viernes, 15 de julio de 2016

Notas sobre la historia de la central de Seira (16): 1916, un año de luces y sombras



   El tiempo pasa inexorablemente. Este año se cumple el quinto aniversario de la muerte de Joaquín Costa. Los ribagorzanos tienen muy presente todavía la figura de Costa y las páginas de El Ribagorzano glosan, cada año, desde aquel fatídico ocho de febrero, las palabras de su paisano. Todavía nadie ha valorado en su justa medida -ni probablemente lo hará durante muchos años- la importancia de su pensamiento y sus ideas. El análisis que realizó de la lamentable situación económica y  organizativa de su amado país, fuera de todo desapasionamiento, es la obra de un verdadero y honrado estadista.

   Los agricultores ribagorzanos, objeto de sus desvelos durante años, siguen emigrando para intentar mantener sus familias, abandonando casas y tierras, en busca de un futuro mejor. La gran guerra sigue derramando la sangre de  inocentes que dan sus vidas defendiendo el honor de sus países e ideales que ni ellos mismos acaban de tener claros.  Con este panorama comienza el año 1916.

   En Seira, las obras con los altibajos que las vienen caracterizando, siguen adelante; la Catalana ha terminado la construcción de un nuevo albergue para trabajadores. Tiene una capacidad de 250 personas y, junto al existente, amplía hasta 400 las plazas para acoger a los nuevos obreros que lleguen durante los meses venideros. Durante el invierno no ha bajado mucho la población trabajadora y se le ha dado un fuerte impulso a la construcción de la sala de máquinas que ya destaca con sus gruesos muros de piedra entre los edificios contiguos. Del interior de la misma sobresalen las grúas Derrick que permiten subir los pesados bloques hasta los andamios.

   Pero, según la Compañía, no es suficiente el empuje obtenido y se buscan nuevos trabajadores. Los periódicos pregonan la oferta de trabajo y los ojeadores buscan obreros y personal más especializado como mineros y carpinteros. Estos, por las interesantes condiciones, viajan hasta Seira, por los polvorientos caminos, dejando atrás sus anteriores trabajos, en un incesante trasiego de idas y venidas entre las obras que las diferentes hidroeléctricas  -competencia de la Catalana- tienen abiertas en la cercana Cataluña. A comienzo de año ya se superan los mil trabajadores, marcando un nuevo hito, pues nunca se había alcanzado esta singular cantidad. La acumulación de tal número de personas comienza a provocar problemas que antes no se habían presentado, unos se pueden solucionar con la colaboración –y beneficio- de los habitantes locales que hospedan en sus casas a obreros. Otras cuestiones, provocadas por la dudosa honradez de algunos de los nuevos trabajadores, tienen peor solución. Algunos de estos hospedados, abusando de la buena fe de los lugareños, les sustraen dinero y bienes, como en El Run, importante núcleo de trabajos, donde una familia, que tienen cinco trabajadores en casa, denuncia el robo de 25 pesetas que tenían en un baúl. La Guardia Civil detiene a un individuo de Quintanar de la Sierra, de la provincia de Burgos, como autor del robo. Este tipo de hechos aumenta y también lo hacen los accidentes, por una mera cuestión estadística.



El tejado de la central en el proceso de montaje

 Uno de estos lamentables hechos lo protagoniza un minero de Albelda llamado Manuel, que sufre un grave accidente mientras manipula unos cartuchos de dinamita. La despreocupación en la manipulación de la misma, provocada por la aparente estabilidad, y la confianza que provoca su uso habitual sin incidentes, le hace olvidar la composición de la misma y durante “el secado” tras una fría noche, baja la guardia y se produce un grave accidente. Manuel, haciendo caso omiso al sentido común, calienta, de manera totalmente artesana e inapropiada, un cartucho en una hoguera. Este rezuma la temida nitroglicerina por un calentamiento excesivo y al moverlo bruscamente se produce la explosión del mismo y el cebado de otros sesenta cartuchos que tenía a su lado. El infortunado “recibe de tan horrible manera los efectos de la explosión que su cuerpo es destrozado horrorosamente, encontrándose después a trozos”.

   Pero la mala suerte se ha cebado en las obras y este accidente es el preludio de otro más grave que tiene lugar la triste mañana del viernes 26 de mayo. A las siete y media de la mañana, justo a la hora de iniciar la jornada laboral, cede el grueso madero que aguantaba los dos lados de un andamio que se ha montado en el interior de la central para el montaje del falso techo. Su rotura provoca la caída de las dos cuadrillas que estaban encima. Obreros y materiales caen al suelo de manera violenta y sorpresiva desde una altura cercana a los quince metros.

   El accidente por su gravedad es denominado en los rotativos como “La catástrofe de Seira” al estar implicados un gran número de trabajadores. Cinco de estos fallecen en el acto y los infelices heridos, que “lanzaban gritos de angustia”, provocan una terrible confusión y desasosiego entre los que intentaban desenterrarlos del amasijo de maderas y cuerpos. Trece de estos heridos son trasladados en camillas al hospital de las obras donde les atienden los doctores Jesús Falés (sic), José María Ferrer y José María Pérez. Los más graves se trasladan a Monzón, aunque dos de ellos no conseguirán restablecerse de las heridas e incrementarán hasta los siete el número de fallecidos. Afortunadamente los restantes once heridos un mes más tarde ya están restablecidos, según la prensa local.


 



 Hemeroteca del Diario del Alto Aragón. http://hemeroteca.diariodelaltoaragon.es/

   Un detalle que llama la atención, teniendo en cuenta la diversa procedencia de los trabajadores, es que todas las víctimas del grave accidente son aragoneses: Manuel, de Zaragoza, Miguel de Calvera, José de Albelda y cuatro, cuyos nombres desconocemos, eran, de Palo, de Sasé y dos de un pueblo del cercano Sobrarbe que tampoco conocemos. Todos los heridos son también aragoneses y tienen en común con los fallecidos su juventud, pues su edad oscila entre los quince y los treinta años.

   A los pocos días del accidente, la población obrera, probablemente por la necesidad de recoger las cosechas en sus pueblos de origen, se reduce significativamente bajando de los mil trabajadores que tanto esfuerzo había costado alcanzar. En muchas obras era habitual permitir ausentarse a los obreros en las fechas estivales como forma de fidelizarlos. Pasadas las fechas de la siega el número trabajadores vuelve a subir sobrepasando los records anteriores y alcanzando el día 16 de noviembre las 1791 personas. El creciente número de jornales casi triplica los realizados el pasado año 1915 y supone un gasto por este concepto de 1.688.883 pesetas.



Archivo Histórico del Ministerio de Fomento, Madrid. Gentileza de  de Conchita Pintado.

   Esta excepcional cantidad de dinero está ligada al adelantado estado de la construcción de los edificios más importantes de la central y el gran número de trabajos simultaneos que se están desarrollando y esta actividad viene reflejada en el consumo diario de cemento que se eleva a las 30 toneladas. Esta importante cantidad está suministrada por un  único proveedor que incumple sus contratos, obligando a contratar con la fábrica de cementos Butsems un suministro alternativo de otras 50 toneladas diarias para poder atender correctamente la demanda de los trabajos.

   Pero los suministradores de cemento no son los únicos que rompen e incumplen sus compromisos. Escher Wyss, la empresa suiza que se había contratado para suministrar un tramo de la tubería forzada, anula el acuerdo de forma unilateral. Los cambiantes precios de la chapa de acero y las complicadas condiciones para el tránsito de la misma por el territorio alemán y francés han provocado esta desagradable situación para el correcto desarrollo de la construcción de la central.

   La dirección de las obras no ceja en el empeño de seguir adelante con el contrato de Escher Wyss y se suceden las gestiones en Madrid, Paris y Berlín. Al final de las mismas se obtienen los permisos y la chapa puede cruzar el territorio en guerra y llegar a los talleres de Escher Wyss en Zurich.

   Sorprende que un tren cargado de acero pueda atravesar varios paises que están invadidos por tropas extranjeras y bajo las amenazas de las bombas, pero la importancia de los contratos que genera la industria hidroeléctrica superan todas esas dificultades. Aunque Catalana de Gas y Electricidad no es la única empresa española que tiene problemas para obtener los permisos para dichos tránsitos, pues sus competidoras están en la misma situación, aunque algunas,  por su boyante situación económica, lo tienen más fácil.

   Es el caso de Riegos y Fuerzas del Ebro (RFE) que es la empresa hidroeléctrica que lidera, por su volumen y espectativas el mercado catalán y español en estos momentos. Opera a la manera “americana” y esta estrategia empresarial está obteniendo críticas desatadas en la prensa financiera española y, especialmente, de sus competidoras. Está desarrollando en las zonas en las que está implantada una actividad “desenfrenada” adquiriendo  empresas sin tener en cuenta el precio, con el objeto de controlar el mercado.  Sorprende a todos este modo de contratar, que se extiende a sus trabajadores y empleados que, lógicamente, están encantados.

   Estas actitudes de RFE para controlar el mercado hidroeléctrico tienen un lado menos honesto, pues –en palabras del Director de la obra, Diego Mayoral- : “algunos trámites legales de la línea [de transporte] están demorándose suscitados por nuestra competidora [RFE]”.

