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sábado, 28 de diciembre de 2013

Notas sobre la historia de la central de Seira (11). D. Diego Mayoral Estrimiana, ingeniero jefe del Servicio Hidroeléctrico de Catalana de Gas y Electricidad.


En septiembre de 1868 se produce un levantamiento popular que destrona a la reina Isabel II. Comienza una época de inestabilidades políticas y sociales. Tras unos años de gobierno provisional, en 1871, el italiano Amadeo de Saboya reina en España.

En Cádiz, en el Puerto de Santa María, a las diez de la mañana del 21 de septiembre de 1871, nace un niño al que le ponen por nombre Diego José. Su padre, José Mayoral, es natural de Logroño y ejerce de Profesor de Instrucción Primaria en la ciudad. Su madre, Cesárea Estrimiana, es también logroñesa, de un pequeño pueblo -a unos cincuenta kilómetros de la capital- llamado San Asensio y se dedica, como se expresa en aquellos momentos, “a las labores de su sexo” (1).

La familia lleva en la ciudad -al menos- desde 1862, fecha en la que el padre de Diego, José Mayoral Zaldívar escribía en un Periódico local dedicado a la literatura, las ciencias y la educación (2). José tiene un espíritu claramente emprendedor, pues en el año 1864 se embarca como parte de la sociedad “M. Sabino y Cía” para prestar dinero con interés. Esta sociedad tiene una vida efímera y se disuelve rápidamente en el año 1867, pero su actividad no cesa. José, que según otras fuentes ejerce  como maestro de la Escuela Superior, en un intento por ampliar las posibilidades de su escuela, solicita al Ayuntamiento de la ciudad, el año 1870, la creación del “Colegio Español” agregado a la Escuela Pública Superior, donde él ejerce, para impartir “enseñanzas superiores” (3).

Todas estas actitudes –probablemente- influencian al joven Diego desde sus primeros años de vida, pues está inmerso en la escuela y las  actividades de su padre y, seguro, bucea entre los libros de la biblioteca “popular” de la ciudad, recién creada, y de la que su padre es el bibliotecario (4).




Firma del Ingeniero Diego Mayoral, Año 1939, Archivo Histórico del Ministerio de Fomento (AHMF), Madrid.


Aunque no conocemos como es su trayectoria por las escuelas gaditanas, no nos cabe ninguna duda de la importancia de la labor de su padre en su formación y en la preparación del difícil examen de entrada en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Diego termina sus estudios en 1895 y queda el tercero de los 42 titulados de su promoción. Ya finalizada la carrera, solicita hacer las prácticas en su Cádiz natal. Acabadas estas, el Ingeniero de la demarcación, por el gran volumen de carreteras emprendidas por su jefatura le lleva a pedir al  Director General una ampliación del plazo de sus prácticas pues será de reconocida conveniencia la cooperación de un auxiliar de los conocimientos del Sr. Mayoral y de edad tan a propósito para los trabajos siempre rudos y penosos del mar y de las sierras (5).

Tras esta etapa, Diego Mayoral Estrimiana se incorpora al escalafón, pues no olvidemos que en aquellas fechas los Ingenieros de Caminos eran funcionarios del Estado. Es nombrado ingeniero aspirante el día 21 de Septiembre de 1897 y se le asigna un sueldo anual de 2.000 pesetas. Ocho días después conoce su primer destino en la Jefatura de Obras Públicas de Orense. Este no llega a tener efecto y el 19 de octubre se cambia el mismo por la Jefatura de Cádiz, tomando posesión de su cargo el 16 de noviembre del mismo año.

La electricidad está comenzando a utilizarse en alumbrados de ciudades y pueblos e inicia su despegue como actividad industrial. En 1899, Diego Mayoral, viendo este auge,  solicita su pase a supernumerario –una excedencia- para poder ampliar en el extranjero los conocimientos propios de su profesión. Se traslada a Zurich para cursar estudios en su  Escuela Politécnica.

Comienza el siglo XX y el joven ingeniero Diego Mayoral es convocado, por una Real Orden, el 12 de junio (6). Cuenta 29 años y se le encomienda la labor de representar a España en el Congreso de Electricidad que se celebrará en Paris en agosto del año 1900 (7). A este Congreso, en el apartado de ferrocarriles, acude el excepcional Ingeniero de Caminos y matemático José Echegaray, polifacético personaje que resultará galardonado con el Premio Nobel de literatura en 1904.  También participa el oscense Mariano Carderera y Ponzán (8).






Cubierta y portada del libro de Memorias del Congreso de Ferrocarriles, Tranvías y Electricidad de París del año 1900 en el que participó D. Diego Mayoral.


Diego Mayoral en las conclusiones de dicho congreso agradece su elección a la superioridad:

“…por haberme honrado inmerecidamente con la representación del Ministerio de Obras Públicas en este Congreso, haciendo votos por que el modesto trabajo que tengo el honor de presentar, sea de alguna utilidad a las personas que en nuestra Patria siguen con interés las modernas aplicaciones de la electricidad a la industria” (9). 

En enero de 1901 el Director General de Obras Públicas recibe una comunicación para felicitar al Ingeniero Diego Mayoral en los siguientes términos:

“Considerando que el referido ingeniero demuestra  en aquella [memoria] el profundo y detenido estudio que ha hecho de cuantos asuntos fueron tratados en el Congreso…S.M. el Rey (q. D. g.), y en su nombre la Reina Regente del Reino, ha tenido a bien disponer se le manifieste el agrado y satisfacción con que ha visto su importante trabajo y que se le den las gracias en su Real nombre por el acierto con que ha desempeñado la Comisión que se le confirió…” (10).

Un importante hito en la vida de Diego Mayoral tiene lugar en el Puerto de Santa María –según su nieto José Ignacio-, al contraer matrimonio con Carmen Sancho Vernacci. Ella es también del Puerto y vive con unos parientes, pues han fallecido sus padres. No conocemos su lugar de residencia, aunque las primeras noticias de su actividad profesional lo ubican en Sevilla. El año 1907 trabaja en la Sociedad Española Oerlikon, y consta como su dirección la calle Unión número 1 de la capital hispalense (11). Con 37 años constituye en esta ciudad, con otros socios, la Cooperativa de Electricidad (12). En 1910 ejerce de representante de la misma en las nuevas instalaciones y líneas eléctricas (13).


Gracias a las páginas de sociedad del Heraldo de Madrid situamos al matrimonio Mayoral-Sancho en el Balneario de Marmolejo, en Jaén, el verano de 1910 (14). Carmen da a luz en Madrid, el año 1911, al único hijo de la pareja. Le ponen por nombre José, alternando –como hicieran con su padre y abuelo- los nombres de Diego y José.

Ese mismo año 1911, en septiembre, se incorpora Diego Mayoral al Servicio Hidroeléctrico de Catalana de Gas y Electricidad, donde comienza a dirigir los trabajos preliminares del transporte de fuerza Seira-Barcelona (15).




El ingeniero D. Mayoral en el interior de las fundaciones de la Presa de Villanova (identificado por el jefe de la Central en los años 20 D. Miguel Canals Tello) (gentileza Jaume Canals).


