale de casa, los días se le hacen muy largos sin noticias de Emilio.

Con todo el calor de agosto una noche suena la sirena y todos se despiertan asustados. Bajan corriendo hacia el refugio cercano unicamente con lo puesto. Allí se reúne la familia Jiménez, Venancia y algunos vecinos. Todos están en silencio en la oscuridad del cuarto. El reloj arrastra sus agujas sin casi moverse. Pilar cierra los ojos abrazada a sus padres y de pronto un gran estruendo la despierta sobresaltada. El llanto de unos niños rompe el silencio y un nuevo estruendo vuelve a repetirse. Todo el mundo espera intranquilo el nuevo impacto.

En mayo de 1938, el día 3, las sirenas suenan nuevamente. Pilar cumple hoy dieciocho años y está mucho más delgada que hace dos veranos. Venancia cambia sus cupones en el estraperlo por chocolate para intentar animarla. Siguen sin tener noticias sobre Emilio y todavía no han podido comunicarse con Huesca, aunque allí siguen la vida ajenos a todos los sufrimientos de Madrid.

Emilio, al final, tras un tiempo en la División Azul, aparece sano y salvo. Se casa con Pilar en 1945 y tienen dos hijos y una hija.


La vida ha pasado muy rápida. En mayo cumplirá Pilar noventa y cuatro años. En Madrid, en su piso de la calle del Acuerdo, tras el largo pasillo de entrada, está sentada en su sillón. Ha abierto los ojos tras una cabezada.  Nuska, su perrita, la ha despertado con sus ladridos. Todo ha sido un sueño. Se toca los ojos y su mano se empapa con sus lágrimas. En su mirada todavía perdura la imagen de Venancia.

Querida Venancia ¿estarás en el cielo con tu cesta de la compra al brazo y tu mantoncito negro?

 
Dulcemente, sin poder evitarlo, vuelve a cerrar los ojos. Venancia, vestida de negro, aparece delante de la verja del jardín de su casa de Seira, como tantas noches, a buscarla. En el Centro proyectan una película de Charlot y su padre le ha prometido que le comprará una gaseosa de pito.

Como entre nubes aparece Federico, el abuelo pintor, que está junto a un lienzo con su paleta, la mira y, sonriendo, la invita a acompañarlo. Alrededor de su caballete corren gallinas y conejos. Su hermano José, aquel que fue alumno del pintor Carlos de Haes, está junto a él, cubierto con su gorra. Federico y Carmen, sus padres, también están allí. Un poco más abajo, en un jardín cubierto de flores, está José con Lolita y Carmen que la llaman.

Al final, ese sueño, que no es tal, termina. Su mirada es serena. Está feliz por una vida plena y una sonrisa la acompaña en la despedida de los suyos en su último viaje.

[Dedicado a Pilar Jiménez González (Monzón, 3-5-1920-Madrid, 11-1-2014), allá donde esté. Su inteligencia y fino humor estarán siempre unidos a sus historias, plagadas de recuerdos y emociones. Tu memoria estará siempre con nosotros.]

 
Por José Antonio Cubero Guardiola




Este artículo se publicó en el número 13 de la revista "Els tres llugaróns", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el verano de 2014. Esta revista apareció, por razones varias, en otoño de dicho año.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Notas sobre la historia de la central de Seira (11). D. Diego Mayoral Estrimiana, ingeniero jefe del Servicio Hidroeléctrico de Catalana de Gas y Electricidad.


En septiembre de 1868 se produce un levantamiento popular que destrona a la reina Isabel II. Comienza una época de inestabilidades políticas y sociales. Tras unos años de gobierno provisional, en 1871, el italiano Amadeo de Saboya reina en España.

En Cádiz, en el Puerto de Santa María, a las diez de la mañana del 21 de septiembre de 1871, nace un niño al que le ponen por nombre Diego José. Su padre, José Mayoral, es natural de Logroño y ejerce de Profesor de Instrucción Primaria en la ciudad. Su madre, Cesárea Estrimiana, es también logroñesa, de un pequeño pueblo -a unos cincuenta kilómetros de la capital- llamado San Asensio y se dedica, como se expresa en aquellos momentos, “a las labores de su sexo” (1).

La familia lleva en la ciudad -al menos- desde 1862, fecha en la que el padre de Diego, José Mayoral Zaldívar escribía en un Periódico local dedicado a la literatura, las ciencias y la educación (2). José tiene un espíritu claramente emprendedor, pues en el año 1864 se embarca como parte de la sociedad “M. Sabino y Cía” para prestar dinero con interés. Esta sociedad tiene una vida efímera y se disuelve rápidamente en el año 1867, pero su actividad no cesa. José, que según otras fuentes ejerce  como maestro de la Escuela Superior, en un intento por ampliar las posibilidades de su escuela, solicita al Ayuntamiento de la ciudad, el año 1870, la creación del “Colegio Español” agregado a la Escuela Pública Superior, donde él ejerce, para impartir “enseñanzas superiores” (3).

Todas estas actitudes –probablemente- influencian al joven Diego desde sus primeros años de vida, pues está inmerso en la escuela y las  actividades de su padre y, seguro, bucea entre los libros de la biblioteca “popular” de la ciudad, recién creada, y de la que su padre es el bibliotecario (4).




Firma del Ingeniero Diego Mayoral, Año 1939, Archivo Histórico del Ministerio de Fomento (AHMF), Madrid.


Aunque no conocemos como es su trayectoria por las escuelas gaditanas, no nos cabe ninguna duda de la importancia de la labor de su padre en su formación y en la preparación del difícil examen de entrada en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Diego termina sus estudios en 1895 y queda el tercero de los 42 titulados de su promoción. Ya finalizada la carrera, solicita hacer las prácticas en su Cádiz natal. Acabadas estas, el Ingeniero de la demarcación, por el gran volumen de carreteras emprendidas por su jefatura le lleva a pedir al  Director General una ampliación del plazo de sus prácticas pues será de reconocida conveniencia la cooperación de un auxiliar de los conocimientos del Sr. Mayoral y de edad tan a propósito para los trabajos siempre rudos y penosos del mar y de las sierras (5).

Tras esta etapa, Diego Mayoral Estrimiana se incorpora al escalafón, pues no olvidemos que en aquellas fechas los Ingenieros de Caminos eran funcionarios del Estado. Es nombrado ingeniero aspirante el día 21 de Septiembre de 1897 y se le asigna un sueldo anual de 2.000 pesetas. Ocho días después conoce su primer destino en la Jefatura de Obras Públicas de Orense. Este no llega a tener efecto y el 19 de octubre se cambia el mismo por la Jefatura de Cádiz, tomando posesión de su cargo el 16 de noviembre del mismo año.

La electricidad está comenzando a utilizarse en alumbrados de ciudades y pueblos e inicia su despegue como actividad industrial. En 1899, Diego Mayoral, viendo este auge,  solicita su pase a supernumerario –una excedencia- para poder ampliar en el extranjero los conocimientos propios de su profesión. Se traslada a Zurich para cursar estudios en su  Escuela Politécnica.

Comienza el siglo XX y el joven ingeniero Diego Mayoral es convocado, por una Real Orden, el 12 de junio (6). Cuenta 29 años y se le encomienda la labor de representar a España en el Congreso de Electricidad que se celebrará en Paris en agosto del año 1900 (7). A este Congreso, en el apartado de ferrocarriles, acude el excepcional Ingeniero de Caminos y matemático José Echegaray, polifacético personaje que resultará galardonado con el Premio Nobel de literatura en 1904.  También participa el oscense Mariano Carderera y Ponzán (8).






Cubierta y portada del libro de Memorias del Congreso de Ferrocarriles, Tranvías y Electricidad de París del año 1900 en el que participó D. Diego Mayoral.