   Estas dificultades provocan que conseguir los permisos para la construcción de la línea, en el lado de la Catalana, sea una verdadera carrera, visitando a cada uno de los propietarios, ayuntamientos y todos aquellos afectados por la misma para pedirles su autorización para que la competencia, que está sembrando cizaña entre los propietarios, tenga el menor número de posibilidades de trastocarlo todo.

   Afortunadamente no todo son malas noticias en relación con la línea y una bajada de la cotización del precio del cobre en Estados Unidos permite adquirir 400 toneladas de dicho material. Estas permitirán cubrir la práctica totalidad de los 225 kilómetros que separan la Central de Seira de la Central Térmica de San Adrián, en Barcelona, destino final de la energía que se producirá con las aguas del río Esera.


Por José Antonio Cubero Guardiola

Este artículo se publicó en el número 17 de la revista "Els tres llugaróns", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el verano de 2016.

martes, 29 de diciembre de 2015

Notas sobre la historia de la central de Seira (15): 1915, un año aciago.


En los últimos días del pasado año se han rematado los últimos detalles de la nueva iglesia de la Colonia, bajo la advocación de la Virgen del Carmen, y el primer día de enero ya se está celebrando misa en ella. En la puerta podemos ver, entre otros, a D. Federico, a Ramón Surigué y a sus familias, todos bien abrigados, para combatir el frío que hace tras una copiosa nevada.

Diego Mayoral, el jefe del Servicio Hidroeléctrico de Catalana, no sufre los rigores del invierno en su despacho de Barcelona, donde dirige los trabajos junto a los miembros de su equipo. Sobre su mesa están los organigramas de los trabajos de la construcción de la central. Pero parece que todo sucede a cámara lenta y los objetivos que se tendrían que haber cumplido hace meses, uno tras otro, acumulan importantes retrasos. Los plazos se han alargado interminablemente. La gran guerra lo está trastocando todo. 

El Ingeniero Mayoral  -que no se imagina la envergadura de sus problemas- no ceja en su empeño de sacar adelante los trabajos. Su formación en el Politécnico de Zurich le ha abierto una ventana con una privilegiada visión de la tecnología hidroeléctrica, que en estas fechas está en plena efervescencia. En su cabeza ya visualiza la central y sus equipos. A finales del año pasado ya se hizo el pedido de la tubería de presión –que permitirá llevar el agua del rio Ésera hasta las turbinas-. Es una parte muy importante de la instalación pues debe soportar los 138 metros de altura del salto de agua -13,8 kilogramos por cada centímetro cuadrado-. La empresa alemana Ferrum ha sido la primera elegida por su dilatada experiencia en la construcción de tuberías. Hasta hace unos meses este encargo no hubiese supuesto demasiados problemas, pero ahora, con la guerra, la cosa es más complicada. Pero será mejor que nos lo explique él con sus propias palabras;

Habiendo sido imposible conseguir del gobierno inglés que autorizase el libre paso de estas tuberías por ser de procedencia alemana, se ha optado por prescindir de ella de momento.

Y es que todo está alterado, el mercado ha subido sus precios por la demanda de los contendientes, el carbón está disparado y el acero, como el que emplea para su tubería, está intocable. Hasta el pan, alimento básico en la dieta,  ha subido su precio.

Tras el fiasco de Ferrum, ha sido posible comprar 600 toneladas de acero en América, a la mayor productora de acero del mundo, la United States Steel Products Co, propiedad del magnate americano J.P. Morgan. Esta plancha de acero, que ha costado 152.143,87 pesetas, ya está en Barcelona donde se manufacturará en los talleres de  los sucesores de E. Coral para hacer una sección de la tubería. 

Rotor de la Central de Seira (Oerlikon)

Mayoral tiene otro reto por delante, debe seleccionar el fabricante de las turbinas, otra parte fundamental de la central, pero lo tiene fácil pues conoce perfectamente una de las más importantes fábricas de Zurich que le pueden solucionar su problema: Escher Wyss y Cía. Esta firma tiene en explotación un magnífico ejemplo de su buen hacer: la central de Capdella en el Pirineo leridano. Sus 836 metros de salto son la mejor tarjeta de visita que puede tener cualquier fabricante de turbinas en estas fechas. El Servicio Hidroeléctrico de Catalana de Gas les ha encargado la construcción de tres turbinas Francis para aprovechar la fuerza de las aguas del Ésera. En principio se encuentra en forma de energía potencial –por la altura- y luego al bajar por la tubería se convierte en energía cinética –por la velocidad- y gracias al movimiento de los rodetes acaba convertida en energía mecánica en los ejes. Los verdaderos artífices, los rodetes, de 1.400 mm. de diámetro y 200 mm. de ancho tendrán una potencia de 10.600 caballos de vapor cada uno. Están fundidos en bronce y los forman dos semiruedas que hacen que el agua se separe ayudando a centrarlos en el interior de su alojamiento. En la fundición de sus cámaras espirales, o coloquialmente “caracoles”, llevan grabados los números de serie 5476, 5477 y 5478. 

Todo el pedido de material que se les ha encargado a EW costará 334.000 pesetas, aunque en este presupuesto está incluido, entre otros, el regulador que es el aparato encargado de controlar la velocidad de la turbina. También están en el mismo pedido dos pequeñas turbinas Pelton para producir 600 caballos cada una, que son imprescindibles para el funcionamiento de la central. 

Para Escher Wyss este pedido es uno más del extenso listado de sus encargos. De los más de 160.000 metros cuadrados que ocupan sus talleres están saliendo, una tras otra, las turbinas de los proyectos más importantes del momento. Y no es extraño pues dispone de todos los medios necesarios para llevar a cabo estos trabajos: la experiencia, los talleres y el equipo humano. Las vías de tren que entran en sus interminables instalaciones están incesantemente recorridas por humeantes máquinas de tren que intercomunican todos los departamentos de la fábrica cargadas de grandes y pesadas piezas. Una vez terminadas las turbinas de Seira, por estas mismas vías,  las transportarán hasta la estación de Barbastro, donde se está acondicionando una grúa y unos almacenes. 

La central auxiliar número 2, ubicada en Seira, el 30 de enero de 1915.

Pero esta maravilla de la mecánica, las turbinas, se quedaría sin utilidad si no se acoplase a su eje un alternador para generar la electricidad que pretende llevar a Barcelona la compañía Catalana de Gas. Para construirlos, Mayoral, vuelve a dirigir su mirada a Zurich, pues a escasos cinco kilómetros de Escher Wyss, se hallan otros talleres igual de equipados y preparados para la construcción de los alternadores que necesita para su central. Se trata de Maschinenfabrik Oerlikon, más conocida por MFO, o por Oerlikon. En esta empresa están a pleno rendimiento y no les faltan pedidos pues están bastante atareados con su otra especialidad, la fabricación de armas, pero han aceptado el reto de construir tres alternadores de 9.000 kVA de potencia para la central. Sus negras y voluminosas carcasas lleva troqueladas los números 130960,  130961 y 130962. También fabricará los transformadores que elevarán la tensión de la línea hasta los 130.000 voltios (aunque si lo consiguen será un record, pero la tecnología está todavía por desarrollar y no está claro que lo logren). Esta es la parte mas costosa de los pedidos que ha hecho este año pues subirá en conjunto 890.000 pesetas.

Mayoral ha escrito en alemán todas las especificaciones de estos pedidos, pero también utiliza esta lengua para anotar sus impresiones en una libreta negra. Es una costumbre que tiene desde hace tiempo, a tenor del buen número de ellas que hay apiladas en su biblioteca personal. Allí da rienda suelta a sus pensamientos y se desahoga contando los problemas que está sufriendo en la ejecución de este proyecto. 

Sobre su mesa está el borrador del informe que  prepara para los accionistas  sobre la evolución de los trabajos:

Durante el pasado año de 1914 ha sido imposible realizar el programa trazado en nuestra memoria ...causas imprevistas limitaron los medios que para ello eran necesarios, asi es que desde marzo al mes de agosto las obras no hubieron de alcanzar el desarrollo que los preparativos acumulados permitían, y a partir del mes de agosto se redujeron considerablemente, según se desprende del estado de movimiento de obreros habido en este ejercicio.

Acabó el año 1914 con 215 trabajadores, lejos de los 751 de agosto. Y ahora en enero tan sólo 157 obreros luchan con los rigores invernales y las fuertes nevadas que están cayendo este año. 

La ubicación de la Central de Seira el 23 de junio de 1915.

El año pasado –reflexiona Mayoral- no se pasaron de cuatrocientos obreros de media y se gastó en salarios casi seiscientas mil pesetas que van incrementando el presupuesto y no se vislumbra la fecha de  finalización, que cada año se va retrasando. En su informe se baraja la puesta en marcha a comienzos de 1917. Esta idea le preocupa, aunque no es la única, pues la situación apartada de las obras y los problemas de mantenimiento del orden entre los obreros, como la huelga del pasado año, han retrasado las obras e impedido mantener el buen ritmo. De todo esto da buena cuenta Mayoral a la Sociedad en su informe y como solución propone la construcción, esta primavera, de un edificio-cuartel que permita albergar a los miembros de la Guardia Civil. Aunque para garantizar la seguridad de las instalaciones, de una manera continua, se  solicitará del Ministerio de la Gobernación  la creación de un puesto  permanente.