Desde estas fechas dirige las obras que “La Catalana” realiza en el valle del Ésera. En Barcelona, organiza los suministros que la gran guerra esta alterando y encareciendo. En sus informes anuales, del estado de la obra, narra la epopeya que está suponiendo la construcción del salto que, año tras año, está retrasando su puesta en servicio. Los problemas de suministro se unen a lo abrupto y apartado de la región, y su escasez de recursos, [que] han hecho necesaria la ejecución de numerosas obras para el desarrollo de las actividades de la compañía (16).

Uno de los obstáculos, en la larga y accidentada carrera de la construcción de la central, es la ardua tarea de convencer a los cerca de 1000 propietarios de los terrenos que tiene que atravesar la línea de alta tensión que unirá Seira con Barcelona. La competencia está realizando una efectiva tarea para conminarlos para lo contrario y así dificultar la puesta en marcha de la misma.
No son estos los únicos problemas con los que se encuentra, y los retrasos con los suministros de los proveedores del país, se unen con las dificultades en el extranjero en la búsqueda de materiales como el acero, el cobre y las tuberías. Estas últimas le traen de cabeza intentando convencer a los aliados –los ingleses- para que les dejen pasarlas por terreno francés, ahora ocupado por los alemanes. En Lisboa tiene “La Catalana”, desde comienzo de la contienda, los aisladores que transportaba un vapor alemán, y no consigue reexpedirlos (17). Pero esto no es más que una parte de la larga lista de despropósitos que dificultan el desarrollo de las obras.

Aunque las dificultades no son solo con los materiales, pues las numerosas obras que simultáneamente tienen lugar en aquellos momentos requieren numerosos trabajadores, y se hacen competencia entre ellas. Aquellos más especializados  se buscan insertando anuncios en periódicos y publicaciones técnicas, como Madrid Científico, que incluye un anuncio para contratar un auxiliar para la Dirección Facultativa de las obras de varios saltos de agua, con residencia en Barcelona. La empresa que realiza la búsqueda no es directamente la contratante, pues encargan a una gestora de personal, Haasenstein y Vogler, dicha labor. El sueldo que le asignan al puesto es de 9.000 pesetas.

Unos meses más tarde aparece en la misma publicación una nota de la persona que ha sido contratada y revela el nombre de la empresa y las características del trabajo. El texto merece la pena transcribirlo pues nos ilustra de la situación en aquellos momentos del trabajo en el servicio Hidroeléctrico:

“…me contestaron de la Catalana de Gas y Electricidad, diciéndome que en principio les convenían mis servicios. Vine, traté y me quedé. Y aquí me tienen  de súbdito del excelente ingeniero de Caminos Sr. Mayoral, estudiando postes, líneas y subestaciones para ir trayendo por lo pronto a Barcelona 30.000 caballos desde el salto del Run, en la provincia de Huesca, con una línea de 250 kilómetros a 110.000 voltios, en competencia con la Canadiense. Tengo entendido que las concesiones de mi Sociedad alcanzan a 100.000 caballos, y de esta capacidad será la estación de reserva que montaremos aquí. Como ven, la instalación es muy interesante, y al lado de Mayoral, que es todo un ingeniero, he de aprender mucho” (18).

Intentar citar, aunque fuera de manera breve, las tareas y proyectos que desempeña Diego Mayoral en Catalana de Gas es una tarea ímproba que se aleja del espacio y de la intención de este texto. En cualquier caso, su figura resulta imprescindible para entender los avances y el desarrollo de la industria eléctrica y, por tanto, no es extraño que participe, el año 1924, en The first World Power Conference, en Londres. Su ponencia Algunos aspectos de las empresas hidroeléctricas modernas, acompaña a las de importantes ingenieros como Pedro González Quijano –jefe del servicio técnico del Consejo de la Energía español- (19) En su exposición, Mayoral, expresa sus opiniones personales basadas en la experiencia adquirida en numerosas instalaciones realizadas durante los últimos veinticinco años, y muy especialmente en las de Catalana de Gas y Electricidad de Barcelona (20). En esta ciudad tiene lugar una sesión especial de la Conferencia Mundial de la Energía el año 1929 y es nombrado Presidente del Comité Local organizador la misma.



Imagen de D. Diego Mayoral publicada por la revista de la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro, Zaragoza, junio 1929, número 24. (Fondo Fotográfico de la Confederación Hidrográfica del Ebro.)

Ese mismo año cierra su trayectoria en la empresa privada tras dieciocho años en “La Catalana”. En una carta se dirige a sus subordinados agradeciéndoles su eficaz colaboración gracias a la cual debo el haber llevado a feliz término una obra erizada en ocasiones de dificultades de todo género, representativa de un noble esfuerzo colectivo y de un deber cumplido, por el que todos debemos sentirnos satisfechos. Los empleados que habían estado a su cargo le agradecen esta confianza y le dedican un libro con las firmas de todos ellos –unas 327- como testimonio de agradecimiento a su carácter noble y bondadoso, y de admiración por sus excepcionales cualidades y vastos conocimientos (21). Tras esta etapa termina, el 15 de febrero de 1930, la excedencia que comenzó en 1899, para viajar a Suiza. Pasa al servicio del Estado y un año después es nombrado Jefe del Comité Técnico de electrificación de Ferrocarriles, importante cargo al que siguen otros muchos como Inspector Regional o Presidente del Consejo de Obras Hidráulicas.

No sólo es reconocida su trayectoria profesional en España, pues su trabajo y trayectoria traspasa las fronteras y es invitado a congresos (probablemente las nuevas ediciones de la World Power Conference) en Alemania y Suecia (22) –nos cuenta su nieto José Ignacio-. Pero la salud, ajena a todo reconocimiento, le pasa factura por los trabajos durísimos, principalmente en el periodo 1911-1929 en los Altos Pirineos de Huesca (23). A estos problemas se unen los provocados por la guerra civil. Pasada esta, en septiembre de 1941, se jubila a los 70 años de edad. Esta circunstancia no le impide seguir manteniendo una fluida relación con el negocio eléctrico y en 1945, al crearse la Empresa Nacional de Electricidad, S.A. (ENDESA), es nombrado Vicepresidente del Consejo de Administración (24) bajo las órdenes del primer presidente de la entidad, el excepcional ingeniero, Esteban Terradas. Sin apenas tiempo para disfrutar de este cargo, pocos días después de su 76 cumpleaños, fallece en su casa de Madrid.

(Me gustaría agradecer a José Ignacio y Diego Mayoral Elizagárate, nietos de Diego Mayoral, y a Carmen Gil-Casares -nieta política- toda su colaboración y amabilidad. También a Jaume Canals i Casabó hijo del jefe de la central Miguel Canals, que posibilitó, con las postales de su padre, el primer reconocimiento de la imagen de Diego Mayoral).

(También es necesario expresar mi agradecimiento a Conchita Pintado, del Archivo del Ministerio de Fomento, y Marta Buñuel, de la Biblioteca del Senado, por sus eficaces respuestas.)

Por José Antonio Cubero Guardiola
Este artículo se publicó en el número 12 de la revista "Els tres llugaróns", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el invierno de 2013.