Diego Mayoral en las conclusiones de dicho congreso agradece su elección a la superioridad:

“…por haberme honrado inmerecidamente con la representación del Ministerio de Obras Públicas en este Congreso, haciendo votos por que el modesto trabajo que tengo el honor de presentar, sea de alguna utilidad a las personas que en nuestra Patria siguen con interés las modernas aplicaciones de la electricidad a la industria” (9). 

En enero de 1901 el Director General de Obras Públicas recibe una comunicación para felicitar al Ingeniero Diego Mayoral en los siguientes términos:

“Considerando que el referido ingeniero demuestra  en aquella [memoria] el profundo y detenido estudio que ha hecho de cuantos asuntos fueron tratados en el Congreso…S.M. el Rey (q. D. g.), y en su nombre la Reina Regente del Reino, ha tenido a bien disponer se le manifieste el agrado y satisfacción con que ha visto su importante trabajo y que se le den las gracias en su Real nombre por el acierto con que ha desempeñado la Comisión que se le confirió…” (10).

Un importante hito en la vida de Diego Mayoral tiene lugar en el Puerto de Santa María –según su nieto José Ignacio-, al contraer matrimonio con Carmen Sancho Vernacci. Ella es también del Puerto y vive con unos parientes, pues han fallecido sus padres. No conocemos su lugar de residencia, aunque las primeras noticias de su actividad profesional lo ubican en Sevilla. El año 1907 trabaja en la Sociedad Española Oerlikon, y consta como su dirección la calle Unión número 1 de la capital hispalense (11). Con 37 años constituye en esta ciudad, con otros socios, la Cooperativa de Electricidad (12). En 1910 ejerce de representante de la misma en las nuevas instalaciones y líneas eléctricas (13).


Gracias a las páginas de sociedad del Heraldo de Madrid situamos al matrimonio Mayoral-Sancho en el Balneario de Marmolejo, en Jaén, el verano de 1910 (14). Carmen da a luz en Madrid, el año 1911, al único hijo de la pareja. Le ponen por nombre José, alternando –como hicieran con su padre y abuelo- los nombres de Diego y José.

Ese mismo año 1911, en septiembre, se incorpora Diego Mayoral al Servicio Hidroeléctrico de Catalana de Gas y Electricidad, donde comienza a dirigir los trabajos preliminares del transporte de fuerza Seira-Barcelona (15).




El ingeniero D. Mayoral en el interior de las fundaciones de la Presa de Villanova (identificado por el jefe de la Central en los años 20 D. Miguel Canals Tello) (gentileza Jaume Canals).


Desde estas fechas dirige las obras que “La Catalana” realiza en el valle del Ésera. En Barcelona, organiza los suministros que la gran guerra esta alterando y encareciendo. En sus informes anuales, del estado de la obra, narra la epopeya que está suponiendo la construcción del salto que, año tras año, está retrasando su puesta en servicio. Los problemas de suministro se unen a lo abrupto y apartado de la región, y su escasez de recursos, [que] han hecho necesaria la ejecución de numerosas obras para el desarrollo de las actividades de la compañía (16).

Uno de los obstáculos, en la larga y accidentada carrera de la construcción de la central, es la ardua tarea de convencer a los cerca de 1000 propietarios de los terrenos que tiene que atravesar la línea de alta tensión que unirá Seira con Barcelona. La competencia está realizando una efectiva tarea para conminarlos para lo contrario y así dificultar la puesta en marcha de la misma.
No son estos los únicos problemas con los que se encuentra, y los retrasos con los suministros de los proveedores del país, se unen con las dificultades en el extranjero en la búsqueda de materiales como el acero, el cobre y las tuberías. Estas últimas le traen de cabeza intentando convencer a los aliados –los ingleses- para que les dejen pasarlas por terreno francés, ahora ocupado por los alemanes. En Lisboa tiene “La Catalana”, desde comienzo de la contienda, los aisladores que transportaba un vapor alemán, y no consigue reexpedirlos (17). Pero esto no es más que una parte de la larga lista de despropósitos que dificultan el desarrollo de las obras.

Aunque las dificultades no son solo con los materiales, pues las numerosas obras que simultáneamente tienen lugar en aquellos momentos requieren numerosos trabajadores, y se hacen competencia entre ellas. Aquellos más especializados  se buscan insertando anuncios en periódicos y publicaciones técnicas, como Madrid Científico, que incluye un anuncio para contratar un auxiliar para la Dirección Facultativa de las obras de varios saltos de agua, con residencia en Barcelona. La empresa que realiza la búsqueda no es directamente la contratante, pues encargan a una gestora de personal, Haasenstein y Vogler, dicha labor. El sueldo que le asignan al puesto es de 9.000 pesetas.

Unos meses más tarde aparece en la misma publicación una nota de la persona que ha sido contratada y revela el nombre de la empresa y las características del trabajo. El texto merece la pena transcribirlo pues nos ilustra de la situación en aquellos momentos del trabajo en el servicio Hidroeléctrico:

“…me contestaron de la Catalana de Gas y Electricidad, diciéndome que en principio les convenían mis servicios. Vine, traté y me quedé. Y aquí me tienen  de súbdito del excelente ingeniero de Caminos Sr. Mayoral, estudiando postes, líneas y subestaciones para ir trayendo por lo pronto a Barcelona 30.000 caballos desde el salto del Run, en la provincia de Huesca, con una línea de 250 kilómetros a 110.000 voltios, en competencia con la Canadiense. Tengo entendido que las concesiones de mi Sociedad alcanzan a 100.000 caballos, y de esta capacidad será la estación de reserva que montaremos aquí. Como ven, la instalación es muy interesante, y al lado de Mayoral, que es todo un ingeniero, he de aprender mucho” (18).

Intentar citar, aunque fuera de manera breve, las tareas y proyectos que desempeña Diego Mayoral en Catalana de Gas es una tarea ímproba que se aleja del espacio y de la intención de este texto. En cualquier caso, su figura resulta imprescindible para entender los avances y el desarrollo de la industria eléctrica y, por tanto, no es extraño que participe, el año 1924, en The first World Power Conference, en Londres. Su ponencia Algunos aspectos de las empresas hidroeléctricas modernas, acompaña a las de importantes ingenieros como Pedro González Quijano –jefe del servicio técnico del Consejo de la Energía español- (19) En su exposición, Mayoral, expresa sus opiniones personales basadas en la experiencia adquirida en numerosas instalaciones realizadas durante los últimos veinticinco años, y muy especialmente en las de Catalana de Gas y Electricidad de Barcelona (20). En esta ciudad tiene lugar una sesión especial de la Conferencia Mundial de la Energía el año 1929 y es nombrado Presidente del Comité Local organizador la misma.



Imagen de D. Diego Mayoral publicada por la revista de la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro, Zaragoza, junio 1929, número 24. (Fondo Fotográfico de la Confederación Hidrográfica del Ebro.)

Ese mismo año cierra su trayectoria en la empresa privada tras dieciocho años en “La Catalana”. En una carta se dirige a sus subordinados agradeciéndoles su eficaz colaboración gracias a la cual debo el haber llevado a feliz término una obra erizada en ocasiones de dificultades de todo género, representativa de un noble esfuerzo colectivo y de un deber cumplido, por el que todos debemos sentirnos satisfechos. Los empleados que habían estado a su cargo le agradecen esta confianza y le dedican un libro con las firmas de todos ellos –unas 327- como testimonio de agradecimiento a su carácter noble y bondadoso, y de admiración por sus excepcionales cualidades y vastos conocimientos (21). Tras esta etapa termina, el 15 de febrero de 1930, la excedencia que comenzó en 1899, para viajar a Suiza. Pasa al servicio del Estado y un año después es nombrado Jefe del Comité Técnico de electrificación de Ferrocarriles, importante cargo al que siguen otros muchos como Inspector Regional o Presidente del Consejo de Obras Hidráulicas.