Aunque la Benemérita le acompaña, son muchos los “tajos” que tiene abiertos y como los problemas no sólo los tiene en Seira,  no extraña que en la instalación de los postes de la línea de Barcelona, aunque de un modo paulatino, [se tengan] frecuentemente que interrumpir los trabajos, tanto por las dificultades que opusieron algunos propietarios, como por las de obtener debido a las anormales circunstancias presentes, algunos postes especiales destinados a cruces de caminos y de otras líneas.

Mayoral sigue trabajando en su oficina. A mediados de año, con el buen tiempo, el Sr. Obispo vendrá a Seira para inaugurar la nueva iglesia. Así sea.


Por José Antonio Cubero Guardiola
Este artículo se publicó en el número 16 de la revista "Els tres llugaróns", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el invierno de 2015




miércoles, 19 de agosto de 2015

Notas sobre la historia de la central de Seira (14): La Société Civile Française des Charbonnages de l'Esera




 
En el año 1584, reinando Felipe II, comienzan a aparecer las primeras ordenanzas que regirán la explotación minera en España. Tras algún tímido intento de modernización, en 1825, Fernando VII encarga a la Junta de Fomento el desarrollo de una nueva ley para “promover por todos los medios posibles la felicidad de [sus] vasallos”…

Las minas en estos momentos son de la corona -a la que representa el Rey- y su explotación es señorío real, por lo que su adjudicación es potestad del monarca –las regalías-. Son muchas las leyes que se promulgan en el siglo XIX para  modernizar el pais y abandonar estas prácticas feudales y en el año 1868, el Ministro de Fomento, Manuel Ruiz Zorrilla, presenta una nueva ley de minas para, según sus propias palabras, abolir “las absurdas y monstruosas ordenanzas de Felipe II”.

Esta novedosa legislación faculta que “todo español o extranjero [pueda] hacer libremente, en terrenos de dominio público” excavaciones para la búsqueda de minerales. Estas, de un tamaño máximo de diez metros, también se denominan  calicatas.  Si se realizan en terrenos cultivados o privados, requieren el permiso de los propietarios. 

 En uno de estos campos ribagorzanos –no conocemos si público o privado-, el  mes de diciembre de 1892, “unos caballeros que, por su continente y habitos, nos [parecen] extranjeros”, visitan estos rincones del Alto Aragón, armados de unas curiosas herramientas, y van picando aquí y allá.
Los dos franceses que realizan estas calicatas son Ingenieros de Minas y uno de ellos, Monsieur Magnon, es el técnico de la expedición. También participa en la misma el español Teodoro de Sierra –exdiputado según los periódicos- y propietario de la concesión. Como promotor de la visita, por la parte financiera, les acompaña el empresario francés Jules Daisson.

Esta prospección, a tenor de los informes que obtiene Monsieur Magnon, tiene un resultado inmejorable pues, según sus conclusiones, se pueden extraer dos mil toneladas diarias de carbón “sin necesidad de pozos ni galerías, simplemente a cielo descubierto”. Teodoro de Sierra, como representante de la sociedad, solicita las nuevas ampliaciones a sus concesiones que sugiere el informe y el 1 de febrero de 1893 se constituye en Burdeos la Société Civil Française des Charbonnages de l’Esera, figurando en la misma como Administrador delegado de la Sociedad en Madrid.  La sede de la nueva  Sociedad está en Paris y su Consejo de  Administración está compuesto por importantes políticos y militares de ambos paises.

En la primavera de este mismo año, lejos de allí, los ribagorzanos no están por la labor de dichos experimentos mineros, pues la impenitente sequía está acabando con sus cultivos y se suceden las “rogativas por los pueblos de esta católica comarca para implorar del Todopoderoso, por intercesión de sus patronos, el beneficio del agua para los agostados sembrados”. Afortunadamente el agua llega y las romerías se suceden para agradecer al “Altísimo tan señalado favor”. Según los cosecheros se espera una buena cosecha de vino que permitirá pasar esta sequia con menos penas…

Pero no todo son malas noticias pues a finales mes de abril, “están terminadas casi del todo las obras del hermosísimo puente de hierro…de Morillo de Liena...”, de la carretera de Benasque que  lentamente está mejorando los accesos al valle. 

Al margen de estos avances –verdaderamente transcendentes para el devenir de la iniciativa de la sociedad carbonifera-, siguen las discursiones en los medios de comunicación españoles sobre la rigurosidad del informe de Monsieur Magnon y la existencia de tal cantidad de carbón, como él defiende, o la falta de rigor que le achaca Román Oriol –Director de la Revista Minera-. Un nuevo movimiento de la carbonífera promueve la oferta de obligaciones por doce millones de francos y desata nuevas críticas a los dirigentes de la sociedad.


  
Jules Daisson.
Gallica / Bibliothèque Nationale de France

No se conocen explotaciones que avalen la necesidad de ampliación, ni tampoco se ha extraido una sola tonelada de carbón, “ni han dado un solo jornal en la zona”, comenta airado un vecino en un artículo de la Revista Minera. Esta noticia transciende las fronteras, llega a Francia y se publica en un periódico especializado, desatando la polémica sobre el tema. M. Daisson contesta a los opositores, hay diferencias entre los socios y, al final, acaban en los tribunales.

Transcurren varios años sin noticias y es en 1898 cuando, sin mucho revuelo, la sociedad cambia el nombre y se convierte en una sociedad anónima. Jules Daisson conserva el control de la misma y las concesiones. 

Algunos lectores, a estas alturas, se estarán preguntando: Todo esto parece interesante, pero, ¿qué tiene que ver con Seira y su central?. Pues bastante más de lo que podría parecer a primera vista…
M. Daisson, el promotor de todo este embrollo, cree inminente la contienda de su país con Alemania y plantea como tesis lógica que invada a su vecina Bélgica, nada más comenzar las hostilidades, para abastecerse de carbón. Por el otro bando Francia estaría desabastecida de carbón y debería  garantizar, en caso de llegar a esta situación, el suministro del combustible para las dos divisiones, o cuerpos del ejército francés, la 18 y 19, que tienen su localización cerca de los Pirineos. 

Pero, se preguntarán, ¿como piensa transportar el carbón desde las minas a nuestro país vecino?. Pues muy sencillo, con un ferrocarril eléctrico que suba desde Monzón, como un ramal de la vía de Zaragoza-Barcelona y discurra por el valle del río Ésera hasta Benasque siguiendo las directrices de un descartado proyecto ferroviario.



Moliño Dalmau, José, Memoria sobre el Ferrocarril Internacional..., 
Barcelona,1884 / Fundación Hospital de Benasque 

En 1888, José Moliñó Dalmau, ya había desgranado las opciones posibles para conectar los dos paises a través de los Pirineos. En contra de toda lógica y siguiendo las más rancias y caciquiles órdenes, se elige la opción más larga y dificil –el trayecto por Canfranc-. Aparcada queda la opción del Ésera, que es la que plantea Daisson y la que conecta de manera más rápida el Mediterraneo con Francia. En cualquier caso,  el ser el mejor trazado no lo exime de una importante inversión, y de esta manera justifica la sociedad carbonifera la necesitad de esos doce millones de pesetas que ha pedido en forma de obligaciones para poder instalarlo.  

Pero esta no es la única cuestión pendiente para M. Daisson pues necesita unas concesiones hidráulicas que le permitan “alimentar” mediante centrales eléctricas el ferrocarril que sueña. Tras los problemas de su empresa, estos años no ha estado inactivo y  ha vuelto a constituir una nueva sociedad. Ahora se denomina “Charbonnages & Forces Motrices de l’Aragon” o en su versión castellanizada como “Sociedad de estudios de la minas de carbón y Fuerzas Motrices de Aragón (sic)”. Ha refrescado sus contactos con las “fuerzas locales” -con Manuel Camo al frente- y desde el periódico de éste –El Diario de Huesca- elogian los “inteligentes estudios” y “su incansable actividad” para promover “el bienestar [de] esa comarca altoaragonesa”.

Probablemente estas volubles alabanzas las haya escrito el oscense Luciano Labastida, fiel escudero de M. Daisson, que le ha servido para alisar cuantos impedimentos ha encontrado en sus gestiones. La sociedad, con su interesada colaboración, ha solicitado nuevas concesiones  mineras y ya tiene, entre otras, 1.481 hectáreas en Bisaurri. También le han  adjudicado  varios  aprovechamientos hidroeléctricos. Uno de ellos está en el lado francés –de unos 3000 caballos- y el otro, de 6.300 caballos –en los estiajes más bajos-, está ubicado en el río Ésera, y toma sus aguas en la partida denominada Puente Argoné. La casa de máquinas de este salto se ubicará en Argoné, junto al barranco Avechachas. 

Aquí es donde entra en confrontación con los intereses de los promotores de la instalación de la central de Seira. El primigenio proyecto de la misma, realizado por el ingeniero zaragozano Francisco Bastos Ansart, requiere la instalación de varios saltos consecutivos para permitir una explotación rentable. El alto coste de la línea de alta tensión hasta Barcelona obliga a disponer de una potencia mínima a transportar -no menor de 60.000 caballos de vapor- para obtener unos razonables beneficios. Bastos ya adquirió una concesión para dicho proyecto –“El Salto de El Run”- y ha solicitado otra denominada “Puente Argoné” para realizar el proyecto, pero entre ellas, tiene una concesión –la de M. Daisson- que no es suya. 