Notas
(1) Archivo del Ministerio de Fomento (AHMF), Madrid, Legajo 5460, Expediente personal de Diego Mayoral Estrimiana.
(2) Herrera Rodríguez, Francisco, La información científica en revistas gaditanas de la segunda mitad del siglo XIX, Revista Llull, vol. 18, 1995, 93-111. [En línea, Dialnet].
(3) Gómez Fernández, Juan, Formar hombres de bien. La enseñanza en el Puerto de Santa María en el siglo XIX, Universidad de Cádiz, 2006, p. 151.
(4) Gómez, 2006, p. 105.
(5) AHMF, Legajo 5460, Carta del Ingeniero Jefe de Cádiz al Director General de Obras Públicas, Cádiz, 3 de Junio de 1896.
(6) Noticias. Telégrafos, La Energía Eléctrica,  Madrid, 6 de julio de 1900, nº 1, p. 16.
(7) Congresos internacionales de ferrocarriles, tranvías y electricidad celebrados en Paris en el año de 1900. Memoria del delegado del Gobierno Español Don Diego Mayoral. Madrid, 1900. [Biblioteca del Senado. Gentileza de Marta Buñuel]. 
Tras la consulta de las imágenes enviadas desde esta biblioteca tuve la oportunidad de encontrar el libro original y allí obtuve las imágenes del artículo.
(8) Hijo del pedagogo Mariano Carderera y Potó. Autor de un libro sobre Taquimetría en 1877. Huesca, 1846-?, 1916. Número uno de su promoción (1870).
(9) Congresos, 1901, p.256.
(10) AHMF, Legajo 5460, Carta de agradecimiento por los servicios prestados en el Congreso de Electricidad de Paris, Madrid, 15 de enero de 1901.
(11) Anuario técnico e industrial de España, Madrid, 1911, 1ª edición, cuarta parte p. 93.
(12) Historia de la Banca en Andalucía 1780-1936. http://bancaandalucia.blogspot.com.es/2011/02/utrera.html [En línea].
(13) Notas Varias, Línea de transporte, Madrid científico, Madrid, 10 de noviembre de 1910,  nº 684, p. 19.
(14) Playas y Balnearios, Marmolejo, Heraldo de Madrid, Madrid, 16 mayo de 1910.
(15) Carta de agradecimiento a los antiguos empleados de CGE, Barcelona, 15 de abril de 1929. [gentileza de José Ignacio Mayoral Elizagárate].
(16) Servicio Hidroeléctrico, Memorias de las obras ejercicios 1913-1920, Memoria 1914. Archivo Histórico Fundación Gas Natural-Fenosa  (AHFGNF), Sabadell.
(17) Servicio Hidroeléctrico. Memorias de las obras ejercicios 1913-1920, Memoria 1914 (AHFGNF).
(18) Los ingenieros y los anuncios, Madrid Científico, Madrid, 15 de octubre de 1913, n. 790.
(19) González Quijano, Pedro M., Avance para una evaluación de la energía hidráulica en España, Madrid, 1932, p. 11.
(20) González Quijano, Pedro M., Colaboración española en la Conferencia internacional de la Energía, Londres, Revista de Obras Públicas, número 2414, p.  359.
(21) Los empleados y obreros del Servicio Hidro-Eléctrico de la C.G.E. a Don Diego Mayoral con todo el afecto a que se ha hecho acreedor en la dirección del mismo. [ Gentileza de José Ignacio Mayoral Elizagárate].
(22) Probablemente sean la segunda edición de la World Power Conference de Berlin 1930 y una reunión sectorial en Estocolmo.
(23) AHMF, Legajo 5460, Carta informando al Ministerio de un problema de salud, Madrid, 21 de febrero de 1937.
(24) Anés y Álvarez de Castrillón, Gonzalo, et al., Endesa en su historia (1944-2000), Madrid, 2001, p. 67.

sábado, 22 de septiembre de 2012

El libro de la aventura hidroeléctrica en el valle del Ésera (1912/2012)









Con motivo de la celebración del centenario del inicio de las obras de Catalana de Gas y Electricidad en el valle del Ésera se ha editado un libro titulado "La aventura hidroeléctrica en el valle del Ésera".

Este libro se ha organizado en tres partes bien diferenciadas. En la primera se hace un recorrido por la historia de la Ribagorza, de la mano del filólogo Carlos Bravo Suárez, desde los tiempos más remotos hasta finales del siglo XIX haciendo especial hincapié sobre "El valle antes de la central de Seira". También se da noticia de las escasas industrias del valle y se referencian las diferentes obras que se desarrollan en este territorio en aquellos momentos.

En la segunda parte, que comienza con el siglo XX, el autor -que suscribe estas líneas-  contextualiza la drámatica situación de la Ribagorza en aquella época y la dificil situación económica del momento tras las pérdidas de la colonias en 1898. Importante lugar, como no podía ser de otra manera, tienen las obras que se realizan en aquellos momentos en la zona y lugares próximos del Alto Aragón. "La aventura hidroeléctrica en el valle del Ésera" relata las aventuras y desventuras de aquellas personas que vinieron a buscar su sustento trabajando en las obras hidroeléctricas e intenta, haciendo especial énfasis en la parte humana, desarrollar los importantes logros conseguidos.
Capítulo aparte merecen las interesantísimas historias de los "charbonnages" del Ésera y sus proyectos y obras, o de la hinca de cajones por aire comprimido. Éste desconocido sistema de construcción de cimientos es objeto de un pequeño capítulo, por su importancia en el desarrollo de las obras y su complejidad técnica.
Un gran número de ilustraciones y fotografías -que estuvieron expuestas en la exposición de Benasque- acompañan y guían al lector en la evolución de las obras de las centrales.
El límite de esta parte viene marcado por la puesta en marcha de la central de Campo en 1929, última de las obras en el valle del Ésera, que marcó el fin de la aventura hidroeléctrica. 

Muchas de las fotografías del libro forman parte de la colección fotográfica que realizó Catalana de Gas y Electricidad. En un pequeño anexo titulado "La colección fotográfica de Catalana de Gas y Electricidad" se hace una descripción de las características de la colección, sus origenes y el estado actual. También, para completar, se dan unas pinceladas de la importante y singular colección de postales del "Salto del Run".

Para terminar Carlos Bravo Suárez en "El valle del Ésera después de la central de Seira", narra la influencia de las obras en el valle del Ésera y el devenir de su historia hasta nuestros días.

Este libro no hubiera visto la luz sin el apoyo de la Diputación Provincial de Huesca, editora del mismo, la importante colaboración de la Fundación Hospital de Benasque, promotora de "La aventura", y el  Ayuntamiento de Benasque que forma parte de la Fundación.
La exposición, el libro, las jornadas y las visitas a la central de Seira han estado patrocinadas por Acciona, la Fundación Endesa y la Fundación Gas Natural-Fenosa.
Han colaborado el mNACTEC (Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña), la Comarca de la Ribagorza y TICCIH España. 

El libro (ISBN  9788492749287) es posible conseguirlo en librerías, tiendas de libros on-line y la propia Diputación Provincial de Huesca.



 








viernes, 30 de diciembre de 2011

Notas sobre la historia de la Central de Seira (7). Los túneles.