No sólo es reconocida su trayectoria profesional en España, pues su trabajo y trayectoria traspasa las fronteras y es invitado a congresos (probablemente las nuevas ediciones de la World Power Conference) en Alemania y Suecia (22) –nos cuenta su nieto José Ignacio-. Pero la salud, ajena a todo reconocimiento, le pasa factura por los trabajos durísimos, principalmente en el periodo 1911-1929 en los Altos Pirineos de Huesca (23). A estos problemas se unen los provocados por la guerra civil. Pasada esta, en septiembre de 1941, se jubila a los 70 años de edad. Esta circunstancia no le impide seguir manteniendo una fluida relación con el negocio eléctrico y en 1945, al crearse la Empresa Nacional de Electricidad, S.A. (ENDESA), es nombrado Vicepresidente del Consejo de Administración (24) bajo las órdenes del primer presidente de la entidad, el excepcional ingeniero, Esteban Terradas. Sin apenas tiempo para disfrutar de este cargo, pocos días después de su 76 cumpleaños, fallece en su casa de Madrid.

(Me gustaría agradecer a José Ignacio y Diego Mayoral Elizagárate, nietos de Diego Mayoral, y a Carmen Gil-Casares -nieta política- toda su colaboración y amabilidad. También a Jaume Canals i Casabó hijo del jefe de la central Miguel Canals, que posibilitó, con las postales de su padre, el primer reconocimiento de la imagen de Diego Mayoral).

(También es necesario expresar mi agradecimiento a Conchita Pintado, del Archivo del Ministerio de Fomento, y Marta Buñuel, de la Biblioteca del Senado, por sus eficaces respuestas.)

Por José Antonio Cubero Guardiola
Este artículo se publicó en el número 12 de la revista "Els tres llugaróns", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el invierno de 2013.

Notas
(1) Archivo del Ministerio de Fomento (AHMF), Madrid, Legajo 5460, Expediente personal de Diego Mayoral Estrimiana.
(2) Herrera Rodríguez, Francisco, La información científica en revistas gaditanas de la segunda mitad del siglo XIX, Revista Llull, vol. 18, 1995, 93-111. [En línea, Dialnet].
(3) Gómez Fernández, Juan, Formar hombres de bien. La enseñanza en el Puerto de Santa María en el siglo XIX, Universidad de Cádiz, 2006, p. 151.
(4) Gómez, 2006, p. 105.
(5) AHMF, Legajo 5460, Carta del Ingeniero Jefe de Cádiz al Director General de Obras Públicas, Cádiz, 3 de Junio de 1896.
(6) Noticias. Telégrafos, La Energía Eléctrica,  Madrid, 6 de julio de 1900, nº 1, p. 16.
(7) Congresos internacionales de ferrocarriles, tranvías y electricidad celebrados en Paris en el año de 1900. Memoria del delegado del Gobierno Español Don Diego Mayoral. Madrid, 1900. [Biblioteca del Senado. Gentileza de Marta Buñuel]. 
Tras la consulta de las imágenes enviadas desde esta biblioteca tuve la oportunidad de encontrar el libro original y allí obtuve las imágenes del artículo.
(8) Hijo del pedagogo Mariano Carderera y Potó. Autor de un libro sobre Taquimetría en 1877. Huesca, 1846-?, 1916. Número uno de su promoción (1870).
(9) Congresos, 1901, p.256.
(10) AHMF, Legajo 5460, Carta de agradecimiento por los servicios prestados en el Congreso de Electricidad de Paris, Madrid, 15 de enero de 1901.
(11) Anuario técnico e industrial de España, Madrid, 1911, 1ª edición, cuarta parte p. 93.
(12) Historia de la Banca en Andalucía 1780-1936. http://bancaandalucia.blogspot.com.es/2011/02/utrera.html [En línea].
(13) Notas Varias, Línea de transporte, Madrid científico, Madrid, 10 de noviembre de 1910,  nº 684, p. 19.
(14) Playas y Balnearios, Marmolejo, Heraldo de Madrid, Madrid, 16 mayo de 1910.
(15) Carta de agradecimiento a los antiguos empleados de CGE, Barcelona, 15 de abril de 1929. [gentileza de José Ignacio Mayoral Elizagárate].
(16) Servicio Hidroeléctrico, Memorias de las obras ejercicios 1913-1920, Memoria 1914. Archivo Histórico Fundación Gas Natural-Fenosa  (AHFGNF), Sabadell.
(17) Servicio Hidroeléctrico. Memorias de las obras ejercicios 1913-1920, Memoria 1914 (AHFGNF).
(18) Los ingenieros y los anuncios, Madrid Científico, Madrid, 15 de octubre de 1913, n. 790.
(19) González Quijano, Pedro M., Avance para una evaluación de la energía hidráulica en España, Madrid, 1932, p. 11.
(20) González Quijano, Pedro M., Colaboración española en la Conferencia internacional de la Energía, Londres, Revista de Obras Públicas, número 2414, p.  359.
(21) Los empleados y obreros del Servicio Hidro-Eléctrico de la C.G.E. a Don Diego Mayoral con todo el afecto a que se ha hecho acreedor en la dirección del mismo. [ Gentileza de José Ignacio Mayoral Elizagárate].
(22) Probablemente sean la segunda edición de la World Power Conference de Berlin 1930 y una reunión sectorial en Estocolmo.
(23) AHMF, Legajo 5460, Carta informando al Ministerio de un problema de salud, Madrid, 21 de febrero de 1937.
(24) Anés y Álvarez de Castrillón, Gonzalo, et al., Endesa en su historia (1944-2000), Madrid, 2001, p. 67.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Joaquín Costa, la Sociedad Extractora de Barbastro y otras industrias




(Real Cédula...,1746) Biblioteca Virtual de Aragón

Las industriosa ciudad de Barbastro.

“…es bien notorio, y manifiesto el atraso, y miseria, que experimenta, y padece el Reino de Aragón, sin tener al presente más recurso que los Frutos, que con abundancia logra, aunque con el desconsuelo de no poder venderlos por falta de Comercio”.

En estos términos se da noticia de la situación de Aragón el año 1746.“Cada día se aumenta la pobreza y despoblación”, continúa la Real Cédula (1). Fruto de esta iniciativa y del empuje de algunos aragoneses ilustrados e ilustres, comienzan a despegar importantes iniciativas para la construcción de canales, riegos e industrias por toda la geografía aragonesa.

Los resultados de estas acciones son bastante irregulares y una buena parte de las inversiones se quedan en la capital. Unos años más tarde, en 1777, tenemos referencias de la importante industria que se ubica en Barbastro. El partido tiene una gran producción de seda que se manufactura en la ciudad por los “Maestros Tafetaneros, que se encargan de dicha tarea y fabrican pañuelos, tafetanes –pañuelos de seda- y algún terciopelo”. Para la transformación de la lana hay “once telares de bayetas y cordellates –tejido basto de lana-“ y telares de cintas y paños (2). Las industrias de la ciudad también fabrican cordeles y son muy destacables sus tenerías. Aunque, no menos importante, las fértiles vegas del Somontano también producen vino y aceite, que proporcionan magníficas cosechas -los años buenos que la langosta y las riadas no azotan los campos-.

Unos de los primeros censos de población que se realizan del conjunto de España, el año 1797, nos da cuenta del tamaño de la ciudad que tiene 1.365 vecinos. Huesca, para hacerse una idea, tiene 2.127 y Zaragoza 8.315. (Para calcular la población real –de manera orientativa- deberíamos multiplicar estos valores por cinco) (3). El Reino de Aragón entero (4), en esa misma fecha, tiene 657.376 “personas” y el vecino Principado de Cataluña 858.818. Interesantes valores que nos indican la importancia de las grandes ciudades aragonesas, como Barbastro, y su importancia en relación con la capital del Reino y sus vecinos.