La concesión de Bastos ha acabado, como ya conocemos, en Catalana de Gas y Electricidad. Las dificultades que ha generado la Primera Guerra Mundial han complicado todo, pero el proyecto sigue adelante. La Sociedad “de las fuerzas motrices de Aragón” no ha tenido la misma vitalidad y su concesión es un mero trámite administrativo. Aún así la Sociedad solicita una ampliación de la misma por ocho años. Le conceden dicha prórroga y así  pueden seguir hasta el año 1918 especulando con la misma.

Los proyectos de Daisson han quedado, como parecía en un principio, en un mero intento especulativo. Ni se ha sacado carbón de las minas, ni se ha construido el romántico ferrocarril eléctrico que debía atravesar el valle del Ésera. Pero mejor que sea Luciano Labastida el que nos explique de primera mano su relación con M. Daisson y el devenir de su sueño:

“un subdito francés…concesionario de las minas de Bisaurri, vino a Huesca con eficaces recomendaciones para don Manuel Camo, de elevadas personalidades de la política y de la banca. Pretendía la formación en el extranjero de una Sociedad constructora de un ferrocarril que permitiese la explotación de la cuenca carbonífera del valle de Castejón. El Señor Camo, aquel hombre extraordinario en cuyo corazón tenían cabida todos los impulsos hacia el bienestar de su tierra; que, experto conocedor de su provincia, se daba exacta cuenta de sus conveniencias y necesidades, le abrió los brazos con su habitual cortesía, prometiendo prestarle cuanta ayuda hubiera menester en aquella gigantesca empresa…Desgraciadamente dejaron pronto de existir el señor Camo [1911] y monsieur Daisson, y el asunto quedó estacionado en el ministerio de Fomento…”



Manuel Camo

Luciano Labastida llega a ocupar el puesto de alcalde de Huesca y  muere el año 1926. La concesión hidroeléctrica de Fuerzas motrices de Aragón pasa a los herederos de los promotores y, años después, en 1918, es adquirida por Catalana de Gas y Electricidad. El año 1946, pasada la Guerra Civil Española, se crea Hidroeléctrica de Cataluña, coge el testigo de la catalana y emprende el proyecto de construcción de Argoné. Dos años más tarde se pone en funcionamiento el primer grupo de la central. Todavía pasará un tiempo hasta la puesta en marcha del segundo grupo. Y tras esta, por circunstancias de explotación, se desmantelará el Salto de Puente Argoné quedando la Central de Argoné como único testigo de los sueños de Monsieur Daisson.



Por José Antonio Cubero Guardiola
Este artículo se publicó en el número 15 de la revista "Els tres llugaróns", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el verano de 2015

miércoles, 21 de enero de 2015

Notas sobre la historia de la central de Seira (13). “La conducta general del elemento obrero”.





“La ley inexorable de la necesidad obliga al hombre a arrancar a la naturaleza, con incesante esfuerzo, casi todo lo que ha menester para subsistir.”

El trabajo es parte indispensable de cualquier actividad humana, primero, al desarrollarlo para la propia subsistencia y, más tarde, cuando le surge la necesidad al obrero, por su propia idea o inducida por elementos externos, de ampliar su patrimonio o necesidades, con el dinero obtenido al trabajar por cuenta ajena. 

Cuando el obrero inicia su relación laboral con el patrono se les supone a uno y a otro “la buena fe”. Desde el medievo, en las ordenaciones que regían las ciudades, pasando por los fueros, hasta las leyes modernas, todas estas relaciones estaban regladas. La existencia de reglas no suponía que las condiciones de trabajo fueran dignas ni razonables. Los cambios en la sociedad y las formas de trabajo, que trajo la revolución industrial en el siglo XIX, fueron el comienzo de la  humanización las mismas. 

Ya lo anticipa el geógrafo anarquista Élisée Reclus en sus escritos: “No habrá tranquilidad en el mundo, ni equilibrio instable en la sociedad, mientras los hombres, condenados en número infinito a la miseria, no tengan todos, después de la diaria tarea, un momento de descanso para regenerar el vigor y mantenerse así con la dignidad de seres libres y pensantes.”

En cualquier caso las leyes, a comienzo del siglo XX, no garantizan nada pues son demasiado permisivas y dejan en manos del contratador el control de la relación laboral. La palabra policía, en una acepción ahora en desuso, describe a la perfección como debe ser esta: “cortesía, buena crianza y urbanidad en el trato y costumbres”. Los manuales de policía industrial editados a comienzos del siglo XX recopilan las condiciones que se deben cumplir en la regulación de las condiciones laborales, el control de huelgas y accidentes y todo lo relacionado con los establecimientos industriales para “impedir los posibles abusos de los individuos en esa orbita de la labor humana”.

Aún suponiendo un férreo cumplimiento de las leyes, no cabe ninguna duda que los responsables de las obras públicas intentan pagar lo mínimo posible y las obras de La Catalana no son una excepción. Las importantes fluctuaciones en los flujos obreros, por la demanda de trabajadores, provoca que las empresas tengan que adaptar, muy a su pesar, los sueldos y las condiciones laborales a las existentes en otras obras coetáneas para evitar el trasvase de personal entre ellas.


Las reivindiciones, aún así, están a la orden del día y  las obras de Seira son un buen ejemplo de ello. El 14 de mayo de 1914 se convoca una huelga que secundan 300 obreros –según los periódicos- y 150 –según la empresa-. Piden “la destitución de todo el personal de encargados y jefes inmediatos y la disminución de horas de trabajo”. En previsión de conflictos se concentran 50 guardia civiles en la zona por orden del Gobernador Civil –y recomendación de la empresa-. Se inicia un tira y afloja y los huelguistas hacen parar a los 580 trabajadores que no secundan la huelga y realizan varios actos de sabotaje para presionar a la empresa. La intervención de la Guardia Civil impide que estos causen daños importantes en instalaciones y materiales. El día 18 se reanudan los trabajos sin que las pretensiones de los obreros sean atendidas. “Los promotores de la huelga son despedidos”. 

No conocemos los motivos que llevan a esta huelga y si las razones tienen justificación, pero nos sorprende que no haya ninguna contraprestación ni modificación de las condiciones laborales. Un antecedente de esta huelga, la de Capdella de junio de 1913, sirvió para mejorar sensiblemente las condiciones de trabajo –que eran absolutamente lamentables- y tuvo una duración similar, aunque, eso sí, tuvo un seguimiento muy importante y entre los promotores había personas de varias nacionalidades. Quizás el origen rural de muchos de los trabajadores de La Catalana y su poca experiencia laboral sea una de las razones del poco éxito de la misma. En cualquier caso es en las grandes ciudades donde está el caldo de cultivo de huelgas y movilizaciones y sus resultados llegan, gracias a los periódicos y la itinerancia de muchos trabajadores, a todos los lugares promoviendo las reivindicaciones como la relatada. 

Una de las informaciones que nos permitirían conocer la idiosincrasia y los orígenes de las personas que participaron en esta obra sería el registro de personal pero infortunadamente no disponemos de esta información y la única fuente son los datos que podemos obtener en los periódicos o publicaciones por accidentes e informaciones. Gracias a estos pequeños retazos podemos intentar recomponer las relaciones que existen entre los obreros y los patronos y los  problemas de convivencia entre ellos y la sociedad local, dejando a un lado la información sobre los accidentes laborales que no es el objeto de este artículo.
Un buen ejemplo de las situaciones laborales que se viven en aquellas fechas lo conocemos gracias al relato del accidente de un joven, del que se desconoce el nombre, que fallece en el montaje de la línea de alta tensión –a  la altura de Puente de Montaña-. En dicho accidente “la víctima no pudo ser identificada por llevar muy pocos días en las obras, representa unos veinticinco años y por un documento que le fue encontrado supónese es natural de Villas de Don Diego (Zamora)”.

Esta lamentable situación nos ilustra sobre las condiciones de contratación,  provocadas, en gran manera, por la falta de documentos que permitan la identificación de las personas de manera efectiva. Esta situación faculta a cualquier persona a ponerse el nombre, apellidos y origen que él decida, ocultando su identidad real. Esta circunstancia y la cercanía del camino de Francia, permite el “refugio temporal de emigrantes y aventureros, y también probablemente de prófugos y malhechores con nombres supuestos.”
No es extraño, por tanto, leer en las noticias de los periódicos de la época discusiones que acaban a tiros y con alguno de los participantes rumbo a Francia.


Todos estos problemas tienen su origen en la costumbre de la época de llevar armas de fuego. El primer incidente con las mismas, relacionado con personal de las obras, ocurre en 1913, cuando Ramón, de 30 años, natural de Liri, fallece de manera accidental al examinar con “un compañero suyo una pistola brow[n]ing [que] se le disparó, entrando el proyectil por la tetilla izquierda y ocasionándole la muerte instantánea". Las indagaciones, según la noticia, apuntan a un suceso fortuito, o un suicidio, pero unos días después se detiene al capataz Laureano como autor de dicho asesinato.