El próximo año se cumplen cien años del inicio de las obras de Catalana de Gas y Electricidad en el Valle del Ésera, aquel lejano año 1912.
Gracias a la valiosa información que nos transmiten las fotografías que se realizaron en estos trabajos podemos saber, consultando los álbumes de fotografías, que la primera fotografía con fecha es la denominada “R.M. 18” y se toma el día 25 de septiembre de 1912. Las siglas “R.M.” tienen un significado desconocido y son las que agrupan las 48 fotografías de dicha colección. Hay otras colecciones con las siglas siguientes; O.R. [Obras Run] y O.S. [Obras Seira], que secuencialmente permiten seguir las obras y los trabajos en la zona hasta finales del año 1930.
La fecha del inicio, “a fines de agosto de 1912”, nos la indica el ingeniero director de las obras en un escrito suyo. Estos primeros trabajos consisten, entre otros, en la construcción de la central auxiliar número uno en El Run, para atender la demanda de electricidad de las obras. Por otro lado, en Seira, se inicia la construcción de los almacenes, el taller mecánico y la central auxiliar número dos que utiliza el agua de la presa ubicada en el congosto del Ventamillo. El alternador de esta central permite abastecer el consumo de las obras de la central principal y los nuevos edificios de servicios.
En este primer álbum, la fotografía número uno muestra un pequeño puente de nieve y la número dos una cascada sin localizar. La serie continua con los diferentes trabajos y en ellas no faltan los detalles etnológicos. En algunas podemos ver los prados –todavía intactos– con sus montones de hierba. A su lado una hilera de vagonetas espera, en sus vías, las piedras que se amontonan junto a ellas.


Entre otros temas, aparece la ubicación de la presa de Villanova –lugar elegido para desviar las aguas del Ésera– como una línea de piedras, en medio del río, marcando la singular ubicación.

Los túneles en las obras de la Catalana.
Una parte bastante desconocida de las centrales hidroeléctricas son los túneles. Ubicados en el interior de las montañas por los que transitan, la vegetación tapó los vestigios que quedaron tras su construcción y están camuflados perfectamente.
Dichas construcciones son un elemento vital para muchas de las instalaciones, pues permiten llevar las aguas desde la presa hasta la casa de máquinas.
Don Federico Jiménez, director de las obras, es una persona muy poco dada a la escritura de artículos. “Obligado por requerimientos cariñosos y sin otro motivo que el haber intervenido como modesto colaborador, a las órdenes del Ingeniero Jefe don Diego Mayoral”, escribe el artículo titulado “Túneles a presión. Normas de cálculo. Experiencia en los túneles de la Catalana de Gas y Electricidad“. En este trabajo, presentado en la Conferencia Mundial de la Energía que se celebra en Barcelona, en mayo de 1929, los describe y explica brevemente los criterios técnicos que utilizaron para su construcción.
Para unir la presa y la central, los dos ingenieros, descartaron la construcción de un canal a cielo abierto para llevar las aguas, por “su fuerte inclinación” y la “espesa capa de piedras sueltas” y por ello deciden elegir un túnel a presión como conducción. El recorrido de este túnel se hace tras un riguroso estudio, descartando algunos tramos por “lo deleznable del terreno”.


Este túnel de 8.871 metros de longitud se encarga de transportar las aguas del río Ésera desde la presa Villanova hasta la casa de máquinas ubicada en Seira. Compuesto por varios tramos, en su inicio está interrumpido por tres pequeñas secciones descubiertas y, más tarde, su paso por los prados de El Run se realiza de manera artificial por un gran tubo de 300 m. y casi cuatro de diámetro, encajado en una trinchera.
Imaginemos un túnel de mas de ocho kilómetros,…es difícil ya lo sé. Imaginemos, más fácil, que ponemos el túnel de la carretera España-Francia por Bielsa -tres kilómetros- y luego el de Viella –cinco kilómetros-, uno detrás de otro; pues juntos tendrían la longitud de túnel que tiene la central de Seira.



Sacar los escombros, en esta distancia, con los medios de la época, mediante vagonetas tiradas por los propios mineros y por caballerías, al principio, mientras las distancias son cortas puede ser una faena ligera, pero cuando vamos perforando, la distancia al exterior aumenta, complicando este trabajo y endureciéndolo. Para solucionar el problema se parte el recorrido a excavar en tramos y se van haciendo galerías auxiliares, hacia el exterior, para permitir la entrada a la galería principal y optimizar las tareas. Estas galerías auxiliares, terminadas en “ventanales” -por parecer ventanas en los lugares donde se ubican- permiten la extracción de los escombros, la entrada de personas y la instalación de las tuberías del aire comprimido. Los ventanales, en un número cercano a 16 en nuestro caso, tienen una galería con una distancia media de 65 metros, aunque en el número doce se necesitan 123 metros para acceder al túnel principal.


Desde estas galerías se puede acceder a dos extremos y mientras en un lado perforan, en el otro se sacan los escombros. Esta simultaneidad permite que llegue “a perforarse en favorables condiciones 5 metros lineales diarios”.
El proceso de construcción de un túnel es bastante más complicado de lo que, a primera vista, pudiera parecer. Explicaremos, a continuación, las distintas fases de dicho proceso que se ven claramente definidas en las fotografías. Estas operaciones se deben realizar en un orden determinado y la calidad de la roca, la aparición de corrientes de agua y “chimeneas” condicionan las tareas y el desarrollo de las mismas.


Pero, ¿qué son las chimeneas? Las montañas y las rocas de las que están formadas no son homogéneas, y en su interior aparecen grietas que están llenas de otros materiales, normalmente de inferior calidad, que al perforarlas se desploman. Por ello, cuando aparece una de estas “chimeneas” se debe taponar ”mediante materiales en seco bien atacados y arena” para impedir su desmoronamiento. Un minero debía subir por su interior y rellenarla…
Pero sigamos “picando”. La “galería de avance” o ataque es el primer “agujero” que se debe hacer. Ubicada en la parte alta de lo que constituirá la galería, se abre un agujero de 2 x 2 metros. Se inicia la perforación, atacando por los dos lados simultáneamente, para encontrarse –calado– y conectar las excavaciones. Dichos trabajos atraviesan variados tipos de roca y se tiene que entibar –apuntalar con maderos– en las zonas donde es muy mala. Sacando por partes el entibado se instala la cimbra –pesado molde de madera en forma de media circunferencia- que permite una vez colocada, el revestimiento de piedras o ladrillos, según la constitución de la roca, quedando la media galería superior terminada. Una vez completado este recubrimiento y seco, se pica a sus pies para poder apearlo –sujetarlo con maderas- para evitar el hundimiento y permitir la “destroza” que es el ensanche de la galería a su medida definitiva. El apeo se va sustituyendo por piedras, sacando los maderos, y dejando la galería prácticamente terminada. El recubrimiento del suelo de la galería, junto con los drenajes de la misma, para conducir las filtraciones laterales, completa el proceso.