A comienzos del siglo XIX sigue pujante la industria de la seda y a ella “se dedican más de 60 casas” (5). La actividad industrial y agrícola permite, en el año 1843, que la ciudad tenga una importante actividad social y esta propicia la edición de un periódico en la ciudad: “La Atalaya”. En 1845, según nos cuenta Madoz, no ha decaído la industria de telares, tejidos y lozas, si bien “se ha disminuido algún tanto el número de talleres”. Los molinos y batanes, parte importante de la economía, se encuentran (6) “en estado floreciente y de adelanto conocido”.

La población, fruto de la actividad industrial, ha crecido bastante estos últimos años y entre los nuevos habitantes se encuentra la familia Rubio, que se instala en la ciudad de Barbastro, procedente de Huesca. Tiene su origen en  Torrijo de la Cañada, junto al río Manubles, en Zaragoza. La familia la compone Eugenio Rubio, el cabeza de familia, con su mujer e hijas. Tienen también un hijo, Hilarión Rubio González, que ha ido a estudiar a Barcelona. A la vuelta desempeñará la labor de Arquitecto aunque parece que no tiene el título (7).


Proyecto de un batán en los términos de la ciudad de Barbastro, ca. 1856,  Archivo Histórico Provincial de Huesca, Obras Públicas 373.

Junto al río Vero hay instaladas fábricas para aprovechar la fuerza de sus aguas. Algunas de ellas se dedican a transformar trapos, seda y lanas en tejidos. Para ello necesitan deshacer los paños y la lana. Esta es una dura tarea -que se denomina abatanar- y para realizarla se utilizan artefactos mecánicos denominados batanes. El barbastrense Bartolomé Argente pretende construir un batán, que utilizará para estos cometidos, en las tierras de su propiedad. Como fuerza motriz ha pensado utilizar las aguas del río Vero, pues discurre al lado de sus fincas. Aprovecha una corriente  denominada “la Raviosa”. Hilarión Rubio, el “arquitecto” se encarga de estudiar la  mejor ubicación, sus necesidades y le escribe una memoria que acompaña con planos para construirlo. En la introducción, donde demuestra una cuidada prosa, diserta sobre la situación de las industrias en España y, más concretamente, en la Ciudad de Barbastro;

 “Reconocida por todos la necesidad de dar vida a la industria de nuestra Nación, ya sea propagándola, ya desarrollándola allí donde haya empezado a florecer, debemos convenir igualmente, en que cuando uno o más particulares promueven empresas que al objeto se dirigen, adquieren un mérito para con el público que los hace dignos de la mayor consideración y acreedores a la protección más decidida,  dentro del círculo de la ley. No es artefacto un batán que pueda aspirar a la gloria de ocupar un lugar en nuestra industria, pero no deja de ser un componente, y como tal, comprendido en todo lo que en general se diga respecto del ramo de que forma parte. La ciudad de Barbastro, cuyo espíritu fabril se va desarrollando de pocos años acá  de una manera inesperada, recibirá con aprecio ésta nueva contribución que,  precursora sin duda de otras muchas, llevarán entre todas el nombre de la Ciudad con su comercio a los más apartados  ángulos de la península.” (8).


Firma de Hilarión Rubio, autor del proyecto del batán de Barbastro, ca. 1856,  Archivo Histórico Provincial de Huesca, Obras Públicas 373.

En Madrid, donde se deciden los designios económicos que comenta Hilarión, hay una persona muy cercana a Barbastro que ha sido elegido Ministro de Hacienda. Corre el año 1855 y Pascual Madoz, aquel joven venido de Pamplona que estudió en los Escolapios en 1820, es la persona que se encargará de dirigir la economía española (9). El mismo año de su elección como Ministro ve la luz la ley de desamortización de propios –más tarde conocida como la desamortización de Madoz-. Esta, como las anteriores desamortizaciones que se han hecho desde la de Godoy, el ya lejano 1798, o la de Mendizábal, en 1836,  pretenden expropiar y poner a la venta bienes privados, de la iglesia, de los conventos, o de propios –los pertenecientes a la ciudad- para recaudar dinero para las maltrechas arcas del Estado.

Pascual Madoz defiende el proyecto de ley ante las Cortes explicando la necesidad de la misma pues, según sus palabras, tras los “errores cometidos en una larga serie de años, la nación española ha podido reponerse de las desgracias consiguientes a la guerra civil [y] si ha conseguido verdaderos progresos materiales y aumentado la riqueza distribuida en mejores proporciones, [es] debido principalmente sin duda alguna al sucesivo desestancamiento de la propiedad” (10).

Afectadas por la desamortización, sólo en Aragón, hay más de veinte mil propiedades (11). Entre ellas encontramos en Barbastro un “batán derruido” que en 1856 sale a la venta por 48.000 reales de vellón y lo compra Lorenzo Bernardini. También, en la lista de propiedades, aparecen tres molinos harineros, dos de ellos los compra Juan Plana y otro –el Molined [sic]- por el citado Lorenzo Bernardini [sic]. En el listado encontramos además dos molinos olearios, un tejar, una posada y el edificio del pósito –lugar donde se guardan las semillas de cereales para prestarlas a los pequeños agricultores- (12).

Las ventas del patrimonio de propios, tienen su lado negativo pues los ayuntamientos –propietarios de estos bienes- y por ende los habitantes de la ciudad, beneficiarios de estos, dejan de ingresar el rédito que proporcionan estas propiedades y permiten emprender obras a costa de ellos. Otro resultado se obtiene en las arcas nacionales pues ingresan  una importante cantidad de dinero como resultado de dichas ventas y, gracias al sistema de pago a plazos, de muchas de las señales de propiedades que no terminan de enajenarse (13).

No obstante, la venta de los bienes desamortizados esta pensada para recaudar y nadie se ha planteado hacerlo bien. A la hora de escriturar, por ejemplo, la falta de datos sobre las cargas de las propiedades provoca que los nuevos dueños se encuentren, sin ellos saberlo, con unas obligaciones que no habían quedado contempladas en la escritura de venta y, lógicamente, no quieren hacerse cargo de ellas. Este es el caso del Molined –el actual Moliné- que, tras formalizar su nuevo propietario Lorenzo Bernardín, una hipoteca para las reformas “por su mal estado de conservación” es declarada nula la venta tras denunciarlo el Ayuntamiento por no limpiar el azud de Poyet y su acequia, de donde coge el agua. De esta carga, que no estaba escriturada, tienen que pasar cerca de 10 años de la compra para que se llegue a un acuerdo distribuyendo salomonicamente la misma; el azud lo limpiará el dueño del molino y la acequia el consistorio (14).

Pese a estos problemas y los enrevesados trámites de las compras, estas ventas han provocado cambios, directa o indirectamente. Se comienzan a modernizar muchas industrias, pues los nuevos propietarios están ampliando y modernizando las vetustas instalaciones, sustituyendo las antiguas turbinas de ruedas de madera por otras más modernas que accionen sus industrias y molinos. Los periódicos locales se hacen eco “con gran placer”  del “vuelo que toma en nuestra Ciudad la construcción de numerosos y bellos edificios privados, almacenes y fábricas” (15). Para la feria de este año se espera a “un comisionado alemán” que, supuestamente, proyecta una “fábrica de hilados en los términos de esta ciudad” (16).

Son varias las fábricas de la ciudad que producen sedas “poco conocidas…porque las fábricas de hilar con vapor se han introducido hace pocos años; pero sus productos reúnen condiciones tan buenas como las más apreciadas de España” (17). En la Exposición General de 1857, que se celebra en Madrid, en su apartado de agricultura, participan con sus madejas de seda, la barbastrense Manuela Altaoja,  Viuda de López (18),  y Joaquín Mediano, obteniendo, los dos, una medalla de bronce.

