domingo, 8 de julio de 2018


Las virolas de la tubería esperan, cubiertas de nieve, su colocación. 1 de marzo de 1918

Las obras de la central de Seira están muy avanzadas. Todo parece augurar que este año será el definitivo y la central se pondrá en marcha, enviando la preciada energía eléctrica rumbo a Barcelona, tras tantas penalidades y retraso en los trabajos.

La búsqueda de trabajadores en las obras se ha vuelto más selectiva y ya no se buscan peones, sino especialistas, que conozcan bien el oficio, con un jornal de 5 a 6 pesetas según las aptitudes. Esta necesidad obliga a pagar bonificaciones para mantenerlos, por la gran competencia que existen entre las empresas eléctricas, de modo que a los dos meses de permanencia se les abonan los viajes de ida y vuelta y una gratificación de 25 pesetas por mes. La condición para ser contratados es que lleven sus herramientas de trabajo.


No conocemos si Antonio era especialista o no, pero, para él, 1918 no podía haber comenzado de peor manera, pues con veintiocho años de edad, «tuvo la desgracia de que un largo tubo metálico que transportaba tocase con un cable conductor de energía a alta tensión. Se produjo la descarga, y murió electrocutado».


Ajenas a las fatalidades, aunque no exentas de problemas,  a los pocos días del accidente, tras ocho años de trámites, se publica en la Gaceta de Madrid la concesión, con las modificaciones solicitadas, del salto de Puente Argoné. Francisco Bastos, solicitante de esta, es candidato para diputado por el partido regionalista por la demarcación de Boltaña y los periódicos están constantemente recordándole su origen, sus vinculaciones y las promesas de carreteras y obras públicas de su candidatura. 


Pero volvamos a la vorágine de las obras, pues el número de trabajadores bajó puntualmente en los meses más duros del invierno pero se ha ido recuperando, poco a poco según llegaba la primavera y con ella el buen tiempo. En mayo hay 1.935 personas en plantilla, que será el máximo de este año.


 Muchos de ellos miran sorprendidos las largas reatas de mulos, que cual largo ciempiés, se encargan de transportar las tuberías que se encargaron a Escher Wyss y, por fin, han llegado al apartadero de Barbastro transportadas por ferrocarril. Junto a la carretera esperan su turno para subir por el funicular que se ha instalado junto a su ubicación definitiva. Cada uno de los tramos de tubería, también llamados virolas, tiene más de 130 gruesos remaches por cada lado y debe unirse con especial precisión. Este trabajo requiere experimentados trabajadores que coloquen los remaches a la temperatura exacta, que deja el metal, según la jerga, como moco de pavo para su perfecta colocación.

La complicada puesta en marcha de una central


Casi todas los elementos importantes que componen la central vienen de Zúrich. Allí, en los inmensos talleres de Escher Wyss y Oerlikon, se han ensamblado todos los elementos que componen las turbinas y los alternadores. Desde esa población se desplazan los montadores que llevarán a cabo la instalación. Junto a ellos viajan sus pesados arcones con las herramientas que les permiten realizar complejos trabajos fuera del taller. Las elevadas tensiones de los transformadores son todo un reto para los ingenieros, que se enfrentan a problemas desconocidos.


   

Montaje del alternador número 2. En primer plano el rotor sin sus polos. 11 de mayo de 1918

En julio, terminados los casi 9 kilómetros de túnel, se pone en carga el depósito regulador. Un mes más tarde, el día 1 de agosto a la 1:33 se prueban por primera vez las turbinas y los alternadores, funcionando en vacío —sin enviar energía por la línea—. Días después, tras los ensayos necesarios, el martes 6 a las 12:16 se sincroniza con la línea de Barcelona y la central de Seira comienza a producir entre 900 y 1.000 kilovatios. A partir de esta fecha, salvo los fines de semana, que estará parada la central, y las interrupciones por averías y revisiones, el funcionamiento ya será continuado y la energía del Ésera se unirá en la subestación de Perarrúa con la producida en el río Cinca para ser enviadas juntas a Barcelona. En esta primera etapa la tensión de la línea no supera los 55.000-60.000 voltios.

La escasa eficacia de los dispositivos eléctricos que sirven de protección contra la descarga de los rayos, por ejemplo, o los lentos interruptores automáticos propician situaciones peligrosas para los aparatos y sus operadores. Muchos de ellos son provisionales, pues no se han podido adquirir, por las dificultades de la guerra, los que deberían instalarse. Por ello no son extraños mensajes como el siguiente en los primeros meses de explotación de la central, ni aun años después:

A las 9.35 explota uno de los dos interruptores [marca] Maier […] montados para alimentar los transformadores Oerlikon de 9000 kVA, y la proyección del aceite inflamado ha ocasionado un incendio en el recinto destinado a los interruptores inutilizando aisladores, aparatos y cables. Queda parada completamente la central. Firmado, Achón

A comienzos de noviembre todavía no se han terminado de montar todos los grupos y la central sigue en pruebas, ajena a la firma del armisticio de la Gran Guerra, que ya ha terminado y que tantos problemas ha acarreado. Dirige los ensayos Diego Mayoral, jefe del Servicio Hidroeléctrico de Catalana, que tantos malos ratos ha pasado en interminables discusiones con los proveedores. El día 16, en una larga interrupción, se hacen pruebas a 125.000 voltios en los transformadores con los montadores suizos de Oerlikon —empresa que los ha suministrado—, los ingenieros Kuntz, Schmidt y Sturzenegger. Se realizan también pruebas y modificaciones en los alternadores intentando solucionar los problemas que surgen en la puesta en marcha. En la turbina 2 se está ensayando el regulador de velocidad —mecanismo que se encarga de mantener las revoluciones de la máquina en orden— en presencia del ingeniero Albert Huguenin, director general de Esher Wyss.


Los kilovatios de Seira comienzan a llegar a Barcelona. Todos los posibles problemas que vaticinaba Bastos han surgido y la marcha de las obras ha sido, según nos explica el ingeniero jefe de las obras, Federico Jiménez, por completo anormal. Y, como no podía ser de otra manera, eso ha provocado que se resientan los costes.

La epidemia de gripe de 1918

Una pandemia gripe ha llevado el luto a muchos hogares y la intranquilidad al vecindario y al país ribagorzano. La enfermedad remite una vez pasado el invierno, pero deja tras de sí un largo rosario de fallecidos.


 En España, para hacernos una idea, en 1917 murieron por esta causa 7.479 personas, en 1918 fallecen 147.114 y en 1919 todavía perderán la vida 21.904. La epidemia tiene una importante repercusión y todavía se recuerda el año 1918 como el año de la gripe. En Seira también ha castigado bastante y el hospital de las obras atiende a bastantes enfermos, algunos de los cuales fallecen por esta enfermedad que se prolonga durante todo el invierno y no desciende la mortalidad hasta que llega la primavera de 1919. La provincia de Huesca no es de las más afectadas de España, pero llega a tener durante la pandemia 100 muertos por cada 10.000 habitantes.
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Han pasado cien años desde entonces y este año se cumple el centenario de la puesta en marcha de la central de Seira. Todas las asociaciones vecinales, las instituciones y los habitantes, están colaborando en las actividades que se preparan para este año.


Este artículo se publicó en el número 21 de la revista "Els tres llugaróns", Abi, Seira y Barbaruens, editada por las asociaciones culturales de dichos pueblos en el verano de 2018.

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