Las excavaciones se realizan mediante martillos de aire comprimido. Los picadores tiene un ayudante para poder maniobrar las pesadas herramientas y disponen como elemento de seguridad, tal como vemos en la fotografía, de boina, abarcas y un pitillo. La cara tiznada, como señal del gremio, identifica a todos. Muchos de ellos son jóvenes que miran al fotógrafo sorprendidos de la visita y de la intensa luz que brevemente los ilumina, acostumbrados a la luz de los carbureros, como única iluminación en las galerías.
Se instalan varias estaciones de compresores para suministrar, mediante tubos, el aire a los mineros. Una de ellas está en el sendero que pasa por encima del Congosto del Ventamillo, junto al Ésera. Más abajo, un puente de “tijera” –en la curva ancha– permite el paso hacia una pequeña fragua, situada en “la cueva de San Pedro” donde se “llucián” –afilan– los punteros de los martillos. Los agujeros estratégicamente realizados permiten, mediante la dinamita, romper la roca. El uso de esta última provoca accidentes, algunos de ellos mortales.
Los mineros que realizaron estos trabajos merecen, como no podía ser de otra manera, todo nuestro respeto y homenaje por la entrega y entereza que demostraron en la realización de unos trabajos que aún hoy, con los medios existentes, nos sorprenden por la perfección de su acabado y ejecución. Sirva como ejemplo las nivelaciones realizadas, en los cerca de 9 kilómetros que separan la presa de Villanova de la cámara de agua, el error es prácticamente nulo. En reposo, comienza a saltar simultáneamente el agua en los dos extremos.


Catalana de Gas y Electricidad y el centenario del inicio de las obras en el valle del Ésera.
Como citábamos al comienzo, el próximo año tendrá lugar el centenario de “La Catalana” y por tal motivo se están organizando desde varias instituciones una serie de actividades para celebrarlo. En la próxima revista daremos noticia de los eventos que se programen.

José Antonio Cubero Guardiola

Este artículo se publicó en el número 8 de la revista "Els tres llugaróns", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el invierno de 2011.

viernes, 5 de agosto de 2011

Notas sobre la historia de la central de Seira (6), la hinca de cajones.


La presa romana de Almonacid de la Cuba (Zaragoza)

La construcción de molinos -para la obtención de harina y tratamiento de tejidos- o de puentes –para salvar los obstáculos orográficos- obligaron a despertar el ingenio humano. Estas obras, requirieron de hábiles constructores y, aún hoy, nos sorprenden por su audacia.


Los cimientos de puentes y presas.
Los puentes y presas necesitan una base sólida -unos cimientos- que resistan el empuje y la erosión de las aguas de los ríos. Los romanos, auténticos maestros en la organización de las obras (1), realizaban las mismas mediante artesanos especializados. Desde el origen de los materiales, pasando por su transporte y, más tarde, su colocación; todas las tareas estaban meticulosamente organizadas.

El estado de las obras que hemos heredado de ellos, como la presa de Almonacid de la Cuba, o la de Muel, en la provincia de Zaragoza, entre otras, nos demuestran la eficiencia de su método constructivo. El “hormigón romano” u opus caementicium (2) es, con el uso de la cal como aglomerante, una de las razones de esta solidez.

Restos de la presa romana de Muel (Zaragoza)

Los cimientos (fundamenta) (3) se apoyaban en terrenos sólidos y si estos no lo permitían se hincaban pilotes de madera y sobre ellos, uniendo sus cabezas con otros maderos, se fundamentaban las pilas o muros. Para poder trabajar en lugares difíciles preparaban unos recintos en los que agotaban las filtraciones de agua.

Estas técnicas no evolucionaron prácticamente nada desde aquella época y llegaron sin mejora hasta mediados del siglo XIX.

Estas molestas filtraciones, que citábamos antes, dificultaban el trabajo de los constructores en el lecho de los ríos y les trajeron de cabeza durante siglos. No fue hasta el siglo XIX cuando se consiguió solucionar este problema y en 1830 el polifacético británico Thomas Cochrane (4) ideó y patentó un sistema para poder construir los cimientos en seco. En Francia, paralelamente, sin conocer el trabajo de Cochrane, en el año 1839, el Ingeniero de Minas francés Jacques Triger ideó un sistema para poder excavar en el interior de la mina de Chalonnes (5) -que dirigía- en la zona cubierta por el agua del cercano río Loira. Mediante una cámara llena de aire a presión conseguía evitar la entrada del agua y así poder trabajar cómodamente. Habían inventado el cajón de aire comprimido y este sistema parecía ser la solución a todos los problemas…pero…¿qué es eso de un cajón?.


La hinca de cajones por medio de aire comprimido.
Los cajones, de acero u hormigón, son unos compartimentos que bajo la presión de aire comprimido permiten trabajar en su interior, sin que el agua penetre. Para construirlos se prepara un molde con una forma trapezoidal -una altura de unos dos metros y medio- y se rodea el mismo mediante un encofrado. En los extremos inferiores se colocan unas cuchillas metálicas que estarán en contacto con el terreno. En la parte superior del mismo se deberá poner, al menos, un tubo –llamado chimenea- para la conexión de la esclusa. Se refuerza la estructura mediante ferralla –las barras de hierro de la armadura- y se rellena de hormigón.

La labor de desencofrado es la tarea más delicada de su construcción pues “la sobrecarga sobre cada puntal es tan grande que comienzan a producirse roturas; es muy conveniente que la madera no se parta bruscamente como lo hace el pino, sino que se astille sin saltar, debiendo mejor estar verde y tener pequeño diámetro; son mejores las maderas del tipo del álamo o incluso eucalipto” (6).

Cercano al lugar de hinca se debe instalar un compresor para la producción de aire comprimido.
Ahora sólo falta lo más importante: obreros que quieran trabajar en estas condiciones. Esta actividad no tiene demasiado atractivo y los candidatos no son muchos. La gran mayoría son trabajadores atraídos por unos sueldos más elevados.

Los cimientos de la Torre Eiffel, La Nature, París, 1887, p. 406, Biblioteca del Observatorio del Ebro, Roquetas, Tarragona.

Una vez que el cajón tiene todo el interior limpio, probablemente su propio peso lo haya clavado un poco en el terreno. Accediendo por el agujero superior, se va extrayendo la tierra del interior y gradualmente el cajón va bajando. Cuando el agua del nivel freático impida el trabajo en su interior, se deberá poner, al tubo ya previsto, un artefacto llamado esclusa, parte fundamental de esta técnica, que permite el sellado del mismo y la entrada/salida de obreros y escombros. Según el tamaño se puede instalar más de una para facilitar el trabajo.

La esclusa -o cámara de equilibrio- se conecta mediante tuberías y válvulas al compresor y se pone a una presión levemente superior a la del agua que hay en el interior del cajón. Para entrar en él, se deberá pasar por dicha esclusa, que hace de frontera entre las dos presiones.

Las diferentes partes de la cámara de equilibrio (Dibujo de Levi, 1926, y notas del autor)

Se continua la excavación, izando los escombros y vertiéndolos a una cámara. Cuando está completa, se cierra, se compensa la presión y se abre por el otro lado para sacarlos al exterior. Cerrada la cámara se restablece la presión y se abre la esclusa interior para iniciar un nuevo ciclo. Este pesado -y delicado- procedimiento se debe hacer cada vez que se abre cualquiera de las dos esclusas.