Quizás por toda esta actividad económica que generan estas fábricas, los proyectos, las modernizaciones y el propio comercio, en el año 1862, se establece en la capital de la provincia un banco para agilizar las transacciones de comerciantes y fabricantes. Un selecto grupo de propietarios de Huesca abre las oficinas de un banco de depósito y descuento llamado Crédito y Fomento del Alto Aragón. El funcionamiento  de este banco permite depositar a sus clientes un dinero en él y el banco se encarga de pagar y cobrar a cuenta de ellos. Es la forma de trabajar de la época y la instalación de dicha entidad supone un importante hito, pues tan sólo existen 27 ciudades en España que dispongan de una entidad como esta. El capital lo componen 12 millones de reales en  seis mil acciones de dos mil reales cada una. El comerciante barbastrense  Vicente Fuste posee una importante participación de cien acciones y Agustín Bizcarra, de Selgua, también participa con la misma cantidad (19).


Detalle de la acción del Banco Hipotecario de Barbastro, 1866, Gentileza de Francisco Molina.

Corre el año 1863 e Hilarión Rubio –el proyectista del batán de Argente- se casa con la grausina Aniceta Romero. Probablemente se hayan conocido en Barbastro pues su familia está instalada allí. Hilarión, que tiene grandes aspiraciones,  ha conseguido la plaza de Arquitecto en el ayuntamiento de Huesca y, ese mismo año, la joven pareja se traslada a vivir a la capital.  Allí sigue haciendo proyectos y no le va nada mal. Viven en una zona nueva de la ciudad, en la calle Vega Armijo (20). Ahora está ocupado en la restauración del castillo de Montearagón. Aniceta recibe una carta de su familia en Graus, pues un pariente lejano, grausino de adopción,  quiere trabajar en Huesca y  han pensado que puede ir allí para recomendarlo.  El joven se llama Joaquín Costa  y se presenta en Huesca el 7 de diciembre de 1863 (21).


Retrato de Joaquín Costa a los 24 años. Colección José María Auset Brunet. (Del libro “La imagen de Joaquín Costa”, Huesca, 1996).

Los trabajos de Joaquín Costa.

Joaquín es contratado, como chico para todo, en casa de Hilarión. Comienza a trabajar, no sin disgusto, en una fábrica de jabón que éste tiene con otros socios (22).  Aunque tan pronto lo encontramos de albañil en las obras de restauración en el castillo de Montearagón (23) o ensillando el caballo al tílburi (24) –con grandes problemas y sufrimientos- (25).  Si hay una palabra que pudiera definir esta parte de su vida, donde compatibiliza estas actividades “laborales” con sus estudios –sacando excepcionales calificaciones-, esta es sufrimiento.

Costa, al margen de sus penurias, considera a Hilarión como su protector y en su pensamiento no le cabe la manera de pagar el interés que está mostrando por él. Éste, que probablemente ve a Costa como un perfecto colaborador, sigue con sus proyectos y viajan juntos, en Semana Santa del año 1865, a Pertusa para replantear la acequia molinar de Ordás y Foncillas (26). Continúan las obras de Montearagón y allí lo encontramos en verano, con grandes ganas de aprender el oficio de albañil.

Comienzan el nuevo año -Hilarión y Costa- inmersos en nuevos proyectos. Uno de ellos es el Mercado de Huesca, “que tanto quehacer nos ha dado” (27). No pasan muchos días cuando aparece en la prensa local la noticia de un concurso para cubrir doce plazas de artesanos albañiles para la Exposición Universal que se celebrará en París el próximo año 1867 (28). Costa ha acumulado una importante experiencia como albañil estos años y se plantea participar en el mismo. Gracias a Hilarión consigue una recomendación de Manuel Camo –el cacique local- y de Mariano Carderera, que está en Madrid, y le intentarán ayudar.

Al cabo de un mes ya está Costa en Madrid para participar en la selección de pensionados. Es la primera gran ciudad que visita y le sorprende “la grandeza de las construcciones”. La paciencia no es una de las cualidades del joven Costa y pasa el tiempo  estudiando para no sufrir por la corrupción y la malicia que se encuentra. Más de un mes debe permanecer allí para las pruebas y cuando llega a Huesca nuevamente, en su diario, escribe “tuve los ejercicios …que me salieron a las mil maravillas. Me felicitaron algunos jueces y algunos espectadores y me dieron esperanza” (29).

Gracias al buen hacer de Costa y a la señalada colaboración de Carderera, después de salir el número trece, el 6 de febrero recibe un telegrama comunicándole que ha sido seleccionado con el número 11. Costa, que cuenta veinte años, probablemente, no es consciente de la oportunidad que se le presenta y de la magnitud que tiene la Exposición que está a punto de ver, pero está dispuesto a aprovecharla. No ha pasado ni un mes cuando viaja a París y, nada más llegar, comienza a recopilar información y materiales. Escribe a sus amigos de Huesca y estos le contestan animándole a publicar sus notas en “un periódico de la provincia” (30).

No es esta la única proposición que le hacen a Joaquín Costa, pues su su tío -el grausino José Salamero Martínez- le ha invitado a publicar unos artículos sobre dicha Exposición en el periódico “El Espíritu Católico”  que ha fundado y dirige. En marzo de 1867, se comienza a publicar, en el apartado de Variedades del periódico, una serie de artículos titulados “Revista de la Esposición” (sic). Allí Costa narra sus vivencias, según el encabezamiento, como “Corresponsal de París”. Describe vehementemente las innumerables novedades y descubrimientos que se presentan en dicha Exposición. La narración tiene también su parte divertida al narrar, en tono jocoso, que hay quien hace casi de todo, incluso el que “introdujera sesos en los cráneos que de ellos están faltos, y en este caso, tendría gran despacho, a no dudarlo” (31).

Podemos imaginarnos la impresión que le provoca París, que cuenta en estos momentos, según sus propias palabras, con “dos millones de almas” (32). Aunque, con sus poco más de veinte años, no sabemos que despierta más su admiración, si las superlativas dimensiones de la Exposición y los 150.000 metros cuadrados -15 hectáreas- de su pabellón central –sin incluir todos los recintos secundarios- o sus más de 50.000 participantes de todos los países del mundo. Entre estos no podemos olvidar la representación de la comunidad aragonesa con 95 participantes, presentando sus  productos agrícolas y los fabricados por las industrias extractivas y de transformación aragonesas (33).

En cualquier caso, entre la amplia variedad de artes y actividades que se muestran, uno de los aspectos que despiertan el interés de  Costa son las edificaciones y en su libreta de viaje anota todo lo que se refiere a los métodos constructivos, materiales y diseños. Plasma sus vistas en trabajados dibujos, para documentar todo, aunque centra su interés en las viviendas obreras. En la Exposición tiene la oportunidad de ver las mismas, “ejecutadas al natural” (34). Con sus planos y toda la información recopilada escribe una serie de artículos titulados “Habitaciones de alquiler barato” que envía a la Revista de Caminos Vecinales, aunque no llevan su firma, sino la de su jefe, Hilarión Rubio (35).  

La Sociedad Extractora de Barbastro.

A comienzos de septiembre de 1867, León Romero, el acaudalado barbastrense, viaja a París. Está emparentado con Hilarión Rubio -en un grado que desconocemos- desde su boda con Aniceta (36). Ha ido a la Exposición de París, entre otras cosas, para hablar con Costa sobre una fábrica para la extracción de aceite del orujo. Esta industria, que probablemente conoce por él, le interesa para obtener aceite para la fábrica de jabón de Hilarión. Aunque no está claro en este momento, el barbastrense será el socio económico de la  Sociedad Extractora de Barbastro. León le encarga –pues ha perfeccionado mucho su francés en su estancia en París- que se interese por el proceso y obtenga toda la información posible sobre el coste del mismo.


Patente nº 20.048 para extracción de aceites por Édouard Deiss, Apr. 27, 1858, U.S. Patent and Trademark Office (USPTO).