Un accidente similar le ocurre a Manuel, un joven carretero natural de Salillas, “que presta sus servicios en la Catalana de Gas”, junto al Mesón de “Anselmo” cerca de Campo, al colocarse “la faja [tuvo la desgracia] que se le cayera la pistola brow[n]ing que llevaba. Al dispararse el arma el proyectil le produjo una herida calificada de pronostico reservado en la pantorrilla izquierda”. 

No son estos los únicos incidentes con las armas de fuego pues en el año 1918 a José, un “obrero de la Catalana”, de veintiún años, “se le disparó el revólver que llevaba en el bolsillo, resultando herido en el costado.”

A tenor de estas noticias no resulta sorprendente que en una discusión en una tienda de Castejón de Sos uno de los participantes de la misma “sacó una pistola con la que les apuntó” y en el forcejeo por desarmarlo se disparara la misma causando lesiones a uno de ellos. En el juicio “El fiscal calificó los hechos como constitutivos de un delito de lesiones graves por imprudencia temeraria”, y dejando la tenencia de armas sin licencia simplemente como “una falta incidental”.

Una fuente de interés que nos aportan estos artículos es la procedencia de los trabajadores y su actividad. La información más extensa la encontramos en los relatos del accidente del viernes 26 de mayo de 1916, el más grave en todas las obras de La Catalana. Este fatídico día la rotura de una viga de un andamio provoca la caída de todas las personas que están encima. El número de accidentadas y fallecidas se eleva en total a 17. La mayoría de ellos proceden de la provincia de Huesca a excepción de uno, que es de Zaragoza. Cinco son ribagorzanos (dos de Camporrells, uno de Calvera, uno de  Benabarre y uno de Caserras), sietes son sobrarbenses (tres de Palo, uno de Toledo [de Lanata], uno  de Rañiu, uno de Murillo de Monclús y uno de Arcusa), y el resto proceden de poblaciones del resto de la provincia encontrando uno de Albelda, uno de Tamarite y uno de Bespén.


En otros accidentes encontramos datos sobre procedencias más lejanas, como Guadalajara y Castellón. También está documentada, de manera oral en conversaciones con Pilar Jiménez, la presencia de trabajadores de Murcia, que bien pueden haber sido los activistas que han provocado la huelga de 1914, pues son bastante problemáticos, según los comentarios que recuerdaa de su padre, D. Federico Jiménez. En cualquier caso si tenemos en cuenta el número de estos trabajadores de otras provincias suponen una minoría en relación con los que provienen de las cercanas comarcas.

Otro aspecto de la “conducta  obrera” que aparece de manera  señalada entre las noticias de las obras son los robos. Para alojar a los trabajadores la Compañía había habilitado unos barracones, pero algunos trabajadores se alojan en casas particulares en pueblos cercanos a las obras. Pero no todos los hospedados son honrados y José Campo Pallaruelo, un vecino de El Run, que tiene cinco obreros en su casa, denuncia “que le han robado veinticinco pesetas que tenía en un baúl en su casa y un cinto o correa”. Ese mismo día uno de los hospedados, de nombre Castor, de Quintanar de la Sierra (Burgos), es detenido por la Guardia Civil con dicho cinto y diez pesetas.

No llaman la atención estos hechos si pensamos en la forma que tienen en Madrid para librarse de las personas molestas y buscarles trabajo, que es, tal como nos cuenta un periódico de la época, enviar “una expedición de golfos, recogidos en las calles, con la pretensión de que trabajen en las obras de Riegos del Altoaragón. Esta nueva expedición es de 36, y muchos de ellos ancianos  e imposibilitados. Algunos de los golfos regresaron a Madrid el mismo día, y los útiles para el trabajo, en vista de los escasos jornales que se pagan en las obras de riegos, han marchado a El Run, donde les pagan más elevados jornales en las obras de la Compañía Catalana de Gas. El pueblo censura la falta de criterio que supone el envío de gentes inútiles para el trabajo”.


No es el objeto de este artículo el criminalizar la actuación de los obreros de la época sino señalar las actitudes reprobables que tiene lugar en las mismas. Para terminar, el suceso más llamativo de los “accidentes” que tienen lugar en las obras nos describe los daños que sufre Juan, un obrero de Lérida, de veinticinco años, que  “estando este trabajador en sus funciones junto a una máquina de aquellas obras, colocó el brazo entre los dientes del engranaje, para señalar a un compañero suyo el sitio donde estaba una carta [sic] con 1.200 pesetas, que se le había caído. Este fue alcanzado por la máquina con tanta desgracia, que resultó con extenso magullamiento en la parte superior del brazo derecho. Fue trasladado al Hospital. Las pesquisas realizadas para encontrar la cartera que se extravió, resultaron inútiles. Como presunto autor de la sustracción ha sido detenido un “compañero” del herido”.


Como contrapunto de este artículo y explicación, decir que el título de este artículo se ha tomado de un apartado del estudio “Servicios de carácter social en las obras públicas” que realizó el ingeniero de caminos y director de las obras del Pantano de la Peña, Severino Bello Poëyusan. En este excepcional trabajo se describe la conducta de los trabajadores que participan en las mismas, entre otros interesantes asuntos. En los once años que duran las obras que dirige “sólo” cuatro hechos punibles tienen lugar y únicamente en uno de ellos tienen que participar las autoridades. La mayoría de los problemas se solucionan internamente con el despido de los implicados. Una característica que describe el ambiente “verdaderamente ejemplar” de dichas obras, es que una de las soluciones para los conflictos consiste en “descuentos voluntarios” a favor de la cooperativa obrera o el recargo con servicios temporales extraordinarios para castigar las infracciones. Otra circunstancia que nos habla del  carácter especial de la dirección de estas obras es la amonestación que se hace a dos mulateros “por golpear a las bestias y vociferar”.

Por José Antonio Cubero Guardiola




Este artículo se publicó en el número 14 de la revista "Els tres llugaróns", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el invierno de 2014

viernes, 24 de octubre de 2014

Notas sobre la historia de la central de Seira (12). Pilar Jiménez González, una gran mujer.


Martes, 1 de enero de 1918. Comienza el año y nadie, ni en sus mejores sueños, puede imaginar el sinnúmero de eventos -unos buenos y otros no tanto- que va a deparar este año que ahora comienza. La Gran Guerra continúa y los infernales combates siguen dejando un largo reguero de cadáveres. Un día avanzan unos y el siguiente los contrarios recuperan el terreno perdido. El presidente de los Estados Unidos  presenta “catorce puntos para la paz” y su colaboración probablemente, por lo que cuentan los periódicos, será decisiva.


Las obras de la Central de Seira están en su parte más delicada, los ingenieros de Escher Wyss y de Oerlikon ya han llegado, y tienen la tarea de poner en funcionamiento las turbinas y los alternadores. El polvo de las obras de fábrica todavía flota en el aire y grandes cajas con sus rótulos en alemán comienzan a llenar la sala de un multicolor puzzle. El verano no está resultando especialmente festivo para los trabajadores y los turnos se suceden. La sala de máquinas es un continuo tránsito de personas y materiales. En julio han comenzado las pruebas y en agosto -por fin- se sincroniza la máquina número 1 de la central de Seira. El martes uno de agosto, a las 12 y dieciséis minutos, comienza a producir energía la central y mediante la línea eléctrica, recién terminada, parte rumbo a Barcelona.

Tras este importante hito comienza la obra de la central de Puente Argoné, aguas abajo de Seira, para poder seguir aprovechando las aguas del río Ésera en un nuevo salto. Las obras de éste se alargarán todo el año 1919.

La familia Jiménez-González en la comunión de su hijo José. Pilar recordaba: Se hicieron para la comida “doce docenas de huevos hilados”(sic).  En la fila superior (de izq. a der.): Federico Jiménez del Yerro, ?, Federico Jiménez Fernández, Carmen González Fernández, ?, ?, ?, ?,  Josefina Jiménez del Yerro, Josefa del Yerro [y Yerro ?], ?, ?, Venancia. En la fila inferior: ?, José Jiménez González, ?, Lolita Jiménez González, Carmen Jiménez González, ?. Seira ca. 1915.  Colección familia Jiménez-Mateos.

Federico Jiménez del Yerro, ingeniero de Caminos que dirige la obra, hace tiempo que ha realizado los trámites para volver al servicio del Estado. Las obras han tenido demasiados altibajos y ahora su trabajo aquí no tiene demasiado futuro. Con Carmen –su esposa- ha hablado para bajar a Monzón e intentar conseguir un puesto en las oficinas del Canal. Federico cierra sus ojos y sueña con el día que pueda volver a su Madrid natal -al Ministerio-, aunque lo ve lejano.  Sus hijos José, Lolita y Carmen, ya corren alegres por los jardines de su casa.  Su padre, también se llama Federico, con la pipa en ristre, no para de pintar. Josefina, la hermana del ingeniero, sigue con sus achaques.