Cuando el cajón llega al nivel del río, se debe suplementar, prolongando la chimenea, y volviendo a colocar la esclusa en su nueva ubicación. El cajón, cuando baja, incrementa la presión hidrostática y, por ello, se debe aumentar la de trabajo.

Es fácil que los diferentes materiales del terreno, o los efectos de una riada, provoquen la inclinación del cajón. La solución es calzarlo y excavar en la parte contraria para nivelarlo. Todas estas tareas no son fáciles, se requiere de expertos operarios que, en todo momento, sepan reaccionar ante cualquier eventualidad.

El “boquillazo”, nombre dado al vaciado brusco del cajón, tiene múltiples aplicaciones, permitiendo bajar de golpe el último tramo o apagar un incendio –como sucedió en el cajón del puente de Brooklyn-.

Una vez alcanzada la profundidad deseada, se debe llenar de hormigón para fijarlo allí.

Harpers Weekly, Dec 17, 1870, Prints and Photographs Division, Library of Congress, Washington, DC, 3c24608u

Las sensaciones en el interior de los cajones.
“¿Quién de nosotros no se ha preguntado, pasando junto a un puente, cómo se habían podido hundir los cimientos bajo el agua y levantar de ese modo, en medio de un río, esos enormes pilares que soportan los arcos?” (7)

Estas dudas las expresaba, como muchos de sus coetáneos, el escritor francés Guy de Maupassant que pudo satisfacer su curiosidad al entrar, acompañado del ingeniero de la obra, en un cajón de la presa de Garenne, en el Sena, cerca de París. Su relato explica las sensaciones que vivió:
“Se abrió la pequeña puerta de una de esas escotillas, y pasamos uno tras otro, penosamente, por la abertura para entrar en una estrecha cámara redonda oscura, donde nos apretamos en círculo, como sardinas en su lata, alrededor de una placa de hierro redonda, comparable a los que cierran los agujeros de alcantarilla sobre las aceras, pero mucho más pequeña, tan pequeña que no se podía creer, viéndola, que un hombre pudiese descender por allí. Se abrió una llave: un ruido de aire furioso, un ruido de máquina de vapor se hizo oír, y bruscamente sentimos en el fondo del los oídos, una sensación extraña y dolorosa. El aire comprimido, invadiendo la cámara, tendía a destrozarnos los tímpanos…Había que descender por ese tubo por medio de escalones de hierro, gruesos como el dedo… Al cabo de dos o tres minutos… puse el pie sobre el suelo ¡ qué suelo ! una papilla donde hundí las piernas….El agua no puede entrar en este domicilio subterráneo, expulsada por la potencia del aire que las bombas insuflan sin cesar en su interior. Algunas bujías apenas iluminan a esta inmensa pieza lúgubre, silenciosa, donde los obreros se agitan como sombras.” (7)

Harpers Weekly, Dec 17, 1870, Prints and Photographs Division, Library of Congress, Washington, DC, 3c24944u

Riesgos y problemas de la hinca de cajones.
En 1865, un artículo sobre los cajones, en la revista de Obras Públicas, enumeraba las características de los obreros que se debían escoger para este trabajo; “que tengan de 18 a 30 años, robustos y de buenas costumbres, de un temperamento mixto, o al menos que no sea muy sanguíneo…” (8).

Los efectos debidos a las presiones a las que se somete el cuerpo humano en el interior de los cajones son muy variados y no sientan igual a todas las personas. La sobrepresión, principal problema, y los largos periodos en el interior de los cajones, fríos e insalubres, complementan los efectos.

Harpers Weekly, Dec 17, 1870, Prints and Photographs Division, Library of Congress, Washington, DC, 3c24608u

La hinca de cajones en Europa y América.
En Estados Unidos el ejemplo más espectacular son los cajones del puente de Brooklyn, en Nueva York, construidos en 1870. Sus dimensiones de 52 por 31 metros, en el lado de N.Y., obligaron a dividirlos en seis habitaciones donde trabajaban entre 15 y 20 personas en cada una de ellas –hasta 180 personas en su interior- y lo bajaron cerca de 24 metros bajo las aguas del Hudson (9). El desarrollo de la hinca del los mismos estuvo rodeado de problemas con las descompresiones –el cincuenta por ciento de los trabajadores tuvieron secuelas graves, incluido el ingeniero jefe Roebling-.

En 1880, en Escocia, en la construcción del puente Forth (10), para el ferrocarril, los cajones se hincaron hasta los 27 metros (10).

Los primeros trabajos en el Alto Aragón.
En la provincia de Huesca, a finales del XIX, se estaba iniciando la sustitución de los caminos de herradura por “modernas carreteras” que la sacaran de su ancestral incomunicación. La de Boltaña a Jánovas, en 1885, no tenía visos de acabarse, si hacemos caso de los periódicos de la época; “la actual generación desaparecerá por completo sin ver terminada esta carretera y aquel puente.” (11) El río Ara, a su paso por Ainsa, estaba poniendo las cosas difíciles a los contratistas del puente y se planteaban la utilización del aire comprimido para sus pilas.

No fue hasta 1888 cuando “se dio principio a los trabajos de fundaciones por aire comprimido” (12) para terminar dicha obra. Un mes más tarde, las “costosas y accidentadas” (13) obras seguían supervisadas por el ingeniero montisonense Blas Sorribas, primero, para luego ser dirigidas por Severino Bello. En 1890, por fin, se terminaron las fundaciones de dicho puente llegando a hincar los cajones más de 12 metros (14).

En 1908 el citado ingeniero Severino Bello, director de las obras del Pantano de la Peña, en las ataguías necesarias para los agotamientos de la construcción, también utiliza esta técnica.

Construcción de la cimbra del cajón nº 1 de la presa de Villanova, agosto de 1914.

La aplicación de los cajones en las obras de Catalana de Gas y Electricidad.
La presa de Villanova –lugar elegido para desviar las aguas del río Ésera- requirió el uso de cajones en la construcción de sus fundaciones. Los sondeos previos realizados en la glera del río situaban la roca a más de 20 metros bajo el nivel normal. En agosto de 1914 se inicia la construcción del cajón número 1. A éste le seguirían un número cercano a veinte que, de manera transversal al río, en dos hiladas paralelas, conforman los cimientos de la presa.


Numerosas dificultades aparecían en el trabajo de los sufridos obreros que, en número de tres o cuatro, permanecían en su interior. Los “bolos” de granito que se cruzaban en el camino de las cuchillas tenían que ser partidos a trozos, a golpe de martillo, para poder sacarlos al exterior. En algunos casos el tamaño de los mismos obligaba a la utilización de la dinamita para su rotura.
Un obrero debía estar en la esclusa para poder sacar los escombros y comunicarse con los que estaban fuera. Mediante unas pequeñas mirillas podía ver el exterior y saber cuando podía vaciar los escombros en las vagonetas.


En el estribo derecho de la presa, por una razón que desconocemos, se emplearon tablestacas metálicas para el agotamiento y no se utilizó el aire comprimido. Para la hinca de las largas piezas se utilizó una grúa con un martillo en su extremo.


Los trabajos de hinca de estos cajones se extendió hasta noviembre de 1916. Se unieron, mediante una placa armada, las cabezas de los mismos y sobre ella se construyó el cuerpo de la presa.