Unos días más tarde, el 9 de agosto de 1867, Joaquín Costa parte rumbo a Marsella. Ha quedado allí con el fabricante e inventor Édouard Deiss (37) para hablar sobre su proceso de extracción de aceite. Deiss no es demasiado amable –según la opinión de Costa- y no le deja muy buena sensación, pero lo importante es que ha visto funcionar el invento, todo parece real y  obtiene aceite. A Joaquín, que no va sobrado de dinero, le ha parecido una idea atractiva participar en la Sociedad y ha pensado invertir  los ahorros que está haciendo en su estancia en la Exposición Universal de París.

El proceso que ha patentado Deiss, según éste, obtiene más aceite, de un 16 a un 18 por ciento más, que con las prensas de viga y otros métodos. El aceite es “bello y limpio” y si se utiliza quemado, al ser más fluido, da un 20 por ciento más de luz y más rendimiento. Todos los métodos de extracción utilizan un producto, el Sulfuro de Carbono, que puede ser peligroso por las sustancias que contiene y por su inflamabilidad. Afortunadamente, en el proceso Deiss, los aparatos de generación de esta sustancia están a la intemperie y al obrero, según el inventor, “no le molesta en lo más mínimo el sulfuro” (38).


Tratado práctico de la extracción del aceite de los orujos…por Gumersindo Llofriu, Madrid, 1904.

La operación para sacar el aceite “de un grano oleaginoso cualquiera” comienza reduciendo el grano a polvo. El método de extracción, explicado de una manera sencilla, consiste en hacer pasar  el [bi]sulfuro de carbono por el polvo de la semilla, que se encuentra en el extractor –izquierda del dibujo, con la letra B- donde el sulfuro se combina con el aceite y lo arrastra. En un destilador  -un alambique, para entendernos-, situado a la derecha de la imagen con la letra D, se calienta el aceite obtenido y se evapora el sulfuro, pues hierve a una temperatura de 48 grados centígrados, y éste se condensa en el serpentín –centro de la imagen, letra C-, cayendo por un tubo hacia un depósito –en el centro, abajo, con la letra A- donde se guarda para nuevas operaciones. Una ventaja reseñable del método Deiss, dado el alto precio que tiene el sulfuro antes de su fabricación masiva, es la gran recuperación de éste.


Diagrama del proceso Deiss de extracción del aceite del orujo (se hace referencia en el texto), Llofriu, 1904.

Costa deja Marsella el 12 de agosto, pasa por Barcelona y tras algunos problemas por “la proximidad de revolución” llega Barbastro. Va camino de Graus y en su diario anota emocionado; “con qué placer atravesaba las calles de Barbastro” (39). Pasados unos días se ve en la ciudad del Vero con Hilarión Rubio y Manuel Bescos y con ellos regresa a París, pues comienza su semana de servicio en la Exposición a primeros de septiembre.

El grupo oscense visita a un ingeniero mecánico para gestionar los aparatos de la Sociedad pero ninguno de los tres tiene dinero para pagarlos y deben pedir “dineros a Barbastro y…no quisieron enviar, diciendo que ya no querían tal negocio”. Costa duda del éxito de la Sociedad e intenta disuadir a Hilarión, pero este busca denodadamente alguna industria “para aplicar a Huesca” (40). Convencidos de no seguir con la compra de los aparatos de la Sociedad, entablan contacto con un ingeniero francés y la cuestión, valorada en seis mil francos, vuelve a la palestra. Todavía no han llegado “los dineros” de Barbastro y, a mediados de octubre, regresan Hilarión y Bescós.

A mediados de noviembre contestan “los de Barbastro” probablemente convencidos por Hilarión y “dando el sí a la Sociedad”. Costa le envía una muestra de “bisulfuro carbónico” para que hagan ensayos con el cospillo. Este, a recomendación del ingeniero, adquiere “instrumentos y productos químicos” y constata que han sido “sencillamente engañados” (41), pues no era “un pozo de ciencia química” como decía.

Termina su estancia en París el joven Costa -sólo cuenta con veintiún años- y ya le esperan en Huesca para tomar decisiones sobre la Sociedad. Al final se decide comprar los aparatos “del cospillo” y construirlo en Zaragoza. La elegida es la Fundición Averly que ha patentado (42) una versión mejorada del método productivo de M. Deiss y telegrafían a la fábrica para concertar una cita y gestionar el pedido. Pero les falta un lugar donde ubicar la industria y a finales de año vuelve a Barbastro y con los hermanos Tomás y Pepita Cosín Fuentes, buscan un local para “el aparato” (43).


Portada del libro de Joaquín Costa sobre la Exposición Universal de 1867, Archivo Histórico Provincial de Huesca, Archivo Joaquín Costa, Caja 121, Carpeta 114.15.

En enero de 1868 comienza Joaquín Costa a escribir el folleto sobre la Exposición de París -su actividad es frenética- y lo termina en febrero y “se dio principio a su impresión el 19 [de] Marzo, y al público los primeros días de Mayo” (44). Muchas de las notas que componen el mismo estaban escritas en “puntos diversos del Campo de Marte” –donde se ubicaba la Exposición-. Los diferentes elementos mostrados en la misma y “la ausencia de alguna cosa” despiertan en su memoria “recuerdos tristes” e inspiran las “ideas concretas que hemos querido dejar apuntadas para que no se olviden”. Con este planteamiento organiza el libro, que consta de tres partes, y busca, en primer lugar, las causas del atraso de España, analizando todos los factores que a su juicio le afectan. La instrucción pública, las comunicaciones  y “nuestra clase obrera” son objeto de su incisiva mirada, entre otros interesantes temas. En la segunda parte, más cercana a nosotros, disecciona el “Estado de la provincia de Huesca” y su porvenir.


Verso de la portada del libro de Joaquín Costa sobre la Exposición Universal de 1867, con sus notas manuscritas, Archivo Histórico Provincial de Huesca, Archivo Joaquín Costa, Caja 121, Carpeta 114.15.

Pero Costa no se limita a analizar lo visible y constatar la “población escasa, [la] industria menguada” o la “agricultura bastante atrasada” (45) de la provincia. El texto aporta sus soluciones, las  ideas que, de manera visionaria, enmendarán los problemas planteados y regenerarán la provincia para avanzar, dejando atrás todo aquello que años de ostracismo y caciquismo han provocado. Para ello plantea potenciar la industria merced “a la abundancia de ciertas materias primeras [sic]” y “la baratura de los motores [hidráulicos]”, que permitirán “multiplicar las fábricas de harinas”, entre otras industrias. Muchas son las mejoras referentes a la  agricultura y la ganadería que propone, pero quizás la “exposición provincial agrícola y pecuaria” es, por sus resultados mayores que “veinte años de predicación en la prensa”, el asunto que centra una buena parte de la interminable lista de sus propuestas.

A mediados de 1868, no son éstos las únicos asuntos de interés para Costa, pues la nueva fábrica de extracción de aceite va tomando forma. Están montando el generador que alimentará el proceso. Costa, hombre de poca paciencia, sufre con la lenta evolución del  montaje de las máquinas. Quizás sea porque sabe que cuando esté montada la fábrica será él el director y se hará cargo de ella (46) y está deseoso por comenzar la actividad.

Dura poco su alegría pues las pruebas no son demasiado satisfactorias y las maniobras son muy lentas. Para complementar el éxito han tenido dos incendios y si bien no han tenido daños personales, se han perdido grandes cantidades de bisulfuro. Costa es  consciente de la toxicidad de éste y señala: “lo menos dos años de vida hemos perdido…Dos años digo…¿y no más?” (47).

Tras muchas pruebas consiguen hacer “dos operaciones por día”. Joaquín aprovecha los tiempos de espera para escribir, pues sigue pensando que este negocio no puede tener mucho futuro. Un montador viene a modificar la instalación y está cuarenta y siete días cuando debía costar, según Costa, “diez o doce” (48). Una vez montado, tras las pruebas se quedan sin bisulfuro; deben  pedirlo a Marsella y mientras tanto la fábrica está parada.