A comienzos de 1920, ya está la familia Jiménez-González en Monzón. Todavía no ha terminado Federico sus papeles para el reingreso, pero ya están establecidos en la ciudad. Han alquilado una vivienda en la misma casa donde naciera el ilustre polígrafo Joaquín Costa. A pocos metros de esta, en la iglesia de Santa María, el cura párroco Cosme Pueo, bautiza a su cuarto hijo. Le han puesto por nombre María del Pilar y de la Cruz y recibe las primeras aguas de su vida  el día ocho de mayo. Pilar nace –según le dicen al párroco- el día tres, a las cuatro y cuarenta y cinco de la madrugada. Sus hermanos, José  -que ya cuenta catorce años- y Carmen –de once-, hacen de padrinos. Lolita, la más pequeña -con nueve- corretea juguetona alrededor de los asistentes.

No dura mucho la estancia de la familia en Monzón y en 1921 Federico es destinado a Huesca. Allí debe desempeñar el cargo de Ingeniero Director del Pantano de Santa María de Belsué, que está a pocos kilómetros de la capital. Una vez tomada posesión del cargo, la familia Jiménez se instala en el edificio de Obras Públicas, en el céntrico Coso oscense. Es un gran piso distribuido en numerosas alcobas y en su largo pasillo Pilar da sus primeros pasos de la mano de Venancia.

La familia Jiménez-González y la familia Félix-Torres en Seira sobre el año 1922.  De pie: Ramón Félix Surigué, Federico Jiménez del Yerro, sentados, de izq. a der.: Florentina Torres Fumás, Carmen González Fernández, José Jiménez González, en el suelo, Carmen Jiménez González, Pilar Jiménez González, Lolita Jiménez Fernández, María Félix Torres?, Ramón Félix Torres ?. Colección familia Jiménez-Mateos.

La infancia de Pilar está siendo complicada, siempre está enferma. Pero mejor que nos lo cuente ella:


Como yo de pequeña no iba casi nunca al colegio, que era de monjas y estaba al lado de casa, por las mañanas me llevaba Venancia al mercado con ella y los domingos, que en el Olimpia ponían alguna película que yo no podía ver, después de comer Venancia y yo, cuando hacía buen tiempo, nos íbamos a pasar la tarde al convento de la Miguelas que estaba por la carretera de Barbastro


Una vez allí, mientras ella jugaba a las cartas con la hermana portera, yo me entretenía en la huerta, que era enorme, con un perro que tenían muy grande -blanco- que se llevaba estupendamente conmigo. A la vuelta a casa, ya anochecido, si el tiempo había refrescado, Venancia me cogía en brazos y me arropaba con su mantón.

De vez en cuando aprovechan algún viaje de Federico para pasar el día en la tranquilidad del Pantano de Belsué. Su hijo José, que ya pinta bigote, lleva a sus hermanas con una barca por el pantano. A Pilar no le dejan montar con ellos y observa curiosa a su abuelo que no para de pintar en las paredes de los gallineros. Las gallinas y otros animales del corral posan sorprendidos. Unos trabajadores de la obra le traen cartones para que pinte en ellos dibujos. Rápidamente, ante su perplejidad, aparecen reconocibles figuras en ellos.

Me crié como una cabra, veía pasar las matas rodando por el aire junto [a] la casa del pantano –piensa Pilar-.

En verano, Federico tiene el derecho de conservación de la central, y suben a pasar varios meses al chalet de Seira. Pilar tiene la mejor habitación, sobre el comedor, con una gran cristalera frente a la carretera. Allí pasará, hasta cumplir los trece años, los veranos más felices de su vida. Doña Prima -la maestra de Seira- y su marido, pasan interminables veladas con la familia Jiménez en sus estancias veraniegas. 

José, Lolita, Carmen y Pilar Jiménez González.
         Colección familia Jiménez-Mateos
.

Aquellas tertulias hasta que se hacía de noche eran encantadoras aunque yo casi siempre me dormía en brazos de mamá.

De nuevo en la capital, en sus crudos inviernos, Pilar se ponía enferma.  


Siempre invariablemente tenía una gripe con una larga convalecencia, así que sin radio ni tele lo único que tenía para entretenerme era leer y leer. Un año –tendría yo siete u ocho- estando con la gripe y mas aburrida que una mona,  recibí una caja muy grande y al ver lo que contenía me puse loca de contenta ¡cuentos y más cuentos! y una carta de ¡Doña Prima!. Ese año pase la gripe más feliz de mi vida.

Cuenta diez años Pilar cuando una mala caída lleva al hospital a su abuelo Federico. No resiste mucho tiempo y fallece a los 90 años. El pasillo donde tanto paseara con su bata y la pipa escondida en el bolsillo, pierde un habitante.

María Pilar Jiménez González en 1929. Ubicación desconocida. Colección familia Jiménez-Mateos.

Pilar es una niña y su inocencia contrasta con la alegría juvenil de Lolita y Carmen, que ya pasan de los veinte años y salen a pasear por Huesca junto a su hermano José y sus amigos. Pilarín Riazuelo –que tiene la edad de una de sus hermanas- algunos años viene a pasar las fiestas de San Lorenzo a su casa.

Carmen, su madre, de vez en cuando, les encarga que lleven a pasear a Pilar. Esta mira sorprendida como pasean cogidas de la mano de dos jóvenes. La vida discurre apaciblemente cuando un buen día su padre les comunica que ha conseguido una plaza en Madrid. Esta muy contento aunque sus hijos no lo están tanto. Lolita, Carmen y José, que ya han planteado su vida, deciden quedarse en Huesca. El resto de la familia parte rumbo a Madrid. Se instalan en la céntrica calle Fuencarral, a un paseo del Ministerio donde trabaja Federico. Pilar, que ya tiene dieciséis años, es ahora la que pasea cogida de la mano de un joven. Desde la ventana la mira Venancia  -con su saya negra- que sonríe contenta. Es la niña de sus ojos, la vio nacer, y como a sus hermanos, la ha criado y la ha querido como a una hija.
Un fatídico día de julio de 1936 la radio interrumpe sus programas para informar que se ha producido un golpe de estado contra el gobierno de la república. Este ha tenido un éxito irregular y Huesca ha quedado en la zona donde ha triunfado el alzamiento aunque Madrid ha sido fiel a la republica. Esa noche se oyen disparos lejanos. Las calles están desiertas y todos están en sus casas esperando noticias. A Federico le han recomendado que no vaya en un tiempo al Ministerio y que se cambie el sombrero por una boina. Las noticias son confusas y el joven que paseaba con Pilar –Emilio- está en paradero desconocido. La familia Jiménez intenta ponerse en contacto con sus hijos en Huesca, pero los teléfonos no funcionan.

Venancia, como todos los días, baja al mercado, pero algunos productos básicos ya escasean. Al volver mira asustada como pasan un camión con jóvenes armados. A Pilar, que no sale de casa, los días se le hacen muy largos sin noticias de Emilio.

Con todo el calor de agosto una noche suena la sirena y todos se despiertan asustados. Bajan corriendo hacia el refugio cercano unicamente con lo puesto. Allí se reúne la familia Jiménez, Venancia y algunos vecinos. Todos están en silencio en la oscuridad del cuarto. El reloj arrastra sus agujas sin casi moverse. Pilar cierra los ojos abrazada a sus padres y de pronto un gran estruendo la despierta sobresaltada. El llanto de unos niños rompe el silencio y un nuevo estruendo vuelve a repetirse. Todo el mundo espera intranquilo el nuevo impacto.

En mayo de 1938, el día 3, las sirenas suenan nuevamente. Pilar cumple hoy dieciocho años y está mucho más delgada que hace dos veranos. Venancia cambia sus cupones en el estraperlo por chocolate para intentar animarla. Siguen sin tener noticias sobre Emilio y todavía no han podido comunicarse con Huesca, aunque allí siguen la vida ajenos a todos los sufrimientos de Madrid.

Emilio, al final, tras un tiempo en la División Azul, aparece sano y salvo. Se casa con Pilar en 1945 y tienen dos hijos y una hija.


La vida ha pasado muy rápida. En mayo cumplirá Pilar noventa y cuatro años. En Madrid, en su piso de la calle del Acuerdo, tras el largo pasillo de entrada, está sentada en su sillón. Ha abierto los ojos tras una cabezada.  Nuska, su perrita, la ha despertado con sus ladridos. Todo ha sido un sueño. Se toca los ojos y su mano se empapa con sus lágrimas. En su mirada todavía perdura la imagen de Venancia.

Querida Venancia ¿estarás en el cielo con tu cesta de la compra al brazo y tu mantoncito negro?

 
Dulcemente, sin poder evitarlo, vuelve a cerrar los ojos. Venancia, vestida de negro, aparece delante de la verja del jardín de su casa de Seira, como tantas noches, a buscarla. En el Centro proyectan una película de Charlot y su padre le ha prometido que le comprará una gaseosa de pito.

Como entre nubes aparece Federico, el abuelo pintor, que está junto a un lienzo con su paleta, la mira y, sonriendo, la invita a acompañarlo. Alrededor de su caballete corren gallinas y conejos. Su hermano José, aquel que fue alumno del pintor Carlos de Haes, está junto a él, cubierto con su gorra. Federico y Carmen, sus padres, también están allí. Un poco más abajo, en un jardín cubierto de flores, está José con Lolita y Carmen que la llaman.

Al final, ese sueño, que no es tal, termina. Su mirada es serena. Está feliz por una vida plena y una sonrisa la acompaña en la despedida de los suyos en su último viaje.