Las postales y fotografías, nos permiten conocer su número y seguir la evolución de su hinca. Según las imágenes, no tuvieron problemas con las riadas (*), aunque en mayo de 1915 las excavaciones del edificio de la central, aguas abajo, sí sufrieron sus efectos.


En Seira, en el puente para el paso de las tuberías de la central, también se utilizaron cajones para poder realizar las fundaciones de sus pilas y estribos. La hinca de cajones mediante el aire comprimido se siguió utilizando puntualmente en las obras de Catalana de Gas en la zona.

Continuará.

José Antonio Cubero Guardiola

Notas:

1 - González Tascón, Ignacio. Ingeniería Civil en España. Precedentes, historia y técnicas. Madrid, Ediciones del Umbral, 2008, p.131.
2 - González, 2008, p. 115.
3 - González, 2008, p. 169.
4 - Banyai, A. L., A great invention with built-in hazards [en línea], Chest, Oficial publication of the American College of Chest Physicians, 1975,.
5 - Martin, François, Le fonçage Triger [en línea], Article pour l'Association Française des Travaux En Souterrain, 2004.
6- Presa Santos, Jesus Luis, Las cimentaciones realizadas con cajones de aire comprimido [en línea], Revista de Obras Públicas, 1970, número 3064, p. 855-862.
7 - Maupassant, Guy de, Sur et sous l'eau [en línea], Le Gaulois, 30 de junio de 1884.
8 - Trabajo en el aire comprimido [en línea], Revista de Obras Públicas, 1865, número 17, p. 216-217.
9 - Shapiro, Mary J., A picture history of the Brooklyn Bridge. With 167 prints and photographs, New York, Dover publications, 1983.
10 - Interesantísima página sobre Benjamin Baker, ingeniero encargado de terminar el espectacular puente Forth en Escocia. http://www.benjaminbaker.org.uk/gallery.html. Wikipedia también tiene una interesante entrada sobre el puente; http://es.wikipedia.org/wiki/Forth_Bridge.
11- Carta de Boltaña 1º de abril [en línea], Diario de Huesca, 4 de abril de 1885.
12 - El puente de Ainsa [en línea], Diario de Huesca, 31 de agosto de 1888.
13 - El puente de Ainsa [en línea], Diario de Huesca, 21 de septiembre de 1888.
14 - El puente de Ainsa [en línea], Diario de Huesca, 5 de abril de 1890.

Bibliografía:

Levi, C., Tratado de construcciones civiles, tomo II: obras públicas e hidráulicas, Barcelona, Gustavo Gili, 1926.

Agradecimientos:

Me gustaría dedicarles unas líneas a todas aquellas personas que hacen posible estos artículos. Gracias, una vez más, por sus atenciones, dedicación, interés y…paciencia. Gracias también a María Genesca, directora de la Biblioteca del Observatorio del Ebro, por su colaboración. Espero poder volver a contar con todos vosotros para el próximo artículo.

Este artículo se publicó en el número 7 de la revista "Els tres llugaróns", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el verano de 2011. (Algunas de las imágenes y notas que aparecen en este artículo no se pusieron en la revista por falta de espacio)

2011/08/05
(*) - En unas fotografías que he tenido la oportunidad de ver recientemente, he localizado algunas pequeñas afecciones por riadas, que interrumpieron temporalmente los trabajos, pero no supusieron demasiados daños a las obras –según estas imágenes-. Estas tuvieron lugar en mayo de 1917 –el mayenco- y en julio del mismo año.
Para ver los efectos -verdaderamente graves- que puede tener una riada en la hinca de cajones nos puede servir el ejemplo del río Ebro a su paso por las obras de la presa/azud de El Cortijo (Logroño). Las imágenes -antes y después- hablan por si mismas…


El ingeniero de Caminos J.L. Grasset –director de las obras- nos explica, a finales de la década de los veinte, como debían organizarse para los trabajos; “Por las fotografías de las avenidas…puede observarse que, desde luego, era preciso aprovechar el estiaje para el montaje o moldeado de los cajones y la gran ventaja del procedimiento del aire comprimido consistió en que podía seguirse trabajando en invierno en todos aquellos cajones que se había tenido la precaución de asegurar durante el estiaje clavándolos algunos metros. Estos trabajos de invierno sólo debieron ser necesariamente interrumpidos durante las riadas excepcionales, como se puede observar…, que se calcula de unos 3.000 metros cúbicos por segundo.” (Revista Ingenieria y Construcción, Madrid).


Otra imagen muy descriptiva de los efectos de las riadas en la construcción de las presas se tomó a finales de 1961 en el Duero y se trata de la presa de Aldeadávila. Allí se aforaron 9.000 metros cúbicos por segundo.

(Del libro Aldeadávila, Iberduero, 1987).

jueves, 6 de enero de 2011

Notas sobre la historia de la central de Seira (5).







El cambio de la forma de vida en la Ribagorza.

"…se disponen a su recolección [de la cosecha de cereales] las mujeres y los niños, por cuanto los hombres todos salen a la tierra baja a ganar con su frente sudorosa el pan para sus esposas e hijos".


La situación económica de la época, por las continuas sequías y la perdida de cosechas, era muy mala. La economía del Altoaragón se sustentaba en el autoconsumo. Todo eran pequeños agricultores y ganaderos que malvivían con sus pequeña producción. Algunas concesiones de minas –todas ellas con nombres femeninos- se leían en los periódicos, pero casi nunca dejaron de ser más que eso y…una clara expresión del caciquismo del momento. La situación se complicaba en las zonas de montaña, allí se autoabastecían de todo y, según las palabras de un viajero de la época: Seira tenía “…riqueza en ganados, 200 en vacuno, 240 cabrío, 1210 lanar y 115 de cerda; un molino harinero capaz de 300 Kg. diarios; 13 hornos capaces para 500 Kg. diarios; una fuente ; producción, trigo, patata y judía, déficit en trigo y exceso en patata”.

Todas las zonas afectadas por alguna “gran obra” estaban a punto de realizar una transformación absoluta de sus costumbres y trabajos. Se iba a producir el abandono del patrimonio propio, por parte de los hombres, para trasladarse a trabajar a las obras y la explotación de las tierras y ganados se llevaría a cabo por las mujeres y los niños.


Huesca y la cercana Lérida gracias a la construcción de carreteras, ferrocarriles, pantanos, canales y centrales hidroeléctricas iban a aglutinar a miles de obreros venidos de todas partes de España. Los trabajadores, en grupos, se desplazaban en busca de trabajo y de unas mejores condiciones laborales. Un periódico de la época nos lo explica: " En pocos días han pasado por esta ciudad unos 200 murcianos en dirección a Capdella en busca de trabajo; daban lástima por su estado precario, tanto, que el Ayuntamiento… tuvo que socorrerles...".

Los obreros de la Catalana.