El diez de agosto llega el bisulfuro y tampoco se adelanta pues falta el agua y luego tiene fallos el proceso que se deben solucionar. Costa escribe: “el aparato de extracción de grasas no me satisface nada”, “¡Cuánto me hace rabiar este aparato!” (49).

Costa intenta evadirse de los rompimientos de cabeza que le proporciona la extractora y se dedica, cuando puede, a sus asuntos. Ha aparecido un anuncio de su libro sobre la Exposición Universal de París en la prensa oscense (50). Este no puede ser más oportuno, pues el 18 de septiembre de 1868 (51) se inaugura la Exposición Aragonesa de 1868 en Zaragoza. Esta intenta aglutinar -al “estilo” de la exposiciones universales como la participada y narrada por Costa- todas las novedades e industrias de la época. La capital aragonesa cuenta con 60.861 habitantes (52).  Para su localización se ha elegido la Glorieta de Pignatelli, en una zona donde se está expansionando la ciudad y allí se ha construido un  edificio –en tres meses- que tiene 5.000 metros cuadrados –media hectárea- para albergar los más de 3.000 expositores (53).

En esas mismas fechas Costa tienen una disputa con uno de los socios, el barbastrense Telésforo Lasala y  tras estas desavenencias, Costa -que ya está cansado- deja la sociedad (54).

Pero sigue la vida, y en Zaragoza,  artesanos y fabricantes de Aragón y todo tipo de personas muestran sus trabajos y obras, aunque en la lista de participantes encontramos representaciones de toda Europa.  En estas mismas fechas, por el descontento general con el régimen monárquico,  tiene lugar el levantamiento revolucionario y, a los pocos días, el 30 de septiembre la Reina Isabel II abandona España. Los organizadores de la muestra de Zaragoza, ante la complicada situación política del momento, deciden cerrarla. El nuevo gobierno, que no ve la Exposición como problema sino como un intento por avanzar en la mejora de la industria de la región, permite que continúe con su actividad. En Barbastro la revolución ha tenido una fuerte acogida. La “gloriosa” la han denominado, aunque nadie sabe como acabará todo.


Anuncio del libro de Joaquín Costa sobre la Exposición de 1867, El Oscense, 15 de septiembre de 1868, [Instituto de Estudios Altoaragoneses].
Como toda Exposición que se precie, esta tiene que otorgar premios y galardones. A Joaquín Costa, la Junta General del Jurado le concede la medalla de cobre[sic] (55) en la categoría de Ciencias, al trabajo realizado en su folleto “Ideas apuntadas en la Exposición Universal de 1867".

La Exposición tiene tal cantidad de objetos y productos y es tal la cantidad de galardones, que parece que todo el mundo ha recibido uno. Dentro de este variopinto grupo de obras y trabajos premiados hay varios barbastrenses, y gracias a estos premios conocemos su participación en la Exposición. En la categoría de Ciencias, se premia el trabajo presentado por Marcelo Monclús Arnaldo (56) –ciego- por “un cuadro escrito y dibujado por el sistema Braille y por medio de la máquina Foucault”. Asimismo resultan premiados, en la categoría de “Artes liberales” con una mención honorífica Ramón Royo y Casañez por “una guitarra” y Tomás Escuer y Vinyales por un “organo de cañas”. En el apartado de Agricultura obtienen  la mención honorífica, Juan Pujol y Cabal, el Marqués de Artasona y Pedro Codina González por sus vinos y los “Sres. Planas y compañía” por sus harinas. Y por último, no menos importante, el aguardiente de Raimundo Santías [sic] y Comas  también resulta premiado en dicho evento (57).


Diagrama del “aparato Averly, privilegiado” para extracción del aceite del orujo, Llofriu, 1904.
La historia de la Sociedad Extractora sigue y, en noviembre, Hilarión Rubio quiere vender su parte, aunque no encuentra comprador. El aceite que se ha fabricado hasta esta fecha no vale para la fabricación de jabón y varios compradores de Barcelona, e incluso de Marsella, no lo quieren. Ya entrado el año 1869, Averly, el fabricante del proceso, se desentiende de los resultados del proyecto. Costa se lamenta de su mala suerte: “¡Y yo que había de cobrar aún treinta duros!”. En mayo le escribe Hilarión a Costa comunicándole que se ha vendido, por fin, el aceite. Él duda de cobrar lo adeudado, pero ya no volverá a hablar de su dolorosa experiencia (58).

La industria barbastrense sigue...

No faltan las iniciativas industriales en la ciudad y el año 1883 todavía perduran las opiniones que en su día expresó Madoz y se sigue hablando de “la superioridad agrícola industrial y comercial que ha ejercido y ejerce todavía sobre muchas poblaciones del Reino de Aragón” la ciudad de Barbastro (59). Y aunque las circunstancias del siglo, plagado de guerras, cambios políticos y epidemias de todo tipo, no han sido las óptimas, el autor remarca; “no se ha arrendrado Barbastro”. La ciudad se ha adaptado a la época y,  el texto, nos describe la imagen industrial de la ciudad; “Sin dejar nunca de poseer todos los medios que produce la industria para la comodidad de la vida, han aparecido también allí las chimeneas de vapor que contribuyen a impulsar su nativa actividad. Lujosas son algunas de sus tiendas y renombrados sus pergamineros”.  Cierra la descripción la lista de negocios de la ciudad que cuenta, “sin contar otras industrias y comercios”, con “3 imprentas-librerías, 1 taller de encuadernación, 2 quincallerías, 2 relojerías, 1 marmolista, 8 curtidores, 30 prensas de aceite, numerosas tiendas de telas, pintores, doradores, etc. Las fábricas de vapor son 2, una de lanas. Hay otra de harinas y otras dos de listado de sedas.” (60).  

Larga es la relación de las industrias y la agricultura barbastrense. Como importantes son los vínculos de Joaquín Costa con Barbastro. Estos no acabarán en estas fechas, pues estará implicado profundamente en las nuevas instituciones de la Ciudad, pero eso ya es otra historia.