[Dedicado a Pilar Jiménez González (Monzón, 3-5-1920-Madrid, 11-1-2014), allá donde esté. Su inteligencia y fino humor estarán siempre unidos a sus historias, plagadas de recuerdos y emociones. Tu memoria estará siempre con nosotros.]

 
Por José Antonio Cubero Guardiola




Este artículo se publicó en el número 13 de la revista "Els tres llugaróns", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el verano de 2014. Esta revista apareció, por razones varias, en otoño de dicho año.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Notas sobre la historia de la central de Seira (11). D. Diego Mayoral Estrimiana, ingeniero jefe del Servicio Hidroeléctrico de Catalana de Gas y Electricidad.


En septiembre de 1868 se produce un levantamiento popular que destrona a la reina Isabel II. Comienza una época de inestabilidades políticas y sociales. Tras unos años de gobierno provisional, en 1871, el italiano Amadeo de Saboya reina en España.

En Cádiz, en el Puerto de Santa María, a las diez de la mañana del 21 de septiembre de 1871, nace un niño al que le ponen por nombre Diego José. Su padre, José Mayoral, es natural de Logroño y ejerce de Profesor de Instrucción Primaria en la ciudad. Su madre, Cesárea Estrimiana, es también logroñesa, de un pequeño pueblo -a unos cincuenta kilómetros de la capital- llamado San Asensio y se dedica, como se expresa en aquellos momentos, “a las labores de su sexo” (1).

La familia lleva en la ciudad -al menos- desde 1862, fecha en la que el padre de Diego, José Mayoral Zaldívar escribía en un Periódico local dedicado a la literatura, las ciencias y la educación (2). José tiene un espíritu claramente emprendedor, pues en el año 1864 se embarca como parte de la sociedad “M. Sabino y Cía” para prestar dinero con interés. Esta sociedad tiene una vida efímera y se disuelve rápidamente en el año 1867, pero su actividad no cesa. José, que según otras fuentes ejerce  como maestro de la Escuela Superior, en un intento por ampliar las posibilidades de su escuela, solicita al Ayuntamiento de la ciudad, el año 1870, la creación del “Colegio Español” agregado a la Escuela Pública Superior, donde él ejerce, para impartir “enseñanzas superiores” (3).

Todas estas actitudes –probablemente- influencian al joven Diego desde sus primeros años de vida, pues está inmerso en la escuela y las  actividades de su padre y, seguro, bucea entre los libros de la biblioteca “popular” de la ciudad, recién creada, y de la que su padre es el bibliotecario (4).




Firma del Ingeniero Diego Mayoral, Año 1939, Archivo Histórico del Ministerio de Fomento (AHMF), Madrid.


Aunque no conocemos como es su trayectoria por las escuelas gaditanas, no nos cabe ninguna duda de la importancia de la labor de su padre en su formación y en la preparación del difícil examen de entrada en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Diego termina sus estudios en 1895 y queda el tercero de los 42 titulados de su promoción. Ya finalizada la carrera, solicita hacer las prácticas en su Cádiz natal. Acabadas estas, el Ingeniero de la demarcación, por el gran volumen de carreteras emprendidas por su jefatura le lleva a pedir al  Director General una ampliación del plazo de sus prácticas pues será de reconocida conveniencia la cooperación de un auxiliar de los conocimientos del Sr. Mayoral y de edad tan a propósito para los trabajos siempre rudos y penosos del mar y de las sierras (5).

Tras esta etapa, Diego Mayoral Estrimiana se incorpora al escalafón, pues no olvidemos que en aquellas fechas los Ingenieros de Caminos eran funcionarios del Estado. Es nombrado ingeniero aspirante el día 21 de Septiembre de 1897 y se le asigna un sueldo anual de 2.000 pesetas. Ocho días después conoce su primer destino en la Jefatura de Obras Públicas de Orense. Este no llega a tener efecto y el 19 de octubre se cambia el mismo por la Jefatura de Cádiz, tomando posesión de su cargo el 16 de noviembre del mismo año.

La electricidad está comenzando a utilizarse en alumbrados de ciudades y pueblos e inicia su despegue como actividad industrial. En 1899, Diego Mayoral, viendo este auge,  solicita su pase a supernumerario –una excedencia- para poder ampliar en el extranjero los conocimientos propios de su profesión. Se traslada a Zurich para cursar estudios en su  Escuela Politécnica.

Comienza el siglo XX y el joven ingeniero Diego Mayoral es convocado, por una Real Orden, el 12 de junio (6). Cuenta 29 años y se le encomienda la labor de representar a España en el Congreso de Electricidad que se celebrará en Paris en agosto del año 1900 (7). A este Congreso, en el apartado de ferrocarriles, acude el excepcional Ingeniero de Caminos y matemático José Echegaray, polifacético personaje que resultará galardonado con el Premio Nobel de literatura en 1904.  También participa el oscense Mariano Carderera y Ponzán (8).






Cubierta y portada del libro de Memorias del Congreso de Ferrocarriles, Tranvías y Electricidad de París del año 1900 en el que participó D. Diego Mayoral.


Diego Mayoral en las conclusiones de dicho congreso agradece su elección a la superioridad:

“…por haberme honrado inmerecidamente con la representación del Ministerio de Obras Públicas en este Congreso, haciendo votos por que el modesto trabajo que tengo el honor de presentar, sea de alguna utilidad a las personas que en nuestra Patria siguen con interés las modernas aplicaciones de la electricidad a la industria” (9). 

En enero de 1901 el Director General de Obras Públicas recibe una comunicación para felicitar al Ingeniero Diego Mayoral en los siguientes términos:

“Considerando que el referido ingeniero demuestra  en aquella [memoria] el profundo y detenido estudio que ha hecho de cuantos asuntos fueron tratados en el Congreso…S.M. el Rey (q. D. g.), y en su nombre la Reina Regente del Reino, ha tenido a bien disponer se le manifieste el agrado y satisfacción con que ha visto su importante trabajo y que se le den las gracias en su Real nombre por el acierto con que ha desempeñado la Comisión que se le confirió…” (10).

Un importante hito en la vida de Diego Mayoral tiene lugar en el Puerto de Santa María –según su nieto José Ignacio-, al contraer matrimonio con Carmen Sancho Vernacci. Ella es también del Puerto y vive con unos parientes, pues han fallecido sus padres. No conocemos su lugar de residencia, aunque las primeras noticias de su actividad profesional lo ubican en Sevilla. El año 1907 trabaja en la Sociedad Española Oerlikon, y consta como su dirección la calle Unión número 1 de la capital hispalense (11). Con 37 años constituye en esta ciudad, con otros socios, la Cooperativa de Electricidad (12). En 1910 ejerce de representante de la misma en las nuevas instalaciones y líneas eléctricas (13).


Gracias a las páginas de sociedad del Heraldo de Madrid situamos al matrimonio Mayoral-Sancho en el Balneario de Marmolejo, en Jaén, el verano de 1910 (14). Carmen da a luz en Madrid, el año 1911, al único hijo de la pareja. Le ponen por nombre José, alternando –como hicieran con su padre y abuelo- los nombres de Diego y José.

Ese mismo año 1911, en septiembre, se incorpora Diego Mayoral al Servicio Hidroeléctrico de Catalana de Gas y Electricidad, donde comienza a dirigir los trabajos preliminares del transporte de fuerza Seira-Barcelona (15).




El ingeniero D. Mayoral en el interior de las fundaciones de la Presa de Villanova (identificado por el jefe de la Central en los años 20 D. Miguel Canals Tello) (gentileza Jaume Canals).


Desde estas fechas dirige las obras que “La Catalana” realiza en el valle del Ésera. En Barcelona, organiza los suministros que la gran guerra esta alterando y encareciendo. En sus informes anuales, del estado de la obra, narra la epopeya que está suponiendo la construcción del salto que, año tras año, está retrasando su puesta en servicio. Los problemas de suministro se unen a lo abrupto y apartado de la región, y su escasez de recursos, [que] han hecho necesaria la ejecución de numerosas obras para el desarrollo de las actividades de la compañía (16).

Uno de los obstáculos, en la larga y accidentada carrera de la construcción de la central, es la ardua tarea de convencer a los cerca de 1000 propietarios de los terrenos que tiene que atravesar la línea de alta tensión que unirá Seira con Barcelona. La competencia está realizando una efectiva tarea para conminarlos para lo contrario y así dificultar la puesta en marcha de la misma.
No son estos los únicos problemas con los que se encuentra, y los retrasos con los suministros de los proveedores del país, se unen con las dificultades en el extranjero en la búsqueda de materiales como el acero, el cobre y las tuberías. Estas últimas le traen de cabeza intentando convencer a los aliados –los ingleses- para que les dejen pasarlas por terreno francés, ahora ocupado por los alemanes. En Lisboa tiene “La Catalana”, desde comienzo de la contienda, los aisladores que transportaba un vapor alemán, y no consigue reexpedirlos (17). Pero esto no es más que una parte de la larga lista de despropósitos que dificultan el desarrollo de las obras.

Aunque las dificultades no son solo con los materiales, pues las numerosas obras que simultáneamente tienen lugar en aquellos momentos requieren numerosos trabajadores, y se hacen competencia entre ellas. Aquellos más especializados  se buscan insertando anuncios en periódicos y publicaciones técnicas, como Madrid Científico, que incluye un anuncio para contratar un auxiliar para la Dirección Facultativa de las obras de varios saltos de agua, con residencia en Barcelona. La empresa que realiza la búsqueda no es directamente la contratante, pues encargan a una gestora de personal, Haasenstein y Vogler, dicha labor. El sueldo que le asignan al puesto es de 9.000 pesetas.

Unos meses más tarde aparece en la misma publicación una nota de la persona que ha sido contratada y revela el nombre de la empresa y las características del trabajo. El texto merece la pena transcribirlo pues nos ilustra de la situación en aquellos momentos del trabajo en el servicio Hidroeléctrico:

“…me contestaron de la Catalana de Gas y Electricidad, diciéndome que en principio les convenían mis servicios. Vine, traté y me quedé. Y aquí me tienen  de súbdito del excelente ingeniero de Caminos Sr. Mayoral, estudiando postes, líneas y subestaciones para ir trayendo por lo pronto a Barcelona 30.000 caballos desde el salto del Run, en la provincia de Huesca, con una línea de 250 kilómetros a 110.000 voltios, en competencia con la Canadiense. Tengo entendido que las concesiones de mi Sociedad alcanzan a 100.000 caballos, y de esta capacidad será la estación de reserva que montaremos aquí. Como ven, la instalación es muy interesante, y al lado de Mayoral, que es todo un ingeniero, he de aprender mucho” (18).

Intentar citar, aunque fuera de manera breve, las tareas y proyectos que desempeña Diego Mayoral en Catalana de Gas es una tarea ímproba que se aleja del espacio y de la intención de este texto. En cualquier caso, su figura resulta imprescindible para entender los avances y el desarrollo de la industria eléctrica y, por tanto, no es extraño que participe, el año 1924, en The first World Power Conference, en Londres. Su ponencia Algunos aspectos de las empresas hidroeléctricas modernas, acompaña a las de importantes ingenieros como Pedro González Quijano –jefe del servicio técnico del Consejo de la Energía español- (19) En su exposición, Mayoral, expresa sus opiniones personales basadas en la experiencia adquirida en numerosas instalaciones realizadas durante los últimos veinticinco años, y muy especialmente en las de Catalana de Gas y Electricidad de Barcelona (20). En esta ciudad tiene lugar una sesión especial de la Conferencia Mundial de la Energía el año 1929 y es nombrado Presidente del Comité Local organizador la misma.



Imagen de D. Diego Mayoral publicada por la revista de la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro, Zaragoza, junio 1929, número 24. (Fondo Fotográfico de la Confederación Hidrográfica del Ebro.)

Ese mismo año cierra su trayectoria en la empresa privada tras dieciocho años en “La Catalana”. En una carta se dirige a sus subordinados agradeciéndoles su eficaz colaboración gracias a la cual debo el haber llevado a feliz término una obra erizada en ocasiones de dificultades de todo género, representativa de un noble esfuerzo colectivo y de un deber cumplido, por el que todos debemos sentirnos satisfechos. Los empleados que habían estado a su cargo le agradecen esta confianza y le dedican un libro con las firmas de todos ellos –unas 327- como testimonio de agradecimiento a su carácter noble y bondadoso, y de admiración por sus excepcionales cualidades y vastos conocimientos (21). Tras esta etapa termina, el 15 de febrero de 1930, la excedencia que comenzó en 1899, para viajar a Suiza. Pasa al servicio del Estado y un año después es nombrado Jefe del Comité Técnico de electrificación de Ferrocarriles, importante cargo al que siguen otros muchos como Inspector Regional o Presidente del Consejo de Obras Hidráulicas.

No sólo es reconocida su trayectoria profesional en España, pues su trabajo y trayectoria traspasa las fronteras y es invitado a congresos (probablemente las nuevas ediciones de la World Power Conference) en Alemania y Suecia (22) –nos cuenta su nieto José Ignacio-. Pero la salud, ajena a todo reconocimiento, le pasa factura por los trabajos durísimos, principalmente en el periodo 1911-1929 en los Altos Pirineos de Huesca (23). A estos problemas se unen los provocados por la guerra civil. Pasada esta, en septiembre de 1941, se jubila a los 70 años de edad. Esta circunstancia no le impide seguir manteniendo una fluida relación con el negocio eléctrico y en 1945, al crearse la Empresa Nacional de Electricidad, S.A. (ENDESA), es nombrado Vicepresidente del Consejo de Administración (24) bajo las órdenes del primer presidente de la entidad, el excepcional ingeniero, Esteban Terradas. Sin apenas tiempo para disfrutar de este cargo, pocos días después de su 76 cumpleaños, fallece en su casa de Madrid.

(Me gustaría agradecer a José Ignacio y Diego Mayoral Elizagárate, nietos de Diego Mayoral, y a Carmen Gil-Casares -nieta política- toda su colaboración y amabilidad. También a Jaume Canals i Casabó hijo del jefe de la central Miguel Canals, que posibilitó, con las postales de su padre, el primer reconocimiento de la imagen de Diego Mayoral).

(También es necesario expresar mi agradecimiento a Conchita Pintado, del Archivo del Ministerio de Fomento, y Marta Buñuel, de la Biblioteca del Senado, por sus eficaces respuestas.)

Por José Antonio Cubero Guardiola
Este artículo se publicó en el número 12 de la revista "Els tres llugaróns", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el invierno de 2013.

Notas
(1) Archivo del Ministerio de Fomento (AHMF), Madrid, Legajo 5460, Expediente personal de Diego Mayoral Estrimiana.
(2) Herrera Rodríguez, Francisco, La información científica en revistas gaditanas de la segunda mitad del siglo XIX, Revista Llull, vol. 18, 1995, 93-111. [En línea, Dialnet].
(3) Gómez Fernández, Juan, Formar hombres de bien. La enseñanza en el Puerto de Santa María en el siglo XIX, Universidad de Cádiz, 2006, p. 151.
(4) Gómez, 2006, p. 105.
(5) AHMF, Legajo 5460, Carta del Ingeniero Jefe de Cádiz al Director General de Obras Públicas, Cádiz, 3 de Junio de 1896.
(6) Noticias. Telégrafos, La Energía Eléctrica,  Madrid, 6 de julio de 1900, nº 1, p. 16.
(7) Congresos internacionales de ferrocarriles, tranvías y electricidad celebrados en Paris en el año de 1900. Memoria del delegado del Gobierno Español Don Diego Mayoral. Madrid, 1900. [Biblioteca del Senado. Gentileza de Marta Buñuel]. 
Tras la consulta de las imágenes enviadas desde esta biblioteca tuve la oportunidad de encontrar el libro original y allí obtuve las imágenes del artículo.
(8) Hijo del pedagogo Mariano Carderera y Potó. Autor de un libro sobre Taquimetría en 1877. Huesca, 1846-?, 1916. Número uno de su promoción (1870).
(9) Congresos, 1901, p.256.
(10) AHMF, Legajo 5460, Carta de agradecimiento por los servicios prestados en el Congreso de Electricidad de Paris, Madrid, 15 de enero de 1901.
(11) Anuario técnico e industrial de España, Madrid, 1911, 1ª edición, cuarta parte p. 93.
(12) Historia de la Banca en Andalucía 1780-1936. http://bancaandalucia.blogspot.com.es/2011/02/utrera.html [En línea].
(13) Notas Varias, Línea de transporte, Madrid científico, Madrid, 10 de noviembre de 1910,  nº 684, p. 19.
(14) Playas y Balnearios, Marmolejo, Heraldo de Madrid, Madrid, 16 mayo de 1910.
(15) Carta de agradecimiento a los antiguos empleados de CGE, Barcelona, 15 de abril de 1929. [gentileza de José Ignacio Mayoral Elizagárate].
(16) Servicio Hidroeléctrico, Memorias de las obras ejercicios 1913-1920, Memoria 1914. Archivo Histórico Fundación Gas Natural-Fenosa  (AHFGNF), Sabadell.
(17) Servicio Hidroeléctrico. Memorias de las obras ejercicios 1913-1920, Memoria 1914 (AHFGNF).
(18) Los ingenieros y los anuncios, Madrid Científico, Madrid, 15 de octubre de 1913, n. 790.
(19) González Quijano, Pedro M., Avance para una evaluación de la energía hidráulica en España, Madrid, 1932, p. 11.
(20) González Quijano, Pedro M., Colaboración española en la Conferencia internacional de la Energía, Londres, Revista de Obras Públicas, número 2414, p.  359.
(21) Los empleados y obreros del Servicio Hidro-Eléctrico de la C.G.E. a Don Diego Mayoral con todo el afecto a que se ha hecho acreedor en la dirección del mismo. [ Gentileza de José Ignacio Mayoral Elizagárate].
(22) Probablemente sean la segunda edición de la World Power Conference de Berlin 1930 y una reunión sectorial en Estocolmo.
(23) AHMF, Legajo 5460, Carta informando al Ministerio de un problema de salud, Madrid, 21 de febrero de 1937.
(24) Anés y Álvarez de Castrillón, Gonzalo, et al., Endesa en su historia (1944-2000), Madrid, 2001, p. 67.