No se conoce, con exactitud, el número de obreros que pudieron trabajar en la obra de Seira, no he encontrado documentación, pero a las personas que les he preguntado siempre hablan de 2.000, aunque a mí me parecen pocos. Las cantidades son muy difíciles de conocer porque fluctuaban mucho y, lógicamente, dependían de los trabajos a realizar. En 1913 al comienzo de las obras -para hacerse una idea-, pagaban 800.000 pesetas en jornales al mes. En el verano de 1917, un corresponsal nos cuenta: “Actualmente trabajan unos 1.500 obreros, pero este número se elevará a 3.000 ó 4.000 cuando hayan terminado las faenas de recolección, que ahora están en su apogeo”.. En la Central de Capdella en Lérida, coetánea de Seira, para hacer la carretera reunieron a 3.000 personas que, en tres meses, abrieron el acceso a las obras.

Hemeroteca del Diario del Altoaragón.

El Canal de Aragón y Cataluña fue la primera gran obra del Altoaragón y allí se reunieron miles de obreros. En 1904 se iniciaron las obras del Pantano de la Peña, cerca de Ayerbe, y allí, al terminar los trabajos del canal, fueron desplazándose multitud en busca de trabajo. Mientras duraron las obras del pantano, en 1912, se iniciaron los trabajos en de Seira (S.G.F.H / Catalana de Gas ) , Capdella (Energía Eléctrica de Cataluña), Serós (Riegos y Fuerzas del Ebro) y el ferrocarril Zuera-Canfranc que complicó la estabilidad de los obreros en los tajos. Los comentarios, que corrían de boca en boca o leyendo los anuncios de la prensa, eran el reclamo para atraer a inmensos grupos que abandonaban una obra, en busca de mejores condiciones de trabajo y, por supuesto, mejor sueldo. En algunos casos tuvo que prohibir el acceso la guardia civil para evitar altercados, pues al llegar allí se encontraban con todo cubierto, y las obras no podían darles trabajo. Para evitar estos problemas, las obras empezaron a poner primas por tiempo, y enganchar a los trabajadores en los meses de verano que, los locales, empleaban para ayudar en las labores del campo. En el Pantano de la Peña, modelo de eficiencia y ejemplo de organización, tuvieron que traer canteros de Lugo.

Carpinteros de Seira. Fototeca. DPH.

En el Diario de Huesca aparece en junio de 1913 el primer anuncio, de Catalana de Gas y Electricidad, buscando “peones, carpinteros y canteros”. Como todavía no estaban terminadas las oficinas de Seira, los dirigen “a la oficina de obras de Graus” que temporalmente fue el lugar donde se organizaba todo. En esos momentos se construyen las oficinas, el chalet de Don Federico –que reside en Graus-, y los talleres e instalaciones anexas.

En Santaliestra, el carpintero le enseña a su hijo, el joven José María Aventín, las artes de su gremio, y este se sube a Seira para trabajar en las obras. En la foto podemos ver a todos los carpinteros, entre los que se encuentra José María, en una caseta de las obras junto a sus herramientas -que debían traer para trabajar- mostrándolas orgullosos. Más tarde decide aprender el oficio de ebanista en Huesca y allí se convertirá en un prestigioso profesional para, más tarde, dedicarse a la escultura.(*)


Los mineros se comenzaron a utilizar en 1916 para los casi nueve kilómetros de túnel que se debía excavar mediante compresores y dinamita. Casi todos los accidentes que se produjeron en la obra, y en otras coetáneas, fueron debidos al uso de la misma. En los periódicos de la época se buscan “mineros y peones” y más tarde “barreneros y peones”.
Pasado esta parte de los trabajos, en 1917, se buscan albañiles. Siempre, en todas las demandas, se buscan peones.

En otras obras llegaron obreros suizos, alemanes, e italianos, por la naturaleza de los accionistas probablemente, pero en Seira, siguiendo los accidentes y reseñas, la mayoría de los trabajadores eran españoles. Otros acababan en Seira por diversas circunstancias: “Ha enviado el Gobierno otra expedición de golfos, recogidos en las calles de Madrid, con la pretensión de que trabajen en las obras de Riegos del Altoaragón… muchos de ellos, ancianos e imposibilitados. Algunos de los golfos regresaron a Madrid el mismo día, y los útiles para el trabajo, en vista de los escasos jornales que se pagan en las obras de riegos, han marchado a El Run, donde les pagan más elevados jornales en las obras de la Compañía Catalana de Gas y Electricidad”.


En Seira, en 1917, aplicaron unas primas para intentar incentivar la permanencia de los obreros. Les pagaban el billete de “jornalero” desde la estación de origen a Barbastro, y el billete de autos de Barbastro a Seira y la vuelta si trabajaban 13 jornales la quincena durante tres meses. Si cumplían esas condiciones las 3,50 pesetas del jornal de un peón, se podían convertir en 4,66 pesetas.

La huelga.

En 1913 en Capdella hay una huelga, los obreros están cansados de dormir en lugares inmundos, comer mal y cobrar poco. La empresa llama a la Guardia Civil y 2.200 obreros van a la huelga. El gobernador hace de intermediario y llegan a un acuerdo. Los obreros no suponían riesgo por su conflictividad porque estaban desorganizados pero al comienzo de las obras se había aumentado la dotación del cuartel de la zona. Como todo se contaba por los obreros que circulaban entre las obras, en mayo de 1914 se declaran 300 obreros en huelga en Seira. Al anuncio se concentran las fuerzas de la guardia civil que permanecerán en la zona hasta que se soluciona el conflicto el día 21 de mayo.


Los obreros de Capdella habían mejorado mucho sus condiciones de trabajo, gracias a la huelga, pero de Seira no conocemos los motivos (**) de la misma ni el resultado de sus esfuerzos. El documento que hicieron en Capdella, tras la huelga, nos muestra los avances obtenidos, y permite conocer las condiciones de trabajo de la época.
"Cambiar la paja de los dormitorios, separar el espacio de la cocina al destinado a los dormitorios y poner, en estos últimos, ventanas" era una de las nueve cláusulas que habían obtenido.

En la época, en las obras públicas, se utilizaba la jornada “de sol a sol”, “en diciembre, desde las siete horas de la mañana, hasta las cuatro horas treinta minutos de la tarde, con treinta y cinco minutos para almorzar y una hora para comer; en junio desde las cuatro horas cuarenta y cinco minutos de la mañana, hasta las siete horas quince minutos de la tarde, con cuarenta minutos para almorzar, dos horas para comer y treinta minutos para merendar”.

Continuará.
José Antonio Cubero Guardiola


Bibliografía y notas:

(*) Lasaosa Susín, Ramón, Dos escultores ribagorzanos del siglo XX: Felipe Coscolla y José María Aventín, Graus, 2002, Lux Ripacurtiae VI, p 69-79.

Boneta i Carrera, Martí, La Vall Fosca: Els Llacs de la llum. Desenvolupament sòcio-econòmic a començaments del segle XX, Garsineu edicions, Tremp, 2003, 187p.

Las referencias a corresponsales y cifras están sacadas de diferentes hemerotecas, periódicos y publicaciones periódicas.

Este artículo se publicó en el número 6 de la revista " Els tres llugaróns ", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el invierno de 2011.

(**) 20110106 Después de su publicación encontré la nota "perdida"; "Se han declarado en paro más de 300 obreros de los que trabajan en las obras de la Compañía de Gas y Electricidad del Run. Solicitan aumento de jornal. En previsión de acontecimientos se ha ordenado la concentración de fuerzas de la benemérita."