Notas:
1 Real Cédula del 27 de julio de 1746 citada por Canellas López, Ángel, La real compañía de comercio y fábricas de Zaragoza: historia de su primer trienio, Revista Jerónimo Zurita, IFC, III, 1952, p. 79-102. [Fernando VI, a comienzo de su reinado, dicta esta al considerar el lamentable estado de la industria aragonesa].
2 Asso, Ignacio de, Historia de la economía de Aragón, Francisco Magallón, Zaragoza. 1798.
3 Ubieto Arteta, Antonio, Los pueblos y los despoblados, Anubar, Zaragoza, 1986. [Las cifras son orientativas pues los censos de esta época no son demasiados rigurosos].
4 Polo y Catalina, Juan, Censo de frutos y manufacturas de España, Imprenta Real, Madrid, 1803.
5 Serra y Campdelacreu, José, Barbastro por..., Archivero del Ayuntamiento de Vich. Monografía ilustrada con varios grabados y dos heliografías, Tipografia Mariana, Lérida,  1883, p. 30. [Edición facsimil  a cargo de Manuel García Guatas, Barbastro, 2005].
6 Madoz, Pascual, Diccionario Geográfico-Estadistico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Madrid, 1845-50, t. 3, p. 395. [Pese a su relación con Barbastro, la única información sobre las industrias de la ciudad la copia de Asso como posteriormente hará López Novoa].
7 Costa, Joaquín, Memorias, Edición de Juan Carlos Ara Torralba, IEA, Colección Larumbe 73,  Huesca, 2011, p. 433. [Han sido fundamentales en la elaboración de este artículo las magnificas notas y el cuidado estudio del autor sobre las memorias de Joaquín Costa].
8 AHPH (Archivo Histórico Provincial de Huesca), Obras públicas,  legajo 373.  [1856].
9 Bibián, José, Pascual Madoz y su vinculación con Barbastro, Especial Fiestas,  El Cruzado Aragonés, Barbastro, 2007, p. 75.
10 Gaceta de Madrid, 7 de febrero de 1855, n. 767, p. 2.
11 GEA, voz Desamortización. [Dato referido al lapso entre los años 1859 y 1895].
12  Allanegui Burriel, Guillermo, Noticias sobre batanes,… y otros inmuebles en la Provincia de Huesca, en documentos de la Desamortización de Pascual Madoz. [en línea].
13 Enajenar, según el diccionario de la RAE, significa “pasar o transmitir a otro el dominio de una cosa o algún otro derecho de ella”.
14 Nieto Callén, Juan José, Notas para la historia de las acequias de Barbastro y “El Moliné”, El Cruzado Aragonés, Especial fiestas 2000, p. 24-25.
15 La Esposición de Sobrarbe, Barbastro, 28 de junio de 1857, p. 4.
16 La Esposición de Sobrarbe, Barbastro, 30 de agosto de 1857, p. 4.
 17 Memoria sobre los productos de la agricultura española reunidos en la Exposición General de 1857, presentados al excelentísimo señor Ministro de Fomento por la junta directiva de aquel concurso, Imprenta Nacional, Madrid, 1859-1861, p. 1093.
18 La Esposición de Sobrarbe, Barbastro, 23 de septiembre de 1857, p. 1. [Suponemos que  Manuela Altaoja y la viuda de López es la misma persona].
19 Gil Novales, Alberto, La revolución de 1868 en el Alto Aragón, Guara, Zaragoza, 1980, p. 19.
20 Martínez Verón, Jesús, Arquitectos en Aragón, Diccionario histórico, Zaragoza, IFC, 2000, p. 400.  [Voz Hilarión Rubio. La calle Vega Armijo la “alineará”, él mismo, el año 1865].
21 Costa, 2011, p. 433.
22 Costa, 2012, p. 11/434. [La estancia en la fábrica la narra en sus memorias “aprendí a fabricar el jabón, aunque con rabias y rabias”].
23 Ara Torralba, Juan Carlos, Costa en su “Memorias”, o la inexorable voluntad de ser alguien, en Joaquín Costa: el fabricante de ideas: memoria de un centenario, Zaragoza, 2012, p. 29.
24 El tílburi, según el diccionario de la RAE, es un carruaje de dos ruedas grandes, ligero y sin cubierta, o con ella, para dos personas y tirado por una sola caballería.
25 Costa, 2011, p 9.
26 Costa, 2011, p. 13. [Juan Carlos Ara, en sus notas, sugiere a Pablo Ordás Ginto o Mariano Ordás y Forruella. Para Foncillas propone al abogado oscense Manuel Foncillas].
27 Costa, 2011, p. 17. [También trabajan en el proyecto del seminario de Huesca].
28 Costa, 2011, p. 22. [El 15 de octubre de 1866 es su primera cita en sus memorias sobre los pensionados para la Exposición de 1867, el 21 de noviembre llega a Madrid y el 28 de diciembre ya está otra vez en Huesca, después de las pruebas].
29 Costa, 2011, p. 28.
30 Costa, Joaquín, Ideas apuntadas de la Exposición Universal de 1867 para España y para Huesca por…, Antonio Arizón, Huesca, 1868. p. 3.
31 Espíritu Católico, El. Marzo, 1867.
32 Espíritu Católico, El. Marzo, 1867. [Suponemos que se refiere a París y sus alrededores].
33 Ayuntamiento de Zaragoza [http://www.zaragoza.es/ciudad/museos/es/chistoria/exposiciones.htm#primero].
34 AHPH, Archivo Costa, caja 118, carpeta 112.32 [Cuaderno de notas del viaje a la Exposición Universal de Paris].
35 Ara, 2012, p. 69. [Para la autoría del texto], [Cheyne, George J. G., Estudio bibliográfico de la obra de Joaquín Costa (1846-1911), Guara, Zaragoza, 1981, nº 512, para la publicación].
36 Costa, 2011, p. 434.
37 Deiss, Édouard, United States Pattent Office, Patent nº 20,048, dated April 27, 1858. [Para poder viajar a Huesca –por las quintas- debe pedir autorización a la Comisión Regia de la Exposición en AHPH, Archivo Joaquín Costa, Caja 118, Carpeta 112-20].
38 Llofriu, Gumersindo, Tratado práctico de la extracción de aceite de los orujos de oliva y uva por medio del sulfuro de carbono, por…, Hijos de Cuesta, Madrid, 1904, p.49 y sig.
39 Costa, 2012, p. 54.
40 Costa, 2012, p. 58.
41 Costa, 2012, p. 62.
42 Sancho Sora, Agustín, Relaciones interindustriales: industrias agroalimentarias e industrias de construcción mecánicas (1880-1930), Sociedad Española de Historia Agraria, Cuadro 1 [Patente 26.085] [En línea].
43 Costa, 2012, p. 70.
44 AHPH, Archivo Joaquín Costa, caja 121, carpeta 114-15 [Notas manuscritas en el libro Costa, Joaquín, Ideas apuntadas de la Exposición Universal de 1867 para España y para Huesca por…, Antonio Arizón, Huesca, 1868].
45 Costa, 1868, p. 105.
46 Costa,  2011, p. 452.
47 Costa,  2011, p. 75
48 Costa,  2011, p. 80. [Cheyne mantiene que compraron la máquina de París, aunque el diario no aclara este término, bien pudiera ser pues las reformas delatan la inclusión de algunas mejoras en el proceso o, incluso, comprar otras máquinas a Averly].
49 Costa,  2011, p. 84-85.
50 El Oscense, 15 de septiembre de 1868, año I,  nº 20. [Se repite el anuncio el día 25 del mismo mes].
51 El Oscense, 19 de septiembre de 1868, año I,  nº 22. 
52 Ubieto,  1986, censo Zaragoza en el año 1857.
53 Ayuntamiento de Zaragoza [http://www.zaragoza.es/ciudad/museos/es/chistoria/exposiciones.htm#primero]. [Si hacemos caso de las cifras, la densidad de expositores era bastante alta…],  [Estas cifras se han incluido para poder comparar la entidad de la exposición aragonesa con la de París de 1867].
54 Costa,  2011, p. 87-88. [Así lo afirma Costa: “He dejado la fábrica para siempre”].
55 Exposición Aragonesa de 1868, Catálogo de los expositores premiados, Calixto Ariño, Zaragoza, ca. 1868, p. 3. [La obtiene en la división de Ciencias. Él cita que le ha correspondido la medalla de bronce, Costa, 2011, p. 116].
56 AHPH, Archivo Joaquín Costa, caja 91, carpeta 26-19, p.485 y sig. [El segundo apellido de Marcelo Monclús aparece en el libro Exposición aragonesa de 1868. Catálogo de la exposición, Calixto Ariño, Zaragoza, 1868, p. 32, que se encuentra en esta carpeta].
57 Exposición aragonesa de 1868, Catálogo de los expositores…, ca. 1868, p. 8, 22, 40, 41, 42.
58 Costa,  2011, p. 110.
59 Serra, 1883, p. 29.
60 Serra, 1883, p 30. [Esta lista es más prosaica que descriptiva, pero es interesante].

Nota final: Este artículo, junto a otros, aparece en el blog seirapowerplant.blogspot.com para intercambiar ideas, sugerencias y comentarios sobre los errores que, seguro, he cometido. Cualquier colaboración o comentario sobre el asunto tratado será bienvenida en este correo: josanmefecit@gmail.com.

Lista de agradecimientos (pido perdón a los que, por olvido, no cite): Enrique Albert, José María Auset, Charo Bordes, Laura Fontova, José Jiménez, Marta Mastral, Francisco Molina, Ana Oliva, Jesús Paraíso, Conchita Pintado.

Este artículo se publicó en el extra de fiestas de El Cruzado Aragonés de septiembre del 